Valeria de Santis

La vuelta al mundo de una top model inquieta

Escribe: Alfredo Pomareda / Fotos: Rafo Iparraguirre
A los veinte años llegó a Milán sin un euro en el bolsillo. Años más tarde casi la llevan presa en Dubai por vestir shorts en la calle. Aprendió a comer insectos en Tailandia y casi participa en la ejecución de un perro en Corea. La supermodelo Valeria de Santis ahora encabeza el ambicioso proyecto Peru’s Next Top Model, un reality show que busca a la próxima modelo peruana que triunfará en el extranjero. Y que, tal vez, la supere. ¿Cuan intensa puede ser la vida de una mujer de pasarela?
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Valeria de Santis tenía veinte años cuando viajó a Europa por primera vez. La idea era quedarse. Era entonces una chica decidida, pero también frágil y confiada. Había dado el último estirón y sabía que su 1.73 metros de estatura sería un problema para acceder a la non plus ultra del modelaje. Los europeos las querían altas. Los gringos, también. Irrumpir así, de pronto, en un escenario que no era el suyo era una declaración de guerra hacia sus espigadísimas colegas. Porque en el frívolo mundo de las top models muchas veces cunde la mafia, la envidia, el cabe, el tacazo. Y ahí estaba Valeria, con una hoja de vida aún insignificante: nacida en Lima, criada en San Isidro, luego la infancia en Miami, la adolescencia en el colegio Villa María, y una carrera frustrada de ingeniería industrial en la Universidad de Lima que había abandonado en el octavo ciclo para encallar en Milán, tierra de italianas celosas, agresivas, soberbias y hermosas. ¿Por qué irse de Lima? «Yo modelaba acá desde los catorce años, pero necesitaba extender mi carrera. Quería saber si lo podía lograr», responde De Santis, café en mano, peinado al viento, pecas diminutas que deja ver el escote de su blusa.

El modelaje es una profesión ruda. A veces, te quedas en la calle. Así le pasó a Valeria de Santis. Milán, la capital de la moda italiana, no fue el paraíso para ella. «A veces no tenía plata para comer», admite y eso que dice parece inverosímil. Una de las modelos peruanas más reconocidas en el mundo, la nueva cara y productora de la millonaria franquicia Peru’s Next Top Model, fue tratada de chata, caderona y novata al llegar a Italia. Recordar ese tiempo ahora le da risa: Valeria recorriendo la Torre Garibaldi o el Palazzo de Lombardía, descubriendo la belleza de la ciudad, y a la vez sin un euro en el bolsillo. Con hambre. Deseándolo todo. Lejos de su familia, sobre todo de su padre, un empresario pesquero que no sabía el drama que vivía la más engreída de sus cuatro hijos. «La competencia era muy fuerte, pero ahí aprendí a ser mucho más segura. Las débiles regresan a casa después del primer viaje, pero yo me hice fuerte. Por eso destaqué», cuenta De Santis. Su drama en Milán no fue duradero, porque si bien al principio no tenía dinero para el almuerzo, semanas más tarde logró contactarse con agencias, con productores, y así se paseó por todo Europa, su imagen representó a varias marcas y al final la industria de las pasarelas se rindió ante ella. Si Kate Moss, con 1.69 metros de estatura, podía, ¿por qué Valeria de Santis no podría lograrlo?

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«La gente cree que si eres regia ya eres modelo y no es así. Una verdadera modelo transmite sensaciones. Eso no se logra mostrando mucho ni se aprende en una academia, sino con la práctica y un buen guía»

«He sufrido, pero también he vivido y he viajado mucho», dice la supermodelo. Desfilar en todos los continentes del planeta –en más de treinta países y en casi cien ciudades– le dan la autoridad para decir que Peru’s Next Top Model, el programa que ella conducirá, será un montaje jamás realizado en el Perú. «Hay publicistas, cineastas, grandes productores, top models. Tenemos a lo mejor de lo mejor», asegura De Santis, quien el año pasado condujo varios shows para E! Entertainment Television, Fashion TV y la cadena italiana RAI.

Peru’s Next Top Model es una franquicia de la poderosa cadena televisiva CBS, cuya sede central en Estados Unidos eligió a Valeria como representante en el Perú. Eso nunca había pasado. «Si hay un boom de la gastronomía, por qué no podría haber un boom del modelaje peruano», dice De Santis, muy seria. Ese boom traería, lógicamente, una revolución. Y esa revolución, una guerra. «No es fácil ser modelo, tienes que sufrir un poco, tienes que pasarla mal, trabajar sin parar y luego cosechar todo ese esfuerzo», asegura la supermodelo, que siempre anheló conocer sitios insospechados como una aldea en Sudáfrica o a un barrio rojo en Tailandia. «A mí me encanta viajar, soy bien arriesgada. En esta profesión tienes que asumir el momento». Valeria de Santis lo admite: ella modela para viajar.

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Peru’s Next Top Model será un programa que reunirá a catorce chicas que aspiran ser supermodelos. La talla mínima para acceder al casting ha sido 1.69 metros de estatura: el justo tamaño de la británica Kate Moss. «Porque estamos en el Perú y nuestra realidad es esta. No todas las modelos somos muy altas», sonríe Valeria. Las fotos de las aspirantes ya están en la web. Chicas muy delgadas que miran aún indecisas al lente de la cámara. En algunas hay atisbos de glamour, hay madera para lograr ese garbo y esa soberbia que debe tener una mujer de pasarela. «Pero hay talento, y mucho», aclara De Santis. Solo es cuestión de esperar.

