Ramón Ferreyros

La fortuna de un piloto sin cábalas

Escribe: David Gavidia / Fotos: Macarena Tabja
Hace treinta años, el piloto peruano con más participaciones en campeonatos mundiales de rally abandonó sus estudios de Administración en Estados Unidos para vivir de la velocidad de un automóvil. Su padre lo aceptó pero su madre aún vive con sobresaltos. No es fácil conducir a doscientos kilómetros por hora sin preocuparse del futuro. Menos cuando se es padre de cuatro hijos y esposo de una de las videntes más consultadas del Perú. ¿Puede vivir sin cábalas un piloto que sí cree en el destino?
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El video dura dos minutos. La cámara colocada al interior del automóvil de Ramón Ferreyros registró el momento. En las imágenes se verá que el auto no esquivará un badén, chocará contra un muro, saldrá del camino y dará nueve vueltas de campana. El auto blanco quedará destrozado, como una galleta pisoteada. Por varios segundos el piloto quedará inconsciente. «¡Ramón!, ¡Ramón! ¿Estás bien?… ¡Ramón!», le preguntan en medio de ese arenal de Chincha, en aquel verano de 1999.

No hay respuesta. Luego de aquel choque, Ferreyros tuvo que abandonar la competición.

«Fue el peor accidente de mi carrera», recordará catorce años más tarde, mientras recorre el hangar 1008 de la Fuerza Aérea del Perú, a donde ha llegado esta tarde para una sesión de fotos. «En esta profesión la buena suerte no existe pero la mala, sí». Sabe que tiene la fortuna de vivir para contar aquella experiencia. Otro hubiera salido herido. Pero él no.

El destino, dice, lo tiene entre sus favoritos.

En tres décadas como piloto profesional Ramón Ferreyros Pomar ha corrido en doscientas competiciones –fuera y dentro del país– y alcanzó el título en ochenta ocasiones. Es el piloto peruano con más participaciones en campeonatos mundiales de rally. Durante esos años, no ha tenido lesiones graves, ni fracturas serias, ni heridas grandes. «Soy muy cuidadoso», asegura. Por ahí habrán fisuras, dolores en la columna, pequeños golpes en las manos. Pero nada serio. Su carrera está ligada al éxito. En una habitación de su casa tiene una sala acondicionada para sus más de cien trofeos. Ha sabido cosechar sus triunfos cada cierto tiempo y sin vanidad.

«Es muy tranquilo, vive en paz y con mucha calma», cuenta Josie Diez Canseco, una de las videntes más consultadas del Perú y esposa del piloto desde hace doce años. La tranquilidad es difícil de concebir en un hombre que maneja un bólido a doscientos kilómetros por hora. «Es muy lento», bromea Josie. Y no se refiere a una lentitud extrema para pensar las cosas, sino para actuar en determinadas circunstancias. Ramón Ferreyros toma las cosas con calma, las reflexiona y las hace. Se sienta detrás del timón con una seguridad increíble y recorre a toda velocidad circuitos tan difíciles como los de Bélgica, China o Finlandia, pero en Lima hasta los buses lo sobrepasan. «¿Para qué correr?», se pregunta el piloto de rally que no tolera el tráfico de la capital. Detrás suyo se levanta un aura inquietante. Sabe que haga lo que haga lo hará con paciencia y bien. ¿Qué hay detrás de tanta tranquilidad? «Seguridad en mí mismo», responde cruzando los brazos.

Pero podemos esbozar una teoría. Toda esa fuerza mental no solo sea parte del trabajo físico, también puede nacer de la fortaleza que le regalan las barajas del destino. Aunque Ferreyros no lo admite, en el fondo lo podría aceptar. Su esposa, la astróloga, lo confirma.

«Siempre me pide que le lea las cartas. Antes no creía nada, pero ahora no puede vivir sin preguntarme», cuenta Josie Diez Canseco y se ríe por teléfono. «A veces quiere que le diga qué pieza o qué tornillo del motor se malogrará para cambiarla. Pero yo no puedo hacer eso con tanta precisión». Ferreyros dice que el destino lo hace uno mismo, pero consultar las cartas le da un plus que puede aprovechar. «Quiero enseñarle mecánica a Josie para que sea más exacta», bromea el piloto.

—¿Nunca te predijo un accidente o te sugirió que abandonaras una carrera?

—Nunca, pero tampoco dejaría de correr porque soy un profesional. Tal vez iría con un poco más de cuidado. Muchas veces me ha dicho: no te vayas a presionar, o no te estreses si no estás primero, o si te presionas puedes tener un accidente. Sus consejos me ayudan a estar más tranquilo.

—¿Y si te pronosticara una tragedia?

—Le recordaría que hace mucho tiempo me dijo que yo nunca iba a tener un accidente grave en autos. Ya está.

Ramón Ferreyros ha logrado triunfos en Bélgica, Gran Bretaña, en Argentina y su último triunfo internacional lo consiguió en 2012 en Teruel, España. Sin embargo, el que más recuerda su copiloto, el argentino José María Rodríguez, fue el que obtuvieron en 2006, en el rally de Chile.
Ferreyros ha dicho en infinidad de oportunidades que no tiene ni cree en las cábalas. Sin embargo aquel año fue la excepción. Rodríguez es hincha del Belgrano argentino. Cada vez que competía junto a Ramón, metía en su mochila la camiseta celeste del equipo cordobés. «Con ella campeonamos. Un día Ramón no me la vio y me preguntó: “¿Dónde está la camiseta?” Se había convertido en nuestra cábala. Luego se la regalé».

—La tengo guardada —dice Ramón Ferreyros—. Es un gran recuerdo. Pero más que una cábala son costumbres que uno tiene para ayudarse de alguna manera. Es como el entrenamiento físico. Si estás bien preparado llegas más confiado.

