La maldición del bikini

Por Joanna Boloña
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Tengo más de 20 bikinis. 20 bikinis que esta temporada ya no me quedan. Ya se sabe que las mujeres renovamos bikinis todas las temporadas, es un must. Y es que estar a la moda es parte del proceso de renovarse y entrar bien al verano –y en el bikini- y porque gracias a las lindas marcas y propuestas que hay en el mercado siempre provoca comprarse un modelo atractivo. Pero esta Navidad no sé si pedirle a Papá Noel un bikini nuevo… o un cuerpo nuevo. Tal vez mi lista de regalos debería estar encabezada por un sistema para que la tragadera de pavo y panetón no deje consecuencias notorias en mi peso.

A diferencia de los hombres, que pueden pasar el verano luciendo una pancita chelera sin tanto roche, las chicas tenemos que llegar “ragias” a esa época del año, pues nuestro cuerpo será exhibido en las playas como si estuviéramos en el Mercado Central. Dicen que lo importante es lo de adentro, y es muy cierto, pero al final del día una tiene que sentirse bien consigo misma y para nadie más. Y creo que todas queremos eso, en mi caso es estar flaca #NiModo.

Aunque el bikini ha cambiado mucho desde que en 1946 lo inventara el francés Louis Reard. Ahora hay chiquititos, grandes, extra grandes, trikinis, tankinis, tangas, hilo, y hasta se puede usar solo la parte de abajo y hacer topless en alguna playa nudista… si es que hay alguna cerca.

La cosa no solo es tratar de estar flaca, sino ocultar la natural celulitis que tenemos todas lo más posible (quien diga que no tiene NADA de celulitis, miente con descaro). La depilación es otro tema básico. Aunque las mujeres parecemos diseñadas para el dolor, por todos los tipos de tratamientos a los que debemos someternos para vernos bien, es imposible ponerse un bikini o ir a la playa sin haberlo hecho. Además, si tienes flaco, imagínate que él te acaricie las piernas y sienta pelos… ¡Horror!

Pensándolo bien, el bikini se parece mucho a ese chico con el que queremos estar, pero a veces no se puede: combina perfectamente contigo, pero no necesariamente todo encaja bien.

Otra cosa que nos preocupa es el mix & match. Que el bikini combine con la toalla, que la toalla pegue con la salida de baño, las sandalias, el bloqueador el bronceador para él, el bronceador para ella, el gorro, la sombrilla, el cooler -con los respectivos piqueos y chelitas o vinitos más, los lentes , el pareo, el spray para el pelo y eso nunca termina.

Para colmo, cuando llega el verano y una está más blanca que Gasparín, necesita agarrar color al toque. A ninguna de las que no hemos tenido la suerte de nacer morochas nos gusta vernos desteñidas o transparentes en la playa, porque las imperfecciones se notan más. Las estrías, la celulitis y las pecas son nuestras mayores enemigas.
Algunos aplicamos solárium, pero mi experiencia no fue la mejor. Ni cuando lo hice en Lima –donde me pusieron música y luces fosforescentes, mientras me sancochaban como pollo a la brasa- y menos cuando me sucedió en gringolandia: literalmente, me quemaron.

Volviendo a nuestro tema, el verano también es el momento perfecto para darse cuenta lo que tus amigos o amigas se hicieron en el último año. Si engordaron o bajaron de peso, si se pusieron o sacaron cosas, si se arreglaron algo, si ahora tienen más personalidad que antes, en el caso de las chicas, y en el caso de los hombres, pues nada: son hombres, están igual que el verano pasado, solo que con más barriga y más pelados.

Lo peor es que siempre nos pasa lo mismo y ya sabemos que si este verano no estamos “perfectas”, trataremos de intentarlo nuevamente cuando la temporada acabe, nos prometeremos ir al gimnasio, hacer yoga, correr, intentar mil dietas distintas o hasta recurrir a Vanna Coach… pero si no somos constantes el próximo verano sufriremos igual #VannaTeQuiero no eres tú, soy yo que no voy.

¿Qué nos hace volvernos tan locas acerca de este tema?

• Sabiendo que el 99.9% de las mujeres están desesperadas por entrar en los bikinis que son cada vez más diminutos, aparecen más marcas con hermosos modelos de bikinis y nuevas colecciones que nos rayan más.
• La Navidad: las consecuencias de los banquetes de diciembre nos pasan factura el resto del verano.
• Ver amigas vegetarianas que se ven regias: Me encantaría pertenecer a esa movida, pero creo que nunca podré hacerlo.
• Necesitamos saber que mientras más chiquita sea la parte de abajo será mucho mejor el bikini. Olvídense de los bikinis gringos que les harán lucir como modelos… pero del calzón de la abuela.
• Cuando te pruebas el bikini piensas: ¿Se me verá como la modelo de la foto en el mar?… No, jamás. Así que mejor no se obsesionen con eso.

Para terminar, les cuento una anécdota. En Studio 92, en mi horario, somos cuatro mujeres desesperadas por entrar en nuestros bikinis y bajar de peso para el verano: mi compañera de programa, la productora y la encargada de redes sociales. De hecho, el año pasado hicimos un concurso que se llamaba “Perder para ganar”. Poníamos plata y los lunes de cada semana, religiosamente, llevaba mi balanza para pesarlas a todas. Si habías subido de peso tenías que pagar, y si bajabas podías convertirte en la feliz ganadora del pozo (por obvias razones evitamos llamarlo “chancha”). Adivinen qué pasó. Sí: Todas perdimos y no funcionó. Aún así no me daré por vencida. Este será un veranazo.