En la madrugada del primer día del año, entre rugidos de motores y gritos de entusiasmo, 185 motos, 170 autos, 76 camiones y 33 cuatrimotos comenzaron el desafío de completar un trazado final de más de ocho mil kilómetros por los senderos de Argentina, Chile y Perú. Convocamos a tres periodistas internacionales para que narren la cobertura en cada tramo de la carrera. Esa parte de la historia de la que nadie habla, alejada de los podios y premios. Son esos hechos que aumentan las estadísticas. Son esas otras anécdotas que vuelven a la más fiera de las competencias sobre ruedas en una leyenda.

ARGENTINA: Llegar es ganar
Mar del Plata-Nihuil-Fiambalá

Escribe: Bruno Larocca/ Foto: Dakar Rally Org.

No pasa en las carreras de Fórmula Uno. Ni en las de IndyCar, ni en las de Nascar. Pero en las del Rally Dakar, llegar es ganar. Y ganar para los pilotos es saber superar la adversidad y la geografía del paisaje. Es saber elegir el momento exacto en el que habrá que acelerar. Es saber reservar energía para una competencia que, en el mejor de los casos, durará quince días. Porque el Dakar es mucho más que una carrera de motos, autos, camiones y cuatrimotos.
«El Dakar es la carrera más importante del mundo y comprobé que también es la más peligrosa», dice Gustavo Bassi, piloto argentino de motocross. Bassi participó en la última edición con una moto Yamaha y trabaja como doble de riesgo en películas y avisos comerciales de televisión. «En algunas etapas me encontré con precipicios en los que si me equivocaba, me mataba». Por primera vez en treinta y cuatro años de historia, el Rally Dakar comenzó en la costa sur del Océano Atlántico —Mar del Plata, Argentina— para terminar en la del Pacífico —Lima, Perú—. Una competencia que, a pesar de que las cuatro últimas ediciones se hayan realizado en Latinoamérica, aún conserva el nombre de la capital de Senegal que la vio nacer como una aventura en 1979.

La primera etapa del Dakar, una prueba especial de 56 kilómetros por terrenos de arena, médanos, piedra y acantilados (a orillas de un mar azul), finalizó con la victoria del motociclista chileno Francisco López y la noticia de la muerte del piloto argentino Jorge Martínez Boero (la número veintiuno de un participante en la historia de la carrera) al caer con su moto de un terraplén. Ese mismo día, el 1 de enero, un hombre y su hijo de once años fallecieron cuando la avioneta en la que viajaban siguiendo la competencia cayó a pocos metros del recorrido de los vehículos.

Con el correr de los kilómetros, la competencia fue elevando el nivel de exigencia. La segunda etapa transitó caminos de tierra hasta llegar a las dunas de Nihuil, un desierto de 30 mil hectáreas de arena volcánica y montañas de doscientos metros de altura. El príncipe catarí Nasser Al Attiyah, a bordo de un Hummer, se quedó con la primera ubicación de la jornada en categoría autos, mientras que otros dos pilotos sufrieron accidentes y debieron ser internados. El francés Bruno Da Costa embistió a una vaca con su moto cuando se dirigía desde la ciudad de Santa Rosa a San Rafael. Y el motociclista francés Sebastien Coue fue encontrado inconsciente, en estado de coma, con un cuadro de hipertermia de 42 grados debido a la exposición al sol que requirió atravesar el segundo tramo de la competencia. Pilotos que, con la inversión económica que les demandó participar en el Dakar, podrían haber vacacionado tres meses en la isla Hawaii, pero eligieron hacer supervivencia sobre ruedas en el desierto.