ALTER EGO
Ugo Plevisani Ugo Plevisani

Ugo Plevisani

61 años. Chef / Percusionista

Por Rodrigo Alomía / Fotos de César Campos
A Ugo Plevisani no le interesaba la comida cuando era un niño. Comía muy poco, casi nada, y su delgadez preocupaba a su familia. No sería hasta que su padre compró una finca en Orvieto, Italia, cuando descubrió a fondo la gastronomía y se interesó por ella. Años más tarde se convertiría en uno de los principales referentes de la cocina italiana en el Perú. Mezcla y crea nuevas delicias con el mismo deleite que dedica a su otra pasión: la percusión.

Nací en el Perú, pero a los diez años fui a vivir con mis padres a Italia, su tierra natal. A inicios de los setenta viajé a Estados Unidos a seguir mis estudios en Humanidades. Allí noté cómo algunos estudiantes se tomaban muy en serio la cocina.

Cuando regresé al Perú a los veintinueve, ya sabía cocinar. Empecé a trabajar en la misma televisora que la cocinera Teresa Ocampo. Un día ella me invitó a su programa y preparé la pasta molotov, que consiste en usar vodka con ajíes macerados en la preparación de la salsa.

Cocinar en un restaurante no te lo enseña ninguna escuela. Un día decidí que no quería ser empleado de nadie y compré el restaurante La Trattoria di Mambrino en Miraflores. Ya tenemos veintiséis años y cinco Bodegas de la Trattoria en Lima.

Siempre me gustó la percusión, y desde niño aprendí a tocar la batería. Pero a los catorce años quedé decepcionado cuando vi a un muchacho tocar su batería de una forma más libre y menos formal que la mía, al estilo de Ginger Baker. Dejé el instrumento y comencé a interesarme por otros.

Adoro la música afrocubana folclórica tanto como la afroperuana; nunca me canso de escuchar sus sonidos. Las congas más antiguas que tengo las compré a mi regreso al país. Fueron creadas para la agrupación Perú Negro, y están hechas de madera de diablo fuerte.

Hace poco mi amigo Dante Albertini me invitó a que tocara mis congas con su grupo musical. Me moría de miedo porque no soy un profesional, pero esa noche, en el Cocodrilo Verde, la presentación salió bien. Trabajar en equipo es muy bello.