El gileo nuestro de cada día

Por Joanna Boloña
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Si existe una etapa del enamoramiento que más disfruto es, les diría sin pensarlo dos veces, cuando «estamos gileando». Y es que a nosotras nos encanta que nos llenen de detalles –la que diga que no, pues no le creo-. Es la época en la que los hombres se vuelven detallistas y los cariños y mimos les brotan hasta por los poros. Todo es color de rosa.

A veces me pregunto si es que esos meses iniciales son una mentira, una fábula, una fantasía o un paseo a Disney. El tema es que si de verdad nos quieren conquistar, pues lo harán de cualquier forma. No importa si es el chico más feo del grupo, si es que tiene los detalles adecuados e indicados. Por eso, SIEMPRE –¡léanlo bien!–, siempre CAEMOS. Y sí pues, me incluyo, porque yo también me la he creído, me la creo y de seguro me la voy a creer otra vez.

Bien me dijo mi abuela alguna vez: «Joannita no te dejes engañar. El hombre promete, promete hasta que la…#@#!!! –ustedes saben bien cómo termina esa frase–». Y es que sí, aunque sea fregado admitirlo, caemos en sus redes. Muchas veces nos hacen creer algo que no son y cuando logran su objetivo -ya sea robarte un beso, llevarte a la cama o –¡gracias a Dios existe esta tercera!– «estar» formalmente contigo, se olvidan de todo lo anterior. Es como si apretaran reset y borraran el «Coquito» de la relación. Como si olvidaran lo que una mujer quiere, le gusta y necesita para sonreír, sentirse amada y ser feliz.

Por eso, elegí cinco características para identificar al hombre que nos está gileando –o enamorando o idiotizando o como quieran llamarlo–.

Uno
Te van a decir que “SÍ” a todo. No se van a negar a ver tu película favorita –que en el fondo detestan porque es otra comedia romántica–. Tampoco se negarán a ir a bailar o acompañarnos a un matri y, ni locos se perderían las reuniones con tus amigas del cole.

Dos
Se preocuparán por ti. Te llamarán mañana, tarde y noche. ¿Qué más quieres? ¡Por cierta cantidad de meses tendrás un despertador humano! Te llaman en la mañana para que te levantes y tengas un lindo día, a la hora del almuerzo para saber qué vas a comer –o que comiste–, y en la noche, después de dejarte en casa –post date– te llaman para decirte que ya te extrañan… ¡Y pensar que ocho meses más tarde les molestará que les preguntes dónde están!

Tres
En esta etapa olerán increíblemente bien, que hasta los Phs de ambos combinarán. Inclusive se arreglarán tanto, que hasta se pondrán más guapos que tú. Se conviertirán en una especie de súper «Kens».

Cuatro
Herramientas como Facebook, Twitter, SMS, WhatsApp, BBchat, palomas mensajeras y demás…. ¡Todo vale! Sus celulares se convierten en extensiones de sus manos –Ojo: no confundir punto uno con punto cuatro, ya que las llamadas SON OTRA COSA–. ¿Alguna vez te has puesto a pensar la cantidad de palabras que escribes por esta vía? Según una encuesta realizada a más de 5 mil personas, pasamos en promedio 90 minutos al día interactuando con nuestros celulares. Eso quiere decir que al año pasamos casi 25 días frente al teléfono. Pero claro, si estamos gileando esa cifra se multiplica, mínimo, por dos.

Cinco
Último punto (y el más cortito de todos): TE FLOREAN de la A a la Z. El abecedario completito, toditito para ti. Así de simple. Te van a decir lo que quieres escuchar. SIEMPRE.

Sea como sea, amamos gilear y que nos gileen. Y, aunque ya los hayamos identificado, lo mejor es disfrutar de esta etapa con todas sus emociones. Después de todo, Disney no se visita todos los días ni todos los años. Es como cuando te trepas a esa montaña rusa por la que esperaste en una cola infernal, para disfrutar de un momento que sabes que solo durará un par de segundos. ¡Así que a disfrutar el momento porque se pasa volando!

Eso sí, les doy un consejo: pónganlos en evaluación, mínimo, ocho meses, porque si no jamás se darán cuenta de si es realmente como se vendió o no. La esencia no se debe perder nunca. Nosotras queremos detalles de verdad, hombres de verdad que no nos ilusionen un día o una semana. Un mensajito, un buenos días hace la diferencia.

Las mujeres amamos las maripositas en el estómago.

¡Que viva el gileo hoy, mañana y siempre!