Una encrucijada llamada Lima

Por Jesús Cuzcano / Fotos de Augusto Escribens
En medio de una ciudad agitada como Lima surge la adaptación teatral Lima laberinto XXI. Dirigida por el dramaturgo Darío Facal, la puesta en escena promete llevarnos a un viaje por los rincones más enrevesados que existen entre la realidad y el sueño de esta gran urbe.
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El laberinto es la vida misma; nacemos y ya estamos dentro de él. Así lo entiende Darío. De muy pequeños, sin otorgar algún permiso y sin tener mayor conocimiento de todo aquello que nos rodea, damos el primer paso hacia un mundo que desde siempre se ha encontrado bajo una constante colisión consigo mismo.

Así es Lima laberinto xxi, la propuesta teatral dirigida por el dramaturgo español Darío Facal. En esta obra, adaptación de su representación teatral llamada Madrid laberinto estrenada en 2008, en España, el autor busca resaltar los miedos y deseos que se esconden tras la piel de las personas que habitan la ciudad limeña.

De la mano de Lucía Caravedo, Dante del Águila, Gonzalo Molina, Anaí Padilla, Andrés Silva y Camila Zavala, la obra cuenta la historia de seis personajes de realidades diferentes que nos llevan por los parajes de sus pensamientos y nos hacen formar parte de sus ideales, sueños y frustraciones.

La pregunta inicial sería ¿por qué Lima?

«Porque Lima –dice Darío– es una ciudad especialmente mestiza, llena de culturas donde todavía la sensación de colisiones culturales e ideológicas es aún mucho más extrema que en Madrid».

Siguiendo el paradigma de lo que fue su obra Madrid laberinto xxi [reestrenada en dos oportunidades, y con una permanencia de un año y medio en los teatros madrileños], esta versión limeña nos muestra una puesta en escena que parte de premisas basadas en los anhelos y temores cotidianos. Nos presenta a nuestra ciudad y a las personas que la habitan como un laberinto en sí.

«A la confusión que significa simplemente vestirnos en el capitalismo –dice Darío– y no saber quién ha cocido la ropa, o dónde se ha cocido, se suman las contradicciones sociales y filosóficas a las que estamos diariamente sometidos por los medios de comunicación y la cultura».

Darío Facal define su obra como universal, ya que, más allá de particularidades, quiere representar los sentimientos que tienen las personas en su calidad de seres humanos.
La obra busca ahondar en las emociones de sus personajes planteados desde seis perspectivas diferentes.

El dramaturgo define a esta obra como universal. «Habla de una confusión en un mundo globalizado. Lima se convierte en una circunstancia. Se tocan aspectos tan universales que podrían entenderse en cualquier otra capital del mundo».

Porque «Lima es un laberinto perfecto –dice él– en el que se mezclan culturas, ideas, clases sociales y pensamientos. Es caótica, extrema, en plena ebullición económica, moral, ética, filosófica».

La puesta en escena se mueve bajo una reflexión abstracta y se alimenta de la forma como el director busca representar los conflictos internos de sus personajes. «Es –confiesa Darío– una obra sobre los miedos y las inquietudes de una serie de individuos en una gran ciudad».

El recorrido es aún un enigma. La primera y única aproximación que se tiene del intrincado recorrido de la obra se puede observar en el tráiler. En él se ve primero un camino sumido en la oscuridad. Luego una voz. «Soñé que era una estrella de rock –dice una voz femenina– y que caminaba por un laberinto del que no podía salir, y que me fumaba un cigarro sentada en el suelo rodeada de cadáveres cubiertos de sangre. A lo lejos se podía escuchar el rugido del minotauro y había computadoras para conectarse a internet, y televisores encendidos que pasaban películas pornográficas. Caminaba por todos los pasadizos y no encontraba a nadie que me pudiese ayudar a escapar».

¿Habría salida de este laberinto?

«No lo sé –dice Darío con una sonrisa–, supongo que nadie lo sabe. Creo que la salida es que no haya hambre en el mundo, que no haya guerras, que no haya explotación infantil, que no haya prostitución, que no haya desprecio racial, que no haya homofobia. Si eso se consigue en todo el planeta, pues quizá dejaríamos de hablar de laberintos».

Se estrenará el 5 de marzo en el teatro Británico y va hasta el 13 de abril.

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