Tejiendo esperanza

Arte, amor y comunidad es el lema de Ayllu-Ruwasunchis, una empresa social que, a través del tejido, hace sonreír a las mujeres de Manchay.
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Todo parte de problemáticas. En Manchay, como en muchos otros asentamientos humanos, hay violencia familiar, de género y víctimas de terrorismo. Muchas veces las señoras que viven ahí no tienen la oportunidad de un trabajo digno», dice Juan Diego Calisto, integrante del equipo de voluntarios de Ayllu-Ruwasunchis [en quechua, ¨Hagámoslo juntos¨], y que desde hace varios años destina el cien por ciento de sus utilidades a proyectos con tejedoras de Manchay.

Este grupo, que en un inicio contaba con ocho tejedoras y que en la actualidad cuenta con más de veinte, trabaja en el asentamiento San Pablo Mirador. «No son mano de obra, sino artistas», agrega Juan Diego. A través de diversos talleres y capacitaciones de tejido y desarrollo personal, Ayllu Ruwasunchis ayuda y promueve el emprendimiento en mujeres que encuentran en la tela, lanas e hilos, trabajo y conexión con sus raíces.

Una de ellas es Cerila, quien llegó hasta Manchay desde Huánuco hace más de diez años. Cuando comenzó el taller no tenía trabajo ni se atrevía a hablar con los psicólogos de Ayllu-Ruwasunchis. Hoy, es la presidenta del grupo y hasta habla y baila en público. Como ella, son muchas las mujeres que han podido encontrar la superación generando su propio emprendimiento. «Nosotros somos también una herramienta y plataforma de venta. Primero se acuerda el precio con ellas y distribuimos los productos en tiendas amigas como La Folie, La Matilda y Miss Cupcakes», agrega Parwa Oblitas, también integrante de Ayllu-Ruwasunchis.

La organización busca ampliar el proyecto. Ya llegaron a Huancavelica, haciendo talleres en diversas comunidades. Además, quieren incluir más lugares de la costa y selva. Ayllu-Ruwasunchis recibe a mujeres realmente comprometidas que busquen generar sus propios ingresos y formar comunidad a través de la revaloración del tejido.