Cupido me troleó

Por Joanna Boloña

174 joanna columna
Una vez más, Cupido ha decidido jugarme una mala pasada. Es el tercer año consecutivo que decide dejarme sola. Es la única fecha del año en el que los chocolates y las flores cobran relevancia en mi vida. O sea, me afecta no recibirlos.

Jueves
6:40 pm

Whatsapp. Me escribe. Venía de haber desaparecido una semana. «Tenemos que hablar», me dice. Una sabia frase que cualquier mujer [porque tenemos un sexto sentido ultra desarrollado] entiende a la perfección. «Ven a mi casa, mejor», continúa. ¿Por qué no podemos ir al cine o a comer o dar una vuelta? Es clarísimo lo que va a pasar. No quiero que pase. Soy fuerte, pero mi corazón y mi ego ya tienen demasiadas curitas. No quiero que lo vuelvan a destruir. #IsTheEnd. Él ha estado raro toda la semana. Confundido. No me ha escrito para decirme que me extraña. No me ha buscado. Dejó de llamar en las mañana para despertarme… yo también. Es claro que ya no está convencido de lo nuestro. Me hubiese gustado haber sido yo la que se diera cuenta antes, y no él. Vuelve a insistir. Quiere que vaya a su casa. Agarro un post it y apunto todas las cosas que debo decirle. No quiero que se me escape ni una sola. Es más, no merezco lo que va a suceder. Mi mente se nubla. ¿Qué le molestó esta vez? Sé que después de esto voy a repasar en mi cabeza todo lo que hice.

7:30pm
Tonta. Ya llegué a su depa. Cuadro mi bici donde siempre. Esta vez él no ha bajado a abrir la puerta. Siento que el portero ya no me mira igual. Estoy completamente psicoseada. No quiero in en ascensor. Quiero subir los tres pisos lo más lento posible. No quiero llegar a la puerta. Del pasadizo se ve la cocina y puedo visualizarlo: está preparando algo. ¿Qué cosa? #TheEnd. Toco la puerta. Él abre. Trato de no poner mi cara de autogol. «Nada me pasa», me tranquilizo. Al final del día seremos patas. Entro a la salita. Está el sofá mirándome, como si quisiera darme sus condolencias. Ese maldito sofá marrón, que siempre odié y le pedí que lo cambiara. El lugar está ordenado. Huele a limpio. ¿Será que todos se ponen de acuerdo en ser como quieres que sean cuando ya no estás con ellos? Me siento. Hablamos de tonterías hasta que él llega al tema: «nosotros». Me suelta todo el floro terrible que no quería escuchar y que sabía que iba a decir. Mis intentos por convencerlo de que todo estará bien son en vano. Luego de 400 excusas más, me dice que necesita estar solo. «No eres tú, soy yo», termina. ¿No es suficiente con tener una columna con ese nombre? Se destruyó y él no va a dar su brazo a torcer. No tiene sentido seguir hablando. Quiere darme un beso. Yo solo quiero pegarle de la rabia. Lo desconozco. Es otro. Adiós.

Casi un año de mi vida se ha terminado en 30 minutos. Cupido, una vez más, ha decidido trolearme y, esta vez, no escogió mejor fecha que San Valentín.

Capítulo cerrado. «Aló, Mili, ¿Qué planes para este 14?», pregunto. Ella no tiene que decir nada, me conoce a la perfección. Ya entendió que mi llamada significa dos cosas: el cambio de mi estado civil [«en una relación» a «soltera»] y el pedido de UN ABRAZO, #PorFavor. El plan está listo: las 50 sombras de Grey nos esperan. El ramo de chelas, también. Gracias a todas las empresas que le han dado la vuelta a esta fecha y me recuerdan que la amistad es igual de [o aún más] importante.

#Quote Los enamorados tienen un día para festejar. Los solteros tenemos los 364 días restantes. #Cerrado.