—¿Llevaste la camiseta en el último Dakar?

—No. Tal vez por eso el carro tuvo se averió.

Ahora el piloto peruano recuerda el Dakar 2013 con nostalgia. Abandonar la carrera fue otro de los momentos más duros de su carrera. «Con Ramón vengo corriendo hace siete años. Pero debo admitir que en esa ocasión fue la primera vez que lo vi llorar», cuenta su copiloto argentino. «Íbamos muy bien, pero el carro nos falló».

Ramón Ferreyros es capricornio. Su carta astral dice que es tenaz y persistente en alcanzar sus metas. Por eso no sorprende que ahora se esté preparando para correr en las próximas cuatro ediciones del Dakar, la carrera de autos más peligrosa y exigente del mundo. Hasta ahora han muerto veintitrés participantes. Cada año fallece un piloto. En la última edición, en la frontera Perú-Chile, dos perdieron la vida y diez quedaron heridos. La ciencia, la precisión, el talento juega al cien por ciento. No hay mucho espacio para la suerte ni para la fe, dice Ferreyros. Dios no es su copiloto.

—No me persigno. No tengo imágenes. No soy creyente en nada. Solo creo en mi esfuerzo para lograr las cosas.

Su respuesta es la de un hombre que posee esa ambición que rige a los nacidos bajo su signo. Capricornio: Ramón Ferreyros no puede vivir sin velocidad, pero su carta astral también lo define como un tipo centrado y quieto. Sabe vivir con esa dualidad.

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Hay cruces esotéricos que a veces te llevan a encontrar tu camino. Si Julio Ramón Ribeyro halló en el cigarrillo su motor para la escritura, Ramón Ferreyros obtuvo en un regalo el motivo de su existencia. A los dos años, su padre le obsequió una pista de carrera de juguete. «Quedé alucinado», recuerda. Ahí comenzó todo. A los doce convenció a un operador de tractor para que lo dejara manejar su vehículo. A los trece, le pidió a su madre que lo dejara sacar el auto de la cochera. A los quince, viajó a los Estados Unidos para terminar la secundaria y encontró la oportunidad ideal para convertirse en piloto de carreras: ingresó a una universidad de California a estudiar Administración, pero no porque le fascinara, sino porque allí cerca había competencias de rally. A los dieciocho, su padre le regaló un volvo blanco del 68’ que al poco tiempo terminó equipado para competencias con el dinero que pudo ahorrar. Ferreyros lavó alfombras, almorzaba bolsas de papas fritas de veinticinco centavos de dólar para comprar todo lo que necesitaba su automóvil. Pronto, su padre terminó aceptando su decisión. Pero su madre aún sufre de insomnio cuando sabe que su hijo correrá al día siguiente.

No todo es fortuna en la vida de Ramón Ferreyros. Sabe que el éxito no tiene que ver tanto con lo que diga el tarot, pero sí con un régimen extenuante. «Es un deportista nato», dice Vania Pedraglio, su preparadora física. «Tiene un límite superior al de muchos». Ramón Ferreyros practica paddle surf para fortalecer los músculos de su espalda, corre tabla en Miraflores y conduce una 4×4 en las dunas de San Bartolo cada semana. Dice que es una forma de entrenarse para el próximo Dakar. El piloto, sobrino del surfista Felipe del Pomar, es un apasionado del mar. Su otro gran hobby son los aviones. Por eso, para Ramón Ferreyros dice sentirse como un niño en Disney World mientras recorre los hangares de la Fuerza. Mira un avión y se acerca a preguntar por él. Consulta por las piezas de naves, intercambiaba opiniones con los oficiales. Hablaba de helicópteros como si se tratase de carros. Parece un experto.

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«En tiempos de vacas flacas estuve a punto de dejar el automovilismo y convertirme en piloto de Aerocóndor», cuenta, junto a los aviadores que lo miran, admirados. «Luego la aerolínea quebró. Por suerte no entré. Me salió un buen contrato y me dediqué a correr».

Ramón Ferreyros es un tipo carismático. No sabe decir que no. Eso dicen quienes lo conocen de cerca. «Es uno de mis mejores amigos. Siempre con buen semblante. Listo para dar consejos. Tiene el talento natural para ser piloto», lo describe el periodista deportivo Kike Pérez. «A mí me dijo que saliera al extranjero para mejorar mi nivel de competencia», recordó Nicolás Fuchs, luego de convertirse en campeón mundial de rally –el primero que tiene el Perú– a comienzos de agosto de este año. Ramón Ferreyros es un referente para muchos pilotos que triunfan ahora.

El campeón de rally que sí cree en el destino. Cumplirá cincuenta años en diciembre y su esposa, la astróloga, le realizará un baño de florecimiento como es su costumbre. Fuera de ello, Ferreyros aspira a seguir en competiciones y vivir en paz con sus hijos: dos de ellos ya le piden que los suba al chachi car. «Qué puedo hacer si es lo que quieren», dice Ramón, encogiendo un poco los hombros, como aceptando que eso puede ser parte del destino.
«Seguro que alguno saldrá aficionado. Pero yo preferiría que fueran pilotos de avión», dice y se ríe. Ferreyros sabe que la vida de un piloto como él no es fácil. Es complicado vivir a la sazón de lo inesperado, de esas fallas mecánicas que pueden sacarlo de carrera. El futuro es un reto cotidiano, sobre todo cuando uno aspira a quedar entre los mejores en una competencia tan dura como el Dakar y seguir en el mundo del rally por varios años más. «¿Pensar en el retiro? No, aún tengo para rato y ganas de obtener otros títulos importantes. ¿Por qué no?». El destino –repite Ramón– lo tiene entre sus favoritos.