Obra y Grazia

De una mujer de telenovela

Escribe: Rafael Robles Olivos / Foto: Vito Mirr / Direccion de arte y styling: Guillermo Álvarez
Le dicen María Sonrisa, pero llora a escondidas cuando algo la conmueve. No tiene tiempo para cambiarse de ropa después de una sesión de fotos. Tampoco para comer, relajarse ni celebrar el haber sido elegida como Mejor Actriz de Televisión 2012. La agenda de María Grazia Gamarra está colmada de grabaciones, entrevistas, clases de canto y de diseño de modas y un viaje pendiente a Nueva York para continuar con su carrera actoral. El estrés que le ocasiona esto hace que su piel se enronche y que incluso se quede ronca. ¿Cómo hace la chica del momento para no volverse loca con tanto alboroto?
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Ella me da un beso al llegar. María Grazia Gamarra se sienta frente a mí en la terraza de un café en Miraflores y me cuenta con detalle lo que hizo durante el día. Que acaba de terminar sus clases de canto, que antes de eso estuvo en otra entrevista, que también le hicieron fotos y que su teléfono no ha parado de timbrar. El canto, por supuesto, solo es una de las muchas actividades que realiza durante la semana. Tal vez por eso haya sido tan complicado reservar un espacio –entre clases, entrevistas, sesiones fotográficas y grabaciones– en su agenda. La actriz que cautivó a todos en Mi Amor, El Wachimán –la telenovela donde interpretó a una chica rubia y linda de alta sociedad que se enamora de un vigilante– trae puesta una camiseta rosada y un short celeste. Aunque lleva el pelo amarrado en una cola, parte de este le cae como dos sutiles mechones dorados sobre la cara. Sus labios y uñas están pintados del mismo color de su camiseta, un rosado fulminante que la hace ver como una niña adulta que bien podría ser la vecina bonita que uno siempre quiere conocer. Desde la calle, cada cuanto, las personas la reconocen y se detienen a verla. Algunos la saludan con la mano. Ella les responde a todos. Siempre.

—Haces muchas cosas, pero siempre pareces estar de buen humor. ¿De dónde sacas tanta energía?
—La sensación de estar a mil por hora me encanta —dice la actriz, jugando con su celular–—. Me estresa, es verdad, pero me gusta.

Estar cansada por hacer tantas cosas tiene su parte rica, porque significa que estás siendo productiva. El problema es que desde las grabaciones de El Wachimán, María Grazia no logra relajarse. No es para menos: la serie alcanzó picos de hasta 35 puntos de sintonía y superó en más de una emisión a Al Fondo Hay Sitio, la serie más vista de la televisión peruana. Además, compartir el protagónico con el actor y cantante de cumbia Christian Domínguez la convirtió en un rostro popular, en una actriz requerida por los medios y reconocida en las calles, aquellas que aparecen cada cierto tiempo y que no hacen otra cosa que iluminar nuestras existencias.

María Grazia dice que ese fue uno de los trabajos más gratificantes que ha tenido hasta hoy. Pero también el que más estrés le ha generado. Entrevistas, autógrafos, comerciales, más entrevistas. Es como si un ritmo acelerado, impetuoso, se hubiera apoderado de su cuerpo. «No puedo estar tranquila sin hacer nada –confiesa riendo–. Voy a tener que practicar yoga o algo así».

El estrés hace que la piel de María Grazia se enronche.

A veces pierde la voz.

Dice que toda su familia es igual de activa, a excepción de su mamá. Pero su mamá canta lindo y su abuelo materno pintaba. Tal vez sea de ahí que ha heredado el talento para el arte dramático.

—Sé que tengo una familia que me impedirá perder la perspectiva. No me gusta la gente que se cree superior por salir en la tele o en una revista. La fama es efímera. Ahora me llaman para una portada, mañana quizá nadie se acuerde de mí.


Dos días antes de nuestra conversación en aquel café, ya era obvio que parte de la vida de María Grazia había cambiado con la fama. La cita se dio en una casa de San Isidro, durante la sesión de fotos que había preparado la revista. La actriz llevaba la misma camiseta rosa que usaría un par de tardes después en la cita conmigo, y soportaba con buen humor las capas de maquillaje que suelen usarse en este tipo de producciones. No parecía sentirse abrumada de que fuéramos quince personas en total, entre videastas, asistentes, fotógrafos, gente de producción, maquilladores, vestuaristas y un periodista. Un pequeño ejército rodeando a esta mujer de veintitrés años que se ve incluso más guapa fuera del televisor.

De hecho, unas horas antes María Grazia había posado para el lente del diario más importante del país. El motivo: acaba de ser elegida como la mejor actriz de televisión en el Perú [con 12.451 votos], dejando en el camino a Sonia Oquendo, Norma Martínez, Yvonne Frayssinet y Tatiana Astengo, cuatro grandes de la actuación. María Sonrisa, como la llaman sus amigos, se declaró en esa ocasión –con una sonrisa, claro está– algo tímida para las fotos, algo incrédula por todo lo que está sucediendo, también, pero con los pies bien puestos sobre la tierra.

—¿Qué has perdido con todo esto de la fama?
—En realidad, nada. Por suerte, sigo haciendo las cosas que me gustan y con esto me refiero a actuar y cantar. Para mí el éxito que ha tenido El Wachimán es algo alucinante, pero no siento que me haya cambiado ni que vaya a hacerlo en el futuro. No soy muy consciente de lo que me pasa. Trato de no pensar mucho y estar relajada. Hay cosas que vienen con este trabajo, como las fotos y las entrevistas, pero hasta ahora estoy disfrutándolas.

Y María Grazia lo intenta, a pesar de los acosadores. El año pasado, por ejemplo, alguien –ella no puede precisar si fue un chico o una chica– llamaba a su casa y le gritaba que la amaba por el auricular. «Al final lo solucionamos comprando un teléfono con detector de llamadas», cuenta María Grazia, y se ríe.

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