Mariano Vivanco

En exclusiva desde Londres

Por Mariano Olivera La Rosa / Fotos de Mariano Vivanco
Las mejores revistas de países tan diversos como Brasil, Reino Unido, Japón o Rusia ya le han confiado sus portadas. Vogue, Vanity Fair, GQ, Elle… Rihanna, Lionel Messi, Emma Watson, Katy Perry… todos tienen algo en común: han pasado por su lente. ¿Qué tiene de especial este fotógrafo nacido en Miraflores?
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En temporada de otoño, el sol en Londres se oculta antes de las seis y media de la tarde. Un rato antes, alrededor del famoso mercado de Chapel Market, los pubs empiezan a animarse con la llegada de los primeros clientes. Las pintas de cerveza inician su procesión hacia las mesas de madera, y, si se afina el olfato, puede sentirse el aroma a mantequilla de las jack potatoes que humean en los puestos de comida callejera.

En medio de esa atmósfera, bajo el último haz de luz del día, Mariano Vivanco se detiene en plena acera para posar frente al lente de su propia cámara. El look casual, la barba de cinco días y una sonrisa ajena a las poses lo distancian del empalagoso glamour que podría esperarse de un fotógrafo de su calibre. Incluso a mí, que sé quién es, me hacen dudar: ¿este hombre realmente es el que ha fotografiado en tres sesiones a Rihanna?; ¿el que es amigo de Irina Shayk?; ¿el que ha logrado que Lio Messi parezca el quinto Beatle?

«Trabajo en la industria de la moda, pero no frecuento mucho ese mundo –dice Mariano–. Mi estilo es muy simple, como yo. Mi pareja [el británico Junietsy De Marcos, quien además dirige su estudio fotográfico] me dice que tengo que vestirme mejor, que la gente me ve y me juzga… Una vez estaba invitado a una fiesta en París junto con una amiga fabulosa de Nueva York, Inga Rubenstein [ex modelo y coleccionista de arte], y yo solo tenía una casaca de cuero. “Mariano, tú puedes vestirte como quieras”, me dijo Inga. –Suelta una risa divertida–… Yo soy así. No tengo que estar a la moda; nunca lo he hecho».

Alumbrado por los últimos rayos de luz solar, Mariano confiesa que le encanta la sensación del atardecer. Le hace recordar al Callao, a la época en que iba a visitar a su abuela materna, que vivía allí. «La sensación que tienes cuando estás en el Callao es muy grande», comenta. «Creo que la transmito en algunas de mis fotos; sobre todo cuando se ve un paisaje». Son los que él llama ‘momentos reales’, instantes mágicos en los que logra capturar una imagen que lo traslada a un momento especial de su vida.

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Primeros rollos

No sé si Mariano Vivanco tiene una memoria prodigiosa, pero sí elefantiásica. Recuerda, por ejemplo, chapotear en el lavadero de la cocina mientras su hermana Emily lo bañaba cuando apenas tenía un año [«me acuerdo mucho de mi niñez; no sé por qué, pero tengo recuerdos muy claros»]; bailar al ritmo de Donna Summer cuando tenía dos [«la música es esencial en mi trabajo; me ayuda a expresarme, a crear un ambiente»], y amar la edad de oro del cine italiano cuando tenía cinco [«mi primera obsesión fue el cine: memorizaba a todos los ganadores de los Oscar hasta la década de los ochenta; ahora me los he olvidado un poquito»].

Mariano también recuerda que en casa nunca sintió reparos por su orientación sexual. «Mis padres siempre han sido muy respetuosos. Jamás harían algo para herir a las personas o tratar de cambiar lo que son. Tengo la buena fortuna de que aceptaron todas mis decisiones».
En casa eran cinco: él; sus hermanas Emily y Paloma; su madre María Elena Cuéllar, una amorosa moqueguana que «se parecía un poquito a Sophia Loren» y le inculcó el amor por el séptimo arte; y su padre, Henry William Vivanco, un científico ayacuchano de ascendencia escocesa que consiguió que naciera la primera ternera por clonación de una vaca [bautizada con el nombre de Elsie].

Fue a raíz del trabajo de su padre que se mudaron a Nueva Zelanda cuando Mariano tenía cinco años. Desde entonces no ha vuelto a vivir en el Perú [sí lo ha hecho en Australia, Nueva York y, ahora, en Londres, de donde no tiene planeado irse].

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Si su primera pasión fue el cine, la segunda fue la moda. La descubrió en su adolescencia, en Nueva Zelanda, gracias a una amiga que compraba las ediciones británicas de VOGUE y las llevaba a casa de Mariano para que él las viera. A partir de ese punto el futuro fotógrafo, que hasta ese momento ni siquiera sabía qué cosa era VOGUE, se convirtió en un asiduo consumidor de esta clase de publicaciones. «Todavía creo que las revistas británicas son las más espectaculares. Las norteamericanas son más conservadoras».

