Las razones de Pedro para ser un padre inolvidable

Por Alfredo Pomareda / Fotos de Alonso Molina
Pedro Suárez-Vértiz ha elegido a Asia Sur para ser fotografiado junto a su esposa y sus tres hijos por primera y única vez en su historia familiar. Aquí, una entrevista que revela el talento de Suárez-Vértiz para la paternidad. Puede invertir cinco horas del día para charlar con Tomás, su hijo de nueve años, solo para explicarle el significado de una palabra. Es el mejor amigo de su hija mayor María José y es el héroe de Salvador, el del medio. Pedro ha procurado hacer de su familia una banda indestructible.
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Ahí está Tomás, nueve años, el pelo lacio y alborotado, mil preguntas. «¿Para qué sirve esto? », interroga mientras agarra el fotómetro. A menos de dos metros de distancia, su padre, chaqueta de cuero negra, pelo desordenado, 45 años. Flaco como buen rockero. Pantalón pitillo como los que usa Mick Jagger, a quien admira. Tomás mira a su padre y exclama: «Todas mis preguntas las va a responder más tarde mi papá». Pedro Suárez-Vértiz sonríe sin dejar de mirar a su hijo. Sin duda lo hará, como lo ha hecho con sus dos hijos mayores. Por ahora Pedro permanece callado. Tiene en la mano un celular desde el cual manda mensajes de texto para comunicarse. Suárez-Vértiz es un cantante que no puede cantar. Ahí, donde muchos encontrarían un problema, Pedro ha ubicado una salida: la palabra escrita.

Su nueva condición es una circunstancia que ha potenciado uno de sus talentos: la narrativa. Pedro no solo se ha consagrado como el rockero peruano de mayor fama internacional, también es uno de los autores más leídos: su libro YO PEDRO fue el más vendido del año pasado. Suárez-Vértiz siempre ha sido un conversador, y ahora que habla muy poco se ha convertido en uno de los dedos más rápidos del continente smartphone: el chat virtual funge de sus cuerdas vocales. El sonido de la voz atiplada de Pedro está sembrado en millones de personas, por eso leerlo es como escucharlo. Su página de Facebook tiene casi 2 millones de seguidores, y cada post que publica agita a un público que fácilmente podría llenar un estadio:

A veces la chica más amable puede destrozarte y la más complicada puede ser quien te haga más feliz. Hay personas dulces que de disculpas en disculpas te van demoliendo y otras que llamándote la atención te van construyendo.

Ese post que escribió Pedro en su cuenta de Facebook obtuvo 44 mil 555 likes –y contando– y casi 3 mil comentarios en menos de un día. Para qué hablar, entonces, si tu público te sigue cada día con más fidelidad. Los sabios –se dice en filosofía- se caracterizan por el silencio.

Pero la hazaña de Suárez-Vértiz no ha sido salir airado y continuar como un artista exitoso en medio de su nueva condición física. Otros son sus motivos para mantenerse entero: «ser padre es el sentido de mi vida». Se acuesta de madrugadas pensando en ellos, abre los ojos a las cinco de la mañana con la paranoica idea de llegar tarde a la escuela. «Me despierto asustado pensando que se me pasó la hora. Luego poco a poco me vuelvo a dormir y a las 7 (a.m.) me despierto para dejarlos en el colegio», cuenta el cantante.

Antes de publicar uno de esos posts que congregan a multitudes, antes de componer la música para obras de teatro o para publicidades, Pedro se dedica a sus hijos. «Mi papá sabe de todo, cualquier cosa le pregunto, hasta de zombis, y él me responde», ahí está Tomás, quien le preguntará más tarde por qué su padre escribió Mi auto era una rana o Degeneración actual, y él tendrá una respuesta. Si ha podido absolver todas las interrogantes de su amigo Jaime Bayly cada vez que se sentaban en el sillón de El Francotirador, por qué no podría resolver las dudas de Tomás. Pedro nunca ha callado: «Los niños –reflexiona Suárez-Vértiz– cuando preguntan están marcando el rumbo de su vida. No puedes matarle esa curiosidad. Es importante hacer actividades con tus hijos, pero también es importante que tu padre sea tu mentor».

