Sueña con llegar al espacio

500 horas en el aire y 1000 fotografías por vuelo. Evelyn Merino, fotógrafa de altura.

Escribe: Denisse Sotomayor / Fotos: Evelyn Merino
Evelyn Merino tiene 32 años, un hijo de 4 y el número 8 tatuado en el hombro derecho. Ha acumulado 500 horas de su vida en el aire. Es arquitecta pero pasa sus días tomando fotos desde el cielo. Son más de 1.000 por cada vuelo. Al final, solo usa 3 ó 4 imágenes. Parte de su proyecto Lima más arriba reúne esas fotografías capturadas a más de 2.000 metros de altura y ya ha sido expuesta en Paris, Suiza y Londres. Este año planea llevar todo su trabajo a Nueva York, la ciudad de los rascacielos

Al principio, fue el cielo. Un amigo sabía volar parapente y decidió invitarla a dar un paseo desde el acantilado en Miraflores. Entonces, cogió su cámara y despegó por los aires. Bastó un solo viaje para que su mirada cambiara. «Estar en el aire pone en pausa cualquier pensamiento que tenga; entonces no existo, solo estoy en el instante. Cuando estoy mucho tiempo con esa sensación, encuentro paz», dice Evelyn Merino-García. Decidió seguir en el parapente durante tres años. En cada uno de esos vuelos, como en el primero, tomaba fotos de la ciudad desde arriba. Iba registrándolo todo como si se tratara de un rompecabezas urbano. Nunca se inscribió en algún curso de Fotografía. «Soy extremadamente sensible y creo que capturar imágenes es básicamente tener algo que decir». Pero hubo un día en que el parapente ya no le fue suficiente. Para sobrevolar el Centro de Lima, por ejemplo, tendría que usar un helicóptero.

Primero, se contactó con la Escuela de Aviación Civil de la Fuerza Aérea Peruana [FAP] e hizo un convenio por dos años: ella les tomaba fotografías y ellos le daban horas de vuelo. Después llamó a la Policía y le pidió ayuda con sus helicópteros. Luego de siete años, tenía toda una red para conquistar el espacio aéreo de Lima.

Así conoció al Chino Castillo, su piloto de cabecera, el que puede armar sus propios ultraligeros. Incluso ha construido uno con la figura de un tiburón. Ese será el símbolo del próximo proyecto de Evelyn Merino: fotografiar todo el litoral peruano, desde Tacna hasta Tumbes. La idea es celebrar –desde el aire– los quinientos años del descubrimiento del Océano Pacífico. Si ella tuviera que construir el suyo, sería un gallinazo. «Cuando comienzas a volar parapente, es un guía fundamental. Porque buscas los vientos, las alturas y las térmicas que los gallinazos usan. Yo aprendí de qué se trata volar siguiéndolos», dice la fotógrafa que tiene una ruta preferida: cuando recorre el cielo desde San Bartolo hasta Ventanilla.

¿Alguna vez haz tenido un mal presentimiento antes de volar?
Me sucede seguido, pero nunca he dejado de hacerlo. Siempre que el presentimiento es muy fuerte, falla algo: el clima, el ultraligero, etcétera. Nunca presiono para que las cosas se den y felizmente nunca he tenido un accidente. A lo mucho, un aterrizaje forzoso.

Cuando tomas fotos, siempre vas en el asiento de adelante.
Generalmente el que pilotea va adelante, pero el Chino ha adecuado el ultraligero para comandarlo desde atrás porque sabe que a mí no me sirve ir en el segundo asiento. Es imposible, tengo la cabeza del piloto al frente y un cable que atraviesa y aparece en las imágenes.

¿Qué es lo más difícil de hacer tomas aéreas?
Estar en el lugar indicado y en el momento exacto. Yo no uso ráfagas ni disparo automático, me divierte encontrar la foto perfecta. Los problemas recurrentes son el foco, el movimiento y la luz. En un segundo estás con el sol frente a la cámara y luego ya no lo tienes.

