Pilar Nores

La dama que no es de hierro

Escribe: Pamela Ravina / Foto: Marco Garro / Styling: Sebastián Sommaruga
Ha sido la única mujer en sentarse dos veces en el despacho de Primera Dama. En 1985, lo hizo con 35 años y tres hijas. Luego, en 2006, regresó a la Casa de Pizarro del brazo de su esposo. Esa vez, con un hijo más. Pasaron los años y muchas cosas cambiaron en ella. Y otras tantas, no. Su sonrisa, su empeño en el trabajo social por el país, su vocación maternal y su elegancia. Esos son algunos de los rasgos que aún perduran en la dama que mira adelante y no piensa, ni por un instante, en el retiro.


«Creo que nadie imagina su propia historia. Analizarla hacia atrás es siempre muy fácil. Lo difícil es mirar adelante», dice Pilar Nores en su despacho. Esta vez no es el de Primera Dama. Es una mañana de verano en Chacarilla y ella está sentada tras un escritorio repleto de papeles, en su oficina del Instituto Trabajo y Familia, organismo que vela por la población en extrema pobreza del país. Su preocupación por la sociedad ha sido real y constante durante los años. Hoy no quiere hablar más de su vida personal. Hacer lo difícil, mirar hacia adelante.

Pero ahora Pilar Nores tiene veinte años y estudia Economía en la Universidad Nacional de Córdoba, la ciudad donde nació. Su abuelo y su padre fueron rectores en esa misma casa de estudios. Entonces llevaba los cursos de la carrera entre reflexiones sobre el Fondo Monetario Internacional y el fracaso de las economías de América Latina, sin imaginar que terminaría trabajando en un país que se encuentra a más de 3 mil kilómetros de Argentina, trepando cerros, construyendo cocinas y montando burros para llegar a los pueblos más alejados de esa geografía todavía ajena. Tampoco imaginaría que su esposo sería presidente de ese país.

Para que se nombrara Primera Dama del Perú faltaba mucho aún.

Ella seguía siendo María del Pilar Nores Bodereau.

Es María porque su madre era una fervorosa católica. Elena Bodereau le enseñó a ella, la penúltima de catorce hermanos, a ayudar a quienes necesitan ayuda. Siempre. Desde niña, la llevaba al hospital de Córdoba, donde era voluntaria y hacía labor social en el pabellón de enfermos de cáncer. Hoy, María del Pilar recurre a la oración para serenarse, recordando las tardes en casa de su abuelo materno, donde rezaba el rosario mientras el sol caía. «Mi forma de ser cristiana es el trabajo que hago. El valor está en cómo vives, cómo consideras al resto de los seres humanos. Porque uno siempre intenta que las relaciones humanas sean buenas», dice.

Es Pilar, como dice el diccionario de la Real Academia de Lengua Española, porque es «una persona que
sirve de amparo».


De regreso en su oficina de Chacarilla, dos portarretratos cuelgan en una pared, casi ocultos tras la puerta. En uno, se ve a un bisoño Alan García. En el otro, ella y Alan, la pareja presidencial, saludando desde el balcón de Palacio de Gobierno durante el primer mandato aprista. Aunque están separados desde hace tres años, Nores todavía se refiere a él como su marido, su esposo.

Existen personalidades memorables. También Primeras Damas. Jacqueline Kennedy será recordada por su impecable traje Channel. Evita Perón, por su simpatía y su labor de hormiga en las regiones más pobres de Argentina. Y en la historia del Perú, Pilar Nores será recordada por haber sido la primera mujer nombrada dos veces como Primera Dama. Aunque eso solo sirva para las estadísticas, a ella el título siempre le pareció ostentoso. «Para ser primero en algo, hay que merecerlo. Y yo solo soy “esposa de”. Hay mujeres más importantes en la historia del Perú», declaró Nores en una entrevista, poco antes de dejar el cargo.