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¿Qué es ser padre?
—Creo que la calidad de tu paternidad deriva de tu calidad humana. Todo mal amigo es mal padre, en mi opinión. Un mal amigo puede engreír a su hijo, llevarlo a todos lados, ayudarlo, enseñarle; pero llegará un momento en la vida en que lo traicionará inesperadamente. Por eso todo hijo sabe qué tipo de persona es su padre. Yo espero ser un buen padre; ha sido mi prioridad en la vida. Tuve un buen padre. Conozco la lealtad entre padre e hijo, y eso trato de tener con mis hijos. Nunca les he mentido en nada. Así la pregunta sea cruda y la respuesta peor. Eso sí, no soy de esos papás que arman un castillo de arena durante cinco horas, pero sí puedo darles una explicación de cinco horas sobre lo que quieran saber. Trato de que sepan mucho de la vida.

Pedro Suárez-Vértiz es un rockero inusual. Tiene un matrimonio sólido de más de dos décadas, se jacta de ser fiel, no consume drogas, lee la Biblia, no toma alcohol. Su mujer Cynthia Martínez vive enamorada de él. No le gusta exponer a su familia. Esta es la primera vez que se fotografía en una revista junto a su esposa y sus tres hijos: María José, de veinte años; Salvador, de dieciséis, y Tomás, de nueve. En 1994, cuando aún no nacían los dos últimos, Pedro aceptó una foto para una revista, pero entonces su familia era muy pequeña. No tiene planes de volver a someterse a un fotógrafo, como lo hace ahora. Aquí se cierra un capítulo. «La fama es un tema muy delicado que no quisiera transmitir a mis hijos», escribe Pedro. Algunos periodistas lo han reglado en su casa para robarle una declaración. Olvidan que el cantante prefiere callar.

«Se cree que el hombre es una mujer que mutó genéticamente para salir a cazar y cuidar de la indefensa mujer gestante. Cada vez lo creo más. La mujer sabe más de la vida, es más compleja. Por eso necesita la mente simple y básica del hombre»

Una noche de 1999, cuando Pedro ofrecía entrevistas, le dijo a Jaime Bayly: «a veces entro a mi casa, veo la foto de mis tres hijos y digo: “valió la pena todo”». Valió la pena hacerle caso a una vecina que, hace 25 años, le confesaba desde un balcón la profunda admiración que sentía por él. Esta vecina tenía amigas y entre ellas se encontraba Cynthia Martínez. «Me encantó su apariencia de judía, fue lo primero que le pregunté. A partir de ese día nunca más nos separamos». Una de las virtudes reconocidas por los tres hijos de Pedro es el amor que siente por Cynthia. «El hombre –dice Pedro– es una porción de la mujer. Se cree que el hombre es una mujer que mutó genéticamente para salir a cazar y cuidar de la indefensa mujer gestante. Cada vez lo creo más. La mujer sabe más de la vida, es más compleja. Por eso necesita la mente simple y básica del hombre. Nuestra simpleza da calma. Eso es ser hombre, ser la roca de la mujer». Pedro no solo lleva a sus hijos a la escuela, también deja a Cynthia en el trabajo y cena con ella todos los días a partir de las 6:30 de la tarde. Por las noches escribe, lee, responde correos y postea. Todo lo que hace –desde ser un atento esposo– está estrechamente ligado a ese gran proyecto que se ha trazado y, al parecer, va bien: ser un papá ejemplar.

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Las relaciones suelen acabarse pronto, en tu caso es todo lo contrario…
—Cynthia me atrajo y me atrae mucho, me enamoré y teníamos mucha piel. Pero eso no te garantiza durabilidad. El amor real por la esposa no es el amor romántico. El matrimonio es reenamorarse constantemente. Hay periodos más eróticos que otros, épocas de mayor comunicación, épocas de deberes, de sufrimientos, de alegrías. ¿Qué sostiene a dos personas que pasan por tantas estaciones? El valorar a tu pareja. Eso te hace amarla de por vida. Ese es el amor eterno. Si bien amo a mi esposa y me gusta muchísimo, lo que más me gusta de ella es saber que me entiende, que me cuida, que la