Carteles al Sur

Por Joanna Boloña
JOA RED

«Por la carretera,
cruzando la frontera,
una linda morena me dijo: llévame…»

Con esta canción inicio mi ruta hacia la playa este fin de semana. Pese al suplicio que es enfrentar el tráfico y las «inteligentes» obras de la ex alcaldesa, todo desaparece cuando estaciono el carro al lado del mar y veo el cielo, el sol o las estrellas. Respiro. «¡Amo el verano!».

En el camino me doy cuenta que con esta estación, también llega la invasión de paneles. Algunos son creativos y otros provocan, más que tristeza, indignación y asco. Mi expectativa crece por verlos. Tal vez porque estudié Marketing y quiero ver con qué imágenes «innovadoras» me sorprenderán las marcas.

La carretera está dura. TODO VALE. Las empresas no creen en nadie y se ha convertido en una guerra, en todo el sentido de la palabra. Creo que algunos de estos anunciantes piensan que: «el que no arriesga, no gana» -con censura o sin ella-. No hay mucha ciencia.

El primer cartel que capta mi atención es el de una marca de condones. Así es, CONDONES. No soy cucufata, pero ¿condones? No helados, gaseosas o cervezas. No. Condones. El mensaje me parece muy gracioso y también me recuerda lo que no quiero que suceda este verano: «El que la sigue, la consigue / Lo que pasó en el sur, se queda en el sur». Los amores de verano –o, mejor dicho, los choques y fuga de verano- están a la orden del día y casi nadie quiere estar enrollado en esta época.

Paso el TouriCamp y recuerdo lo terrible que fue sacar mi brevete y cómo pasé ese maldito examen práctico la tercera vez. No soy Lewis Hamilton, pero tampoco soy una mujer que odies al volante.

Sigo manejando. Sinceramente hay carteles que no entiendo, y otros que no quisiera entender. Me acompaña una cancion de Avicii -Wake Me Up-, que me recuerda que debo estar atenta a la pista, a los carros, a las bestias al volante, a que Dios me libre de un accidente y a los paneles que siento que, poco a poco, me comen y me absorben como en un viaje interestelar a través de ellos. Es que, mientras uno maneja siente como todo alrededor nos habla sin parar.

También veo carteles que anuncian los conciertos de verano a los que muero por ir, pero que, lamentablemente, mi trabajo no me permitirá. Veámosle el lado positivo: ahorro es progreso.

Visualizo la flecha a la derecha para volver a Lima. Siento la tentación de huir de este mundo «acartelado». Pero no. La verdad es que quiero seguir navegando en este mar de paneles. De pronto, comienzo a ver ladrillos con mensajes directos y fuertes: «Está dura, maciza, está fuerte». ¿WTF? En el cartel hay una mujer morena en bikini, con un cuerpo que, bien por ella, pero yo jamás quisiera tener. Ella aparece en varios de los afiches de esta compañía que denigra a la mujer en tres segundos. Me hace sentir como un pedazo de ladrillo. Mi indignación es absoluta. Me dan arcadas. Una cosa es hacer una campaña publicitaria y otra, ese desastre. Esos 3 o 4 paneles solo me producen un sentimiento: asco y vergüenza. No puedo creer que en pleno siglo XXI se siga usando a la mujer como un objeto. Lo peor es que una mujer se preste a eso. ¡Ups!, me olvidé quién era: ella vive de los escándalos, el chisme y también del photoshop.

Sigo manejando. Me acompaña el último hit de Bruno Mars. ¡Que viva el funk para olvidarme de esas imágenes desagradables!

Los tragos y la comida tampoco pasan desapercibidos entre los paneles. Todos piden ser devorados: es un banquete de pizza, pollo y hamburguesas. Los chorizos parecieran puestos sobre la parrilla y ya es casi la hora de almuerzo. Latas de atún, bebidas naturales, agua y un lema que dice: «lo importante es lo de adentro», con una chica regia en bikini al lado. Ya pues, ¡¿no que lo importante es lo de adentro?! Por Dios, estoy salivando.

Al fin llego al boulevard de Asia. Me tengo que concentrar, es viernes. Debo ensayar para el programa de esta noche. Pero antes me doy una vuelta por la Granja azul. El pollito es infaltable. Esos carteles de comida lograron su cometido. Ñam.