Rebelde con causa

Por Rodrigo Alomía/ Fotos de Jorge Anaya
Tras un periodo de idas y vueltas entre el Perú y Chile, en 2014 Alessandra Denegri se estableció en Lima para integrarse a la sexta temporada de la exitosa serie Al fondo hay sitio y concretar dos proyectos cinematográficos. Fiel a su estilo, sigue sin callarse nada: habla sobre la tele, los escándalos, el rol de la mujer en la sociedad y de por qué no le daría miedo dejar de ser actriz de un día para otro.
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Lunes 15 de diciembre. Son las diez de la noche y miles de peruanos no salen de su asombro por lo que acaban de ver en las pantallas de sus televisores. Su serie preferida, Al fondo hay sitio, ha vuelto a poner punto final a otra temporada regando intrigas y sorpresas que nadie esperaba. Una de ellas, quizá la más impactante, es que Joel Gonzales eligió a Fernanda de las Casas para llevarla al altar, y desechó a la que había sido su enamorada durante toda la temporada: Cayetana Bogani.

A estas horas, las redes sociales de Alessandra Denegri hierven en comentarios de todo calibre. Cayetana, el personaje que interpretó por vez primera en 2010, se ha vengado de Fernanda al mandar a sus secuaces a que le tiraran barro en su vestido de novia. Y eso la mayoría de fans de la serie no se lo perdonan.

«Me llegaron desde insultos hasta comentarios de gente que me amenazaba con tirarme un puñete si me veía en la calle», dice Alessandra dos días después del final de la temporada, desde una casa en Miraflores a la que ha llegado para la entrevista. Su pelo, aún húmedo por la sesión de fotos que acaba de protagonizar en la playa, hace que luzca aún más desenfadada, más fresca, más atrevida… un detalle que acentúa sus ojos felinos, que parecen estar a punto de hablar.

Ya en 2010 habías tirado barro a otro querido personaje de la serie [Grace, interpretada por Mayra Couto]. ¿Por qué hacerlo de nuevo?

[Risas] No sabía lo que iba a pasar exactamente; no me dijeron nada. Solo grabé las escenas del matrimonio; ese fue el único guion que me dieron. No sabía cómo esto iba a tener relación con la historia. Todo era muy secreto.

Entonces te enteraste como el resto: viendo la tele.

Sí, como el resto de peruanos y todos los demás actores. Solo nos pasaron extractos del guion, y ese lunes grabamos las últimas escenas.

¿Es un buen final para Cayetana Bogani?

Esperé un poco más de este personaje, pero también entiendo que había que meter muchos finales en muy poco tiempo, y eso es complicado para los guionistas.

En Twitter circuló el hashtag #siyofueracayetana… ¿Qué harías si realmente fueras Cayetana?

[Vuelven las risas] Hubiera experimentado con este lado más salvaje de su locura… bastante más. Creo que no lo explotamos. En un principio pensé que entraba a la serie para ser un personaje antagónico, la villana de antes.

Pero hubo un gran cambio y pasaste a ser la buena.

¡Y me pareció superdivertido!, pero creo que, dentro de este cambio, no exploramos la maldad y la locura que devenían del rechazo más grande que había sufrido en la vida. Y el barro me parece histórico, pero tal vez hubiera sido interesante hacer una maldad más original.

Es curioso: la gente que te insulta lo hace porque se ha creído tu actuación.

Bueno, la sensación que tengo en la calle es que las personas creen que soy Cayetana Bogani. Y no solo por las cosas negativas, sino también por el cariño. Cuando voy al doctor me dicen ‘chamaquita’ o incluso Cayetana…

¿Te molesta?

No, me parece curioso, gracioso… es la prueba de que el personaje ha calado y que la gente lo ha disfrutado. Te da un poder alucinante entrar a la casa de las familias a la hora en que todos están reunidos alrededor de la televisión. Lo agradezco, pero al mismo tiempo me da pudor. Yo no soy Cayetana.

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PALABRAS EXTREMAS

A Alessandra Denegri le cuesta colocarse en puntos medios. Por ejemplo, hace años propinó un gancho en la boca del estómago a una chica de su colegio que se burlaba de una de sus amigas solo porque estaba embarazada. Alessandra prefiere actuar antes que quedarse callada y sumisa.