Quizás una de las escenas más interesantes de este reality es la admiración que las aspirantes a modelos le profesan a Valeria. Quizá el hecho de poder viajar tanto y el haber superado tantos malos ratos, han hecho de esta supermodelo un personaje de culto para sus chicas. Luego de modelar por casi toda Sudamérica, Valeria de Santis se convirtió en el deseo de las corporaciones más prestigiosas del mundo. Fue en los Emiratos Árabes Unidos, en la lujosa Dubái, a donde viajó para convertirse en imagen de varios centros comerciales. «Yo estaba saliendo de un desfiles en short, tacos y un vividí. Caminaba rumbo a un café, y me acompañaban los empresarios árabes que me habían traído. De pronto, dentro del local me detienen unos policías. Me gritaban, y yo no entendía nada», recuerda la modelo que fue imagen de Coca-Cola Light en el Medio Oriente. «Te van a detener por faltar a las normas», le dijo su representante, quien no había leído el aviso, en árabe, que brillaba en la entrada del centro comercial: Las mujeres siempre tapadas, guardando el honor y el recato. De Santis –que tiene un club de fans en Turquía– no lo podía creer, pedía perdón en inglés, aseguraba que no sabía que les había faltado el respeto. Pero los policías seguían tercos. Luego de una larga discusión de más de media hora, y casi al borde de ser esposada, Valeria alcanzó el perdón. Se libró de la cárcel. Pasó los siguientes tres meses envuelta en telas cada vez que le provocaba tomar un café en la calle.

Valeria de Santis viajó a Bangkok y aprendió a comer grillos y gusanos que se vendían en cada esquina. «Aquí en Lima se vende fruta en las tienditas, allá insectos. Pero te acostumbras, además era crunchi», sonríe. De Santis modeló en Tailandia durante un año, se paseó por decenas de mercados de pulgas, nunca aprendió boxeo tailandés, pero sí supo defenderse en ese extraño mundo que tiene a las cucarachas en un lugar privilegiado en la comida gourmet. Pero fue en Seúl, Corea, donde no la pasó tan bien. «Recuerdo que cuando entré al departamento que me habían separado, vi una cucaracha. Me saqué un zapato e intenté matarla, pero un coreano me detuvo». Valeria supo que era una falta de respeto pisotear la comida. En Corea del Sur, le dijeron luego, las cucarachas no se fríen. Se hierven.

Una noche, los empresarios coreanos que la contrataron quisieron homenajearla. De Santis había sido la imagen de una gran campaña de moda en Seúl y el éxito había sido tal que querían ofrecerle un cena lujosa. «Recuerdo que viajábamos al restaurante en una camioneta muy bonita y atrás venía con nosotros un perro grande, la mascota de uno de los empresarios. Se ve que lo quería mucho», recuerda. Cuando llegaron al local, dos hombres se llevaron al animal. Tenían aspecto de ayudantes de cocina y, extrañamente, conducían al can hacia el restaurante. «Lo vamos a cocinar en tu honor», le dijo el empresario. «¡No hay forma de que me coma a tu perro!, les dije. Y creo que entendieron. Quizás se sintieron un poco mal, fue un rochezazo, pero lo pude sortear», cuenta Valeria.

La profesión de la belleza tiene bastante de sacrificio. No parece la vida de una supermodelo, pero es. Quizá eso era lo que no sabía las chicas de Peru’s Next Top Model antes de conocer a Valeria de Santis. «La gente cree que si eres regia ya eres modelo y no es así», dijo la supermodelo de treinta años, alguna vez. «Una verdadera modelo transmite sensaciones, y eso no se logra mostrando mucho ni se aprende en una academia, sino con la práctica y con un buen guía».

«No es fácil ser modelo. En esta profesión tienes que sufrir un poco, tienes que pasarla mal, trabajar sin parar y luego cosechar todo ese esfuerzo»

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Valeria de Santis sabe que en unos años pasará de moda. Por eso, uno de sus méritos es reinventarse como productora y conductora. No quiere quedar en el olvido. Es la modelo peruana más importante y en breve se convertirá en la primera peruana en realizar un reality de catorce aspirantes a modelos que enfrentar cambios de look, desfiles de pasarela y sesiones de fotografías. La que salga airosa en todas las etapas será una top model, que tal vez llegue a superarla. «Es una realidad, las chicas saldrán con contratos. Será alucinante. Muchas agencian siguen mis pasos y ahora estamos ante los ojos del mundo», cuenta emocionada. El mundo tiene ojos fisgones, inquisidores. El mundo son las agencias europeas y estadounidenses que están a la caza de personalidades gigantes encerradas en cuerpos delgados, frágiles. Para destacar en él, hay que vivir a fondo, como Valeria de Santis ha vivido.

Dirección de arte & styling: Larrea+Choy Kay / Producción: Daniela Pereira / Asistente de producción: Catherine Chang / Make up & Hair: Nando Mesía Salón [www.nandomesia.pe] / Making of: Fernando Criollo / Agradecimientos: Atomika, Imani, Malika, Intimoda, Lola zapatos de diseño, BCBG, Roger Loayza, Andrea Llosa y zapatos Pura Lopez en Boutique Andrea Llosa.