Sitka Semsch

Una isla en Alaska, un desfile en Moscú y una mujer que hila fino

Escribe: Joseph Zárate Salazar / Foto: Camila Rodrigo / Dirección de arte y styling: Mencía Olivera
Además de ser la diseñadora más internacional que tiene el Perú, Sitka Semsch es una artista sensible que se estresa con facilidad, que ama el mar, que no le teme a las arrugas, que se inspira en cosas que le incomodan y que se define como una control freak que nunca pierde el sentido del humor. Sueña con llegar a la semana de la moda de Nueva York muy pronto y con ser la próxima Carolina Herrera. Pero nada de eso la inmuta.Una mañana de verano, y apuertasde su octavo desfile en el Russian Fashion Week, Sitka lleva a su hija a la playa donde ella jugaba de niña, sin saber que los recuerdos la visitarían. ¿Cómo sobrevivir (y sobresalir) en el mundo de la moda sin perder la sonrisa?

Sitka pasea en la orilla, muy cerca de la casa donde vivía cuando era niña. Estamos en La Punta, un balnearío al oeste de Lima de olas tranquilas, yates blancos y cuerpos bronceados bajo el sol del mediodía. Delante nuestro, se extiende el Océano Pacífico; y un poco más allá, el otro lado del mundo.
Hace unos meses, a miles de kilómetros de aquí, Sitka se encontraba bajo los reflectores del Russian Fashion Week en Moscú, emocionada y algo estresada por la presentación de su nueva colección en el país de Lenin. Tenía motivos para estar nerviosa. Sitka Semsch es la única diseñadora latinoamericana que participa de esta pasarela mundial, luego de que ganara el premio New Star in Fashion en 2003, durante el Fashion Week of the Americas, en Miami. Ahora, a sus 44 años y luego de casi dos décadas trabajo intenso, Sitka está aprendiendo a moverse como un pez en las aguas de la industria de la moda mundial procurando ser ella misma. Es embajadora de la Marca País, posee una línea de ropa prêt- -porter y una boutique que lleva su nombre, sus desfiles son de lo más exclusivo que hay en Lima y presenta dos colecciones cada año en Rusia. Es, de lejos, la diseñadora peruana con más proyección internacional en la actualidad.
Aunque a veces, como en esta mañana frente al mar, solo quiera ser una mujer que desea tener más tiempo para sí misma. Para su familia.
Sitka ahora está de vacaciones.
«Pero solo un par de semanitas, es un pequeño break antes de empezar a trabajarla otra colección», dice sonriendo.Y no exagera.
Cuando se sienta a crear, Sitka se encierra durante uno o dos días enteros, con Jhesica su mano derecha, para pensar la siguiente colección. «A veces solo almorzamos galletitas», bromea.
Sitka ríe a carcajadas y habla rápido, como apurando las palabras. Lleva una blusa morada muy holgada, tacones marrones, el maquillaje natural y el cabello corto con cerquillo estilo beatle y que se agita con el viento. Lo lleva así desde hace quince años, cuando empezó su carrera.
Dice que este último desfile en Moscú, en noviembre de 2011, ha sido el más aplaudido de todos pero también fue el más agotador. «Nunca tuve tantas entrevistas de televisión como esta última vez», cuenta y su voz se confunde con el rumor de las olas.
–Me cuesta mucho encontrar el equilibrio. Me apasiona lo que hago pero no me gusta estar estresada. Ahora que tengo a Siana, quiero dedicarle el tiempo que ella merece.
Siana es la hija de Sitka y tiene cinco años. Es la segunda vez que Siana viene a La Punta con su mamá. La primera fue cuando tenía dos años y no se acuerda. Hemos aprovechado para hacerle fotos en la playa para la revista y Siana, que lleva un vestido blanco de verano, lo está disfrutando: salta de un lado para el otro, suelta su largo pelo castaño al viento, sonríe e inclina la cabeza como una graciosa modelo en miniatura. Le encanta el maquillaje y ponerse joyas, dice Sitka y se acuerda cuando también ella era una niña que jugaba con los vestidos y los tacones de Rosario, su mamá.
–Ella era una artista total: pintora, decoradora de interiores y hasta diseñadora. Se vestía con unas cosas que yo me moría al verla, con la cartera, el sombrero. Me fascinaba. Ese lado artístico lo saqué de ella.
El departamento donde Sitka vivió la mitad de su niñez, queda en el segundo piso de un edificio de los setenta, a solo cincuenta metros de la playa. «Este lugar es uno de mis favoritos en la ciudad», comenta.