Feliz Navidad, Grinch

Por Joanna Boloña
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Faltan dos días para Navidad y es la celebración que más me gusta, después de mi cumpleaños. Es increíble cómo la disfruto, excepto por los cinco kilos de sobrepeso que gano, pero qué importa. ¡La amo! Y lo digo orgullosa, en voz alta y de pie.

Estoy segura de que muchos de ustedes, que me están leyendo en este momento, como buenos peruanos, no han terminado de comprar sus regalos. Incluso, creo que muchos están esperando el mismo 24 para hacer el final shopping. Por ejemplo: hace varios años me propuse empezar con las compras en octubre o noviembre –ni yo me la creo– y recién a quincena de este mes me pongo las pilas.

También sé que hay un cambio de humor en estas fechas: la gente está con otra actitud –para bien o para mal– y, por supuesto, nuestros supermercados se encargan de chotear Halloween por los villancicos navideños. Desde noviembre nos recuerdan lo poco que falta para Nochebuena. En las oficinas y entre los grupos de patas es una locura: todos quieren jugar «el amigo secreto» y agendar lonches navideños. Como es Navidad, todo vale, sobre todo si es lindo, y hay que perdonar. Molestarse con alguien en este mes no está permitido –al menos esa es la idea–. Las canastas, pavos y panetones me vuelven loca. El mejor regalo es desayunar panetón con mantequilla todos los días y, como el clima sigue medio raro, chocolate caliente. Buenazo.

La cena

La cocina y yo no somos mejores amigas –sé que en algún momento lo seremos, pero no ahora–. Por eso, el pavo lo hace mi mamá y es todo un ritual. Estoy segura de que sería un desastre si ella no lo hiciera, pero prefiero no pensar en ello y sí en que faltan menos de 48 horas para disfrutar de los piqueos, el champagne, las ensaladas, los puré de manzanas y camotes con marshmallows, el jamón glaseado, las galletitas horneadas con la receta alemana de mi abuela – que inundan la casa de olor a jengibre cuando se hornean–, el pavo y, lo más importante, el chocolate. Todo grita Navidad, incluso mi pijama de reno – es un must en esta época–. Es una explosión verde y roja.

¿Consumista? No, yo le llamo tener espíritu navideño. Y pobre del que me diga que «es completamente innecesario», porque ya tengo listo en mi Iphone los mejores playlists navideños –en especial la versión de Luis Miguel de Santa Claus llegó a la ciudad–. ¡Ho Ho Hó!

Mi amigo, el grinch

Pero incluso, hasta una celebración como la Navidad tiene su lado gris: el tráfico se pone horrible y eso no es lo peor: comienzan a aparecer los Grinchs de la temporada y son como una epidemia que veo en aumento desde hace unos años.

Un Grinch, por extensión del personaje antinavideño, que la mayoría conoce por el cine, es el chibolo pesado que siempre da la contra. Es el enano gruñón de Blanca Nieves y los 7 enanos. Es un hater de las redes sociales, que siempre malea las iniciativas. Es el aguafiestas que disfruta arruinar los momentos alegres de los demás.

Hace unas semanas me topé con un nuevo Grinch y no lo identifiqué porque estuviera disfrazado de verde –aunque su color favorito sea ese–, pero no me sorprende. Me los cruzo en todas partes: en el trabajo, en la casa y son de cualquier edad. Son haters de la Navidad y haters de comprar para regalar. Y para mí, ninguna razón es válida. También he tenido navidades horribles, pero una mala Nochebuena no es capaz de arruinar mi corazón rojo y verde.

Y, aunque una esté como abanderada de las fiestas, es imposible evitar toparse con algún Grinch. «¿Qué vas a regalarle a tu family? Nada». «¿Qué comes en Navidad? Lo mismo de siempre, me da igual». «¿Qué te gusta de la Navidad? Nada». ¡PTM! ¿No pueden responder otra cosa? Si tú, querido lector, eres parte del clan de Grinchs y llegaste hasta esta parte de mi columna, quiero que sepas que no busco transformarte, solo contagiarte. De alguna forma, eso me hace feliz. Es genial dejar que el espíritu navideño te invada de a poco. Incluso yo, que me quejo aquí de los haters, he sido un Grinch en algún momento, pero este ambiente puede más que cualquier mal rato.

Para ti, para tu Grinch y para todos…

¡Feliz Navidad! ¡Merry Christmas! Y ¡Buon Natale!