Un actor suelto en la gran manzana

Mateo Lynch

Escribe: María Jesús Zevallos / Foto: Tracy Morford
Hace casi diez años, el actor y músico peruano Mateo Lynch se hizo conocido como una estrella adolescente de MTV Latinoamérica. Su fama fue bien recibida, pero Mateo tenía otros planes. Quería perderse en personajes sobre las tarimas de un teatro y probar suerte en el cine y la televisión. Entonces decidió migrar a la ciudad de Nueva York y comenzar desde cero. ¿Cómo es la vida de un artista que vuelve a empezar?

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Por la mañana:

Mateo Lynch no es un morning person. Así se define él mismo. Prefiere comenzar sus días tarde, a menos que un casting lo llame a contemplar el brillo del sol de Manhattan, esa ciudad gigante y apurada, al otro lado del puente de Williamsburg, el barrio neoyorquino en el que Mateo vive. Es un departamento joven, modesto, que comparte con un roommate. Así es la vida de este actor. Uno que actuó desde siempre, pero que se hizo conocido por su voz y su guitarra.

Mateo Lynch tenía dieciseis años cuando audicionó para la serie peruana Esta Sociedad. Era principios de 2006. Había actuado desde los diez años. Y, conforme pasó el tiempo, los gustos de Mateo abarcaron la música, la guitarra, el canto y la composición. No obtuvo ese papel, pero los productores sabían que Mateo era músico y le propusieron componer la canción principal de la serie. Fue ese tema, Alta Sociedad, el que lo hizo llegar a las pantallas de MTV Latinoamérica y compartir escenario con bandas como Camila y Kudai. Pero a Mateo todavía le quedaba gusto por la actuación.

Desde México, a donde migró cuando su carrera musical le dio fama, Mateo Lynch desarrolló un gusto especial por el teatro. «En el cine eres un personaje por treinta segundos y luego llega el corte y filman otro plano. Vuelves a ser tú. El teatro es mucho más intenso. Lo estás viviendo todo por las dos horas que dura la obra», dice el actor. «Eres ese personaje, te conviertes, sin interrupción». Mateo Lynch disfruta, sobre todo, esa cualidad de la actuación. La libertad de poder ser alguien más. El no tener que encasillarse en ser un mismo tipo todo el tiempo.

Por la tarde:

Mateo Lynch tiene una audición hoy a las 3:00 p.m. «Siento que paso más tiempo on the go, camino a alguna audición, que haciendo cualquier otra cosa», dice Mateo entre risas, desde su departamento en Nueva York. Se ha convertido en un working actor, como dice él mismo con un spanglish que suena natural en su voz, dulce y grave a la vez. La que usa en sus clases de voice over, para animar personajes del cine. La que también usa al final de todos los días, cuando toca su guitarra acústica mientras canta. Una rutina que se ha vuelto tan natural como despertar.

Llegó a Nueva York hace tres años para celebrar su cumpleaños número veintiuno y conocer por primera vez el Distrito Teatral de Manhattan. En ese viaje, fue al showcase de graduación del Neighborhood Playhouse School of Theater [una de las escuelas de teatro más importantes del mundo, donde se han graduado actores como Leslie Nielsen, Diane Keaton y Robert Duval], una puesta en escena de la clase de último año en la que participaba un amigo de él. «Cuando vi ese showcase, me di cuenta de que era mucho mejor, siendo una obra de teatro de estudiantes, que muchas otras obras que había visto de profesionales en otros lugares del mundo», recuerda. Dos meses después, Mateo postulaba y era aceptado en el Neighborhood Playhouse. Pasó su primer año con los sesenta actores aceptados en el programa. Pero, en el año número dos, las reglas eran diferentes. Mateo tendría que audicionar para quedarse como todos los alumnos y poder ser uno de los veinte que se seleccionarían para graduarse de ahí.

Y Mateo se quedó.

Mateo Lynch siempre está leyendo. Todos los días, el actor peruano llena su mochila de obras teatrales como Other People, Cock y Bachelorette, piezas realistas de playwriters jóvenes que reflejan vidas jóvenes. Eso es lo que Mateo disfruta. «Aquí todos hacen lo mismo, todos actúan, uno siempre tiene que estar actualizándose y preparándose», dice. Sus horas en el subway no pueden pasar desatendidas. «Me gusta trabajar en cosas que se despojen del glamour, con las que yo me pueda sentir identificado», explica el actor. Como el programa Girls, de la cadena HBO, que cuenta la vida de tres muchachas tratando de que la gran manzana no las succione, mastique y escupa de vuelta. Sobrevivencia, el tema de una generación que tiene todo en su contra. Esa fue la primera audición que Mateo tuvo, apenas salió de la escuela de actuación. «Audicionar por primera vez es loquísimo. Tienes que esperar en una sala con otros treinta actores que se ven exactamente igual que tú. Es toda una experiencia».

En la ciudad de Nueva York, Mateo Lynch todavía no es un nombre. No el nombre que fue en el Perú ni el nombre que fue en México. Es un actor que busca actuar. Que va a audiciones «de lo que sea», como dice él mismo y que lo prefiere así. «Una de las cosas que más me gustaron cuando decidí mudarme para acá es que no conocía a nadie» dice Mateo. «Cuando llegué no sabía qué iba a suceder. No tenía ningún contacto en el mundo del espectáculo. Tal vez un par de conocidos. Solo sabía que me aceptaron en la escuela».

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Por la noche:

A las 6:00 p.m., Mateo Lynch se reunirá con algunos colegas para revisar obras teatrales. Está pensando, en un futuro cercano, escribir una. Dice que le enseñaron en la escuela que un actor debe hacer que las cosas sucedan. «No es solo ir a un casting y esperar a que te llamen, sino también tener gente a tu alrededor que haga lo mismo que tú y crear».

El actor se graduó hace un año del Neighborhood Playhouse y desde entonces ha trabajado con directores como el italiano Carlo Vanzina, en la película Mai Stati Uniti, y con la directora rusa Angelina Nikonova con quien acaba de grabar la película Welcome Home. También está en un taller de comedia. «Siempre estoy entrenándome en algo. Tal vez ese es un problema mío. Yo siempre quiero hacerlo todo».

Mateo Lynch no está seguro cómo se ve el futuro de su carrera. No le gusta encasillarse en un oficio. Tal vez abra un estudio de yoga [la que practica religiosamente todos los días], quizás esté actuando en otro lugar del mundo. A sus veinticuatro años, el actor no se preocupa por cómo se ven los años próximos. La mira, por ahora, está en esa siguiente audición.