Al poco tiempo, para terminar de armar el efecto dominó, le tocó vivir el trance del amor a primera vista. Tenía dieciséis años cuando uno de sus amigos se compró una cámara de fotos y lo dejó interactuar con ella. Al contacto con la máquina, aun sin necesidad de usarla, Mariano se sintió absolutamente vivo. Feliz.

De inmediato, fiel a su carácter impetuoso, tomó una decisión irreversible: dedicaría su vida a la fotografía. No evaluó si le convenía, si tenía o no talento, si le iría bien o fracasaría en el camino: la pasión que experimentó fue tan intensa que arrasó con todas sus dudas. Ya no existía otra opción para él, pese a que su padre, en un inicio, le advirtió lo que los padres de los hijos que quieren ser fotógrafos suelen advertir: «con eso no vas a ganar dinero, Mariano». Después matizaría su consejo con otro que suena a presagio: «si estás convencido de que quieres dedicarte a la fotografía, entrégate a ella y conviértete en el mejor del mundo».

Así comenzó Mariano. Primero estudió fotografía en Australia, y luego volvió a Nueva Zelanda y fue a hablar con varios fotógrafos para ofrecerse como asistente, sin que ninguno se interesara en él. Pero, de pronto, uno de ellos se animó a hacerle una simple sugerencia: «¿por qué no pruebas a hacer carrera por tu cuenta?».

«Mario Testino es un genio, el top en nuestra industria; lo respeto y admiro muchísimo, pero la gente no nos compara. Si nos vemos en una fiesta, hablamos un poquito, pero no somos amigos íntimos»

Era todo lo que Mariano necesitaba oír. Empezó a llamar directamente a las casas de moda y publicaciones locales que hallaba en el periódico hasta que una de ellas le dio la oportunidad que buscaba. [La revista que le encargó su primer editorial se llamaba TULP. Aún existe, y Mariano aún guarda una copia de la edición que publicó sus primeras fotos].

A Londres llegó el 1 de junio del 2000. Al igual que cuando comenzó su carrera, lo hizo solo, con algunos ahorros y mucha ambición, pero sobre todo con unas ganas enormes de trabajar para las revistas británicas que tanto admiraba.

–¿Crees que si te hubieras quedado más tiempo en el Perú te habría sido más complicado llegar a ser el fotógrafo internacional que eres ahora? –le pregunto.

Mariano tarda unos segundos en contestar. Luego responde:

–Al cien por ciento porque todo mi trabajo viene del extranjero. Tuve mucha suerte de que mis padres salieran a vivir a Estados Unidos y a Nueva Zelanda. Si me hubiera quedado en el Perú, no sé si se me habría cruzado por la mente venir directamente a Londres. Mi carácter es fuerte –sonríe con picardía–, pero taaan fuerte… no lo sé.

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Postales del presente

Imagina abrir los ojos frente a una playa de agua cristalina y arena blanca, rodeado de frondosas palmeras y sin ningún automóvil que pueda hacer bulla en ninguna de las 365 islas que forman el archipiélago donde te encuentras. Imagina ahora que si alzas un poco la vista posiblemente a unos metros te topes con la cantante Rihanna haciendo topless en medio del paisaje. Luego imagina que te pagan por estar ahí, y no solo eso: te pagan por hacer fotos a Rihanna sin necesidad de sentirte un inoportuno paparazzo.

«La moda no es la misma de antes. En los noventa era más pura; solo había diez fotógrafos famosos y seis supermodelos. Hoy todo el mundo se llama supermodelo. Pero no es algo malo: es un cambio»

Algo parecido vivió Mariano Vivanco a principios del 2014, cuando Rihanna estuvo feliz de hacer fotos con él por tercera vez en un año. La sesión tuvo lugar en una paradisiaca playa de Angra dos Reis, a 150 kilómetros de Río de Janeiro, y en mayo apareció en la portada de aniversario de VOGUE Brasil.

–¿Cuando empezaste soñabas con el éxito que estás teniendo? –le digo.

–¿Lo soñaba? –se pregunta Mariano a sí mismo, en voz alta, como si para los sueños no tuviera tan buena memoria como para la realidad–… Ummm… soñaba hacer fotos de Linda Evangelista. Pero después de fotografiar a Rihanna la primera vez [en abril del 2013 para ELLE Reino Unido] se me vino a la mente que ella, de alguna manera, es la Linda Evangelista de nuestros días. Creo que si sueñas tus deseos con intensidad, van a terminar por cumplirse.

–Los artistas y deportistas de élite siempre comentan que su ritmo de vida, colmado de viajes y eventos, no los deja echar raíces ni hacer muchos planes. ¿Tú cómo llevas esa vorágine?

–Exactamente igual. Imagínate, hace un mes volamos a Ibiza, a Londres, a Los Ángeles, de nuevo a Londres y luego a Nueva York… ¡todo en el transcurso de una semana y media! Yo soy sagitario, significa que me gusta viajar, pero a veces pienso que es una rutina muy loca. En un año voy a cumplir cuarenta: a partir de ahora quisiera viajar menos, condensar mi tiempo… pero mi alma está tan involucrada con mi trabajo, que me siento feliz… y quiero más.