¿Quién protege las líneas?

Por Iana Málaga
En 1994 la Unesco reconoció a las líneas de Nasca como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Dos décadas después no está demás empezar el año explorando el origen de uno de los mayores atractivos turísticos del país para que los múltiples trazos y figuras que alberga no caigan en el terreno del abandono [o del maltrato].
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El misterio que las envuelve logra jalar el ojo de cualquier turista sin importar su procedencia. Más allá del lamentable incidente que hace unos días sufrió la zona cercana al colibrí característico de las líneas, cabe preguntarse ¿cuál es el origen de estos enigmáticos trazos ubicados en medio del desierto?

Según investigaciones del Ministerio de Cultura, unas primeras líneas y geoglifos se trazaron durante el periodo de la cultura Paracas, pero fue en la cultura Nasca [200 a.C. a 650 d.C.] que estas mostraron un mayor nivel de desarrollo. A lo largo de la zona se calcula que existen más de 10.000 líneas y 70 figuras de dimensiones gigantes. De ellas, de acuerdo con el arqueólogo Rubén García, de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Ica, las más representativas se ubican en la pampa de Nasca, a la altura del kilómetro 450 de la Panamericana Sur. Es más, si uno se trepa a una avioneta, podrá visualizar animales como el mono, el perro, la araña y diversas aves, así como otras formas de utensilios que nuestra antigua civilización utilizaba en su vida cotidiana. «Pero las imágenes más comunes son triángulos, trapecios y rectángulos», apunta García.

El arqueólogo precisa que para trazar las líneas se utilizó una técnica muy sencilla que consistía en remover la capa superficial de piedras rojizas que hay en la pampa, y que contrasta con la superficie de tierra fina que se encuentra más abajo. «La falta de lluvias al sur del Perú permitió que las figuras perduraran en el tiempo», añade.

Según Krzysztof Makowski, profesor principal de la Universidad Católica y arqueólogo polaco radicado en el Perú, las líneas de Nasca siempre resultaron familiares para los lugareños del sur del país, pero recién entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en una fuente inagotable de estudio para diversos investigadores peruanos y extranjeros. Hoy la evidencia demuestra que, además de ser una obra extraordinaria, aportan un testimonio único de una civilización desaparecida.

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El papel del turismo

Inés Vicuña, docente de Turismo en la Universidad de San Martín de Porres, indica que en la zona de las líneas siempre hay mayor afluencia de turistas extranjeros. «Los que más nos visitan son franceses, ingleses, japoneses, chilenos y argentinos», añade. ¿Pero cuánto se puede incentivar el turismo en una zona supuestamente protegida? Según reportes del Ministerio de Turismo, en las áreas colindantes con la pampa de Nasca abundan las invasiones urbanas, y cada día crece la minería informal [Vicuña suma el vandalismo como otro mal característico del área]. Y aunque no afecta la zona protegida por la Unesco, las actividades del Dakar colindantes a las líneas también promueven el ingreso de personas non gratas al patrimonio.

De acuerdo con Promperú, en 2013 alrededor de 68.777 turistas peruanos y extranjeros visitaron las líneas de Nasca, pero al cierre de 2014 esta cifra podría cerrar con una ligera tendencia a la baja, pues se trata de un atractivo que no ha recibido grandes inversiones.

Para Makowski, tanto estos hechos como el tristemente célebre mensaje que Greenpeace dispuso sobre las líneas [Time for change! The future is renewable] son una clara advertencia de que estas requieren de mayor protección de las autoridades encargadas. «En la zona de conservación solo contamos con cuatro vigilantes especializados», refiere García, y reconoce que hace falta que el Estado eleve el presupuesto destinado a preservar las líneas y su ámbito de influencia, ya que, por ahora, solo se mantienen en buen estado gracias al dinero recaudado de las visitas guiadas.

Pero no nos lavemos las manos. Si bien el Ministerio de Cultura y la Dirección Regional de Cultura de Ica son las entidades encargadas de velar por el cuidado de las líneas, este tema requiere una mayor participación del sector privado [de las agencias de viajes, por ejemplo] y de la sociedad en su conjunto, a fin de promover una adecuada gestión del monumento y del turismo responsable.

Como sostienen los especialistas, las amenazas siempre existirán, pero no podemos bajar los ojos cuando se trata de proteger un patrimonio que pertenece a todo el mundo. Las líneas de Nasca son frágiles; si buscamos preservarlas a través del tiempo, debemos dedicarles más atención.
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LA DAMA DE NAZCA

En la historia de las líneas resalta la alemana María Reiche.

En la década de 1950 Reiche sobrevoló Nasca con el antropólogo estadounidense Paul Kosok, e hicieron las primeras fotos aéreas de las enigmáticas figuras. «Reiche era una profesora de matemáticas que estudió las líneas desde 1940 hasta el año de su muerte, en 1998», refiere Makowski.

A lo largo de su vida, Reiche sostuvo que las líneas fungían como un calendario astronómico para la cultura Nasca. Pero Makowski enfatiza que ahora existen evidencias que demuestran que las figuras se delineaban a manera de ofrenda, como un modo de reafirmar la creencia de nuestros antepasados en el más allá. «Eso nos da cuenta de una civilización sumamente religiosa», puntualiza.