Hace más de noventa años psiquiatras y psicoanalistas europeos acuñaron el término borderline para referirse a la condición humana que evita los centros y se vuelca hacia los extremos. «Yo soy un poco border, pero lo acepto y no me molesta», confiesa Alessandra. «Creo que eso me hace apasionada frente a muchas cosas y me hace vivir con intensidad». Por eso le cuesta entender qué significa ser rebelde. «¿Es ir contra lo establecido?», se pregunta con ironía, mientras esboza una sonrisa cómplice, coqueta. «Si ser rebelde es vivir la vida que quiero y no la que me dicen que debería vivir, entonces soy rebelde a tiempo completo».

Hablando de rebeldía, saliste en defensa de Vania Bludau a raíz del escándalo que se armó en los medios por las fotos photoshopeadas que hizo para un calendario.

No la conozco personalmente, pero estoy cansada de que la gente crea que una mujer solamente puede ser bella si es de una forma determinada. Como si los hombres nunca hubieran visto a una mujer de verdad. Las mujeres tenemos celulitis, estrías, nos salen granos; tenemos un día malo y uno bueno, pero seguimos siendo bellas y teniendo cosas que aportar.

¿Eres feminista?

Al cien por ciento. No porque crea que la mujer es mejor que el hombre, sino porque estamos muy lejos de conseguir los mismos derechos. Nos falta eso en varias partes del mundo, y, sobre todo, en este país, donde la prensa de espectáculos trata a la mujer como si fuera un pedazo de carne, como a una prostituta, solo porque quiere acostarse con quien le da la gana.

Dicen que el hombre que se acuesta con cinco desconocidas es un casanova, pero la mujer que hace eso es una…

La mujer es la comidilla o es la víctima: ¡pobrecita! Es la santa o es la puta, no hay la mujer que simplemente quiera divertirse, pasarla bien y follarse a quien se quiera follar. Me indigna lo que dijeron de Vania; me parece que afecta la autoestima de cualquiera; más si aparece en un diario que se supone serio [se refiere a la república].

Fue la noticia del mes.

Es un tema de educación. Ahí falla la prensa, porque no solo tiene que informar, sino también educar… Luego nos quejamos de que Castañeda salga elegido alcalde.

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UN FUTURO DIFERENTE

Alessandra tiene un tatuaje en su antebrazo derecho. ‘Libre’, se lee en tinta negra sobre su piel blanca. Se lo hizo en el verano de 2013, cuando vivía en Chile. «No sé si de verdad soy libre…», confiesa, y con los dedos de la mano izquierda rodea su muñeca derecha, justo a la altura del grabado. Luego reflexiona durante unos segundos. «Por lo menos este tatuaje me recuerda que debería serlo».

Un repaso por su vida familiar podría confirmar la dosis de libertad que por un instante duda poseer. Creció en un hogar católico, con dos padres que hasta hoy siguen asistiendo a la iglesia todos los domingos del año; sin embargo, aunque no desestima las creencias que le inculcaron, ella se mantiene a un lado y se define como un ser espiritual, que cree tanto en Jesús como en buda. Es la penúltima de cinco hermanos con profesiones, llamémoslas, ‘serias’: la mayor es administradora y trabaja con su padre; la que le sigue es catedrática en una universidad en Inglaterra; el tercero está cursando una maestría en Derecho Internacional en Ámsterdam, y la menor estudia Administración en España. Alessandra es la actriz. La que de adolescente quería ser bailarina de danza contemporánea y más tarde estudiaría periodismo para luego abandonarlo por el diseño gráfico.

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¿Cómo reaccionan tus padres ante tus cambios y decisiones?

Creo que ya no se sorprenden. Nos ha costado mucho encontrar un lugar en el que nos aceptemos, pero creo que estamos llegando a eso. Sé que mañana estarán siempre para mí, pase lo que pase.

Cuando eras niña, ¿qué imaginabas de ti en el futuro?

Probablemente me imaginaba casada, con hijos, llegando virgen al matrimonio…

¿Qué pasó?

No lo sé… creo que me di cuenta de que había cosas más divertidas. Simplemente un día desperté pensando así, pero fue lo que pasó… por suerte.

Recuerdo haberte visto en las escenas de baile de un film de Bollywood que grabaron en Machu Picchu.

[Risas] ¡He hecho de todo! Pero que hoy esté actuando no significa que lo haré por el resto de mi vida. Mañana puedo decidir que quiero ser historiadora, y normal. Se pueden vivir muchas vidas dentro de la vida misma.

No hay por qué cargar con una etiqueta para siempre.

Exacto. No me da miedo dejar de actuar. No estoy amarrada a nada. Tengo muchas cosas en la cabeza y pocos años para hacerlas.
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