Una lluvia de ideas en el arenal

Especial Educación

Por César Ochoa
Crear una revista ha permitido que dieciséis jóvenes del colegio Luisa Astrain de Pachacútec potencien su trabajo en equipo, creatividad y perseverancia. La revista se llama Pachayoung y esta es la historia de quienes la hacen.
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Bryan Ríos es un adolescente de quince años a quien le gusta ver documentales de ciencia. Como buen entusiasta del futuro, está convencido de que Pachacútec, el asentamiento humano de Ventanilla donde vive, será de aquí a treinta años una pujante urbe con teleférico, planta de desalinización de agua de mar y tren de alta velocidad. Ya decidió que quiere ser arquitecto, y ha dibujado esa visión de Pachacútec para una revista escolar que se llama Pachayoung.

Una revista hecha por colegiales es como un periódico mural que se escapa del salón de clase, solo que en un mejor formato. Miguel Ángel Farfán —veintisiete años, delgado, lentes de carey, pelo lacio— es profesor de Lenguaje y Literatura en el colegio parroquial Luisa Astrain de Pachacútec, y está feliz. No es para menos. Dieciséis de sus alumnos de tercero, cuarto y quinto de secundaria han terminado de editar Pachayoung, una revista que tendrá un tiraje de más de mil ejemplares y que en pocas semanas circulará por todo el arenal.

Lo que comenzó como un plan de aula para potenciar la creatividad, la perseverancia y el el trabajo en equipo entre sus alumnos, en el camino se convirtió en un intenso laboratorio de ideas. Pero no un cualquiera: Pachayoung se basó en un sistema de coaching inspirado en el proyecto 826 Valencia, con sede en San Francisco y dirigido por el escritor Dave Eggers. La idea era sencilla: un grupo de periodistas y diseñadores gráficos debían venir a Pachacútec al menos dos veces al mes para compartir con sus alumnos su experiencia editorial. A Miguel Ángel no le fue difícil conseguir a los pachacoaches, como llamó a los mentores, pues antes había trabajado en un importante periódico de Lima y tenía amistad con talentosos profesionales.

Esta mañana, todos los que participaron en Pachayoung han venido hasta un club de San Miguel para festejar el cierre de edición de esta primera experiencia editorial. «Esto no termina aquí», dice Miguel Ángel sonriendo. «Estamos trabajando para que Pachayoung sea sostenible en el tiempo». Pero este mediodía de sol hay que divertirse. Los alumnos juegan en los columpios. El trabajo ha sido arduo.

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Imaginar el futuro

Velar por el progreso, la ecología y la educación, pero con una mirada positiva. Como todo medio de comunicación, Pachayoung también tiene una línea editorial. Y su primera edición saldrá cargada de temas interesantes a todo color. Por ejemplo, ¿cómo será Pachacútec en treinta años? Dos alumnos, un futuro arquitecto y una aspirante a ecologista, lo cuentan en un gran dibujo y un texto cargado de buenas noticias [se puede adelantar que habrán casas ecológicas, puerto y autos que funcionan con energía solar]. También habrá un ameno especial de mini emprendedores de colegios aledaños que promueven exitosas mini industrias como de cartucheras con objetos reciclados o de piedritas pintadas que son objetos de decoración. Poemas, infografías, historietas. En suma, Pachayoung no tendrá nada que envidiar a las grandes revistas.

Miguel Ángel llegó hasta aquí gracias a Enseña Perú –esa ONG que recluta a profesionales de todas las especialidades para convertirlos por dos años en profesores de zonas marginales– y tuvo la buena estrella de enterarse a mediados de año del proyecto 826 Valencia. A partir de entonces –dice– tuvo más claro el panorama. Desde que comenzaron las reuniones con los mentores, Pachayoung fue un campo de aprendizaje mutuo.

Fuera del proyecto, Laylah Ferreyra, coordinadora de proyectos de la agencia editorial Cometa, quizá nunca habría conocido a la alumna Ruth Tenorio, de quince años. La conexión ente ambas fue inmediata y el resultado de su trabajo conjunto es un poema de Ruth que relata la historia de Pachayoung. También es la historia de un final feliz, pues al inicio la poesía que propuso Ruth tenía un tema triste. Luis Ángel, el más pequeño del grupo, de catorce años, ha trabajado una historieta sobre un profesor autoritario. Cuenta que la periodista Diana Hidalgo, su pachacoach, le recomendó ver LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS, esa famosa película de un profesor de literatura enseña a sus alumnos a tener sus propios ideales, sin imponerles nada. Luisa Ángel dice que después de verla tuvo más inspiración para su historia.

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Vanesa Enriquez, la directora de Pachayoung, es una alumna que tiene un gran sentido de responsabilidad, y terminó el quinto año como la estudiante de mayor puntaje del colegio. Ella dice que ahora le va mejor cuando se trata de exigir que los plazos se cumplan, puesto que su coach, el periodista Piero Peirano, le recomendó no trabajar bajo imposiciones, sino a través de la motivación. Con Mario Segovia, su otro coach, aprendió a diseñar una revista.

Bryan, el futuro arquitecto, mejoró sus notas en el colegio. Luis Ángel se ha vuelto más responsable y desenvuelto. Las mamás de ambos coinciden en decir que formar parte de este proyecto los ha hecho sentir importantes, parte de un proyecto que cada día les abría el horizonte. Miguel Ángel logró que reconocidos escritores, como Jeremías Gamboa, Mariana de Althaus y Santiago Roncagliolo dieran charlas de creación a sus alumnos. Ahora está buscando auspicios y financiamiento para que Pachayoung se convierta en una institución. Cuenta con la ayuda de Ximena Gil, una educadora para el desarrollo que se ha sumado al proyecto.

Por lo pronto Bryan Ríos, que pasa a quinto grado, será el próximo director. En su imagen del futuro de Pachacútec, también dibujo casas y canchas de fútbol que flotan y se trasladan por propulsores. El futuro es bueno. Pachayoung estará al frente de alguien que tiene, según él, «ideas muy locas».