¿Qué buscas cuando estás en el aire: composición o acción?
Cuando hago registro de ciudad lo que busco es información; pero si son fotos para exposición o galerías, lo que busco es composición. A veces busco acción, otras veces movimiento, texturas o patrones que reconozco desde el aire.

Lima más arriba
Evelyn Merino habla de líneas, perspectiva y encuadre. Estudió Arquitectura de Interiores en la Toulouse Lautrec y eso la ubica acerca de las formas y estructuras en sus imágenes. Después, dejó los planos por los lienzos y pasó una temporada llevando cursos de Pintura en la academia de arte Corriente Alterna. Tenía veintidós años y obtuvo una beca para seguir sus estudios de Arquitectura en Suiza. Entonces la mandaron a fotografiar el área de un terreno por urbanizar. Cuando regresó y le mostró las fotos a su jefe escuchó algo así: «¿Qué es esto? ¿Cómo las has sacado?». El suizo estaba sorprendido y Evelyn también. No lo pensó más. Renunció, se compró un pasaje de regreso a Lima y una cámara.

¿Qué aprendiste después de fotografiar la ciudad por siete años?
Me enamoré totalmente de Lima. Siempre preferí vivir en Europa; ahora no. Aprendí a cambiar de punto de vista para redescubrir las cosas y eso también lo aplico en mi vida, trato de ver las cosas más alejadas para resolverlas.

¿Por qué tardaste seis años en lanzar Lima más arriba?
Me dediqué a producir, producir y producir. Necesitaba que el proyecto madure, el tema no podía ser solo Fotografía Aérea. Tenía que existir algo detrás. Así que llamé al historiador Henri Mitrani, él sabe de Lima más que nadie, y le enseñé mi trabajo para ver qué faltaba.

¿Y qué faltaba?
Mi visión era muy cerrada. Me encanta fotografiar de manera cenital, [noventa grados], pero para entender el crecimiento de la ciudad, el urbanismo, tenía que cambiar ese ángulo. Temía que pareciera una toma muy normal, pero me di cuenta que enriquecía mucho la información de cada imagen.

¿Se puede acabar de fotografiar Lima?
Nunca va a acabar porque hay un tema de evolución que me encanta. Tengo fotos de un lugar de hace cinco años y hoy, cuando vuelvo a fotografiarlo, es totalmente distinto.

¿Imaginaste que tu trabajo podría pertenecer al archivo histórico del país?
Siempre supe que mi trabajo estaba hecho para compartir. Mis fotos son para los demás. Si tienen esa importancia para la gente, yo soy feliz.

¿Alguna vez estuviste a punto de rendirte?
Casi todos los días de los últimos años. Trabajé mucho y la gente no creía en la Fotografía Aérea ni en mi propuesta. Pero la idea era [es] seguir. La satisfacción que me da venir a trabajar no la cambio por nada.

Conquistar los aires
«La Fotografía cambió mi vida. Hay mucho de aprendizaje en este trabajo. Ahora pienso en mi hijo de cuatro años y en que quiero que conozca cómo era su ciudad», dice la fotógrafa que puede encontrar vida en una necrópolis. Se trata de una fotografía inmensa, panorámica, del cementerio de Villa El Salvador, el segundo más grande del mundo. Desde arriba, las lápidas en el arenal parecen bloques blancos de Lego. «Es increíble cómo una foto puede transformar las cosas. Está lleno de muertos, así de fría es la cosa, pero no puedo ver la muerte ahí. Esta foto está llena de color y textura. La idea de la muerte trasciende y gracias a esta imagen para mí la muerte no existe». Imágenes como esa serán expuestas en setiembre en Nueva York, en un evento que el Instituto Cervantes organizará para celebrar los quinientos años del descubrimiento del Océano Pacífico. Por ello ha dedicado una semana al Perú, que tiene la única capital de Latinoamérica que mira al mar.

¿A dónde te gustaría llegar?
Ahora vuelo a 2 mil metros, pero hay fotógrafos que trabajan en aeronaves especiales con máscaras de oxígeno. Me encantaría volar más arriba, sueño con llegar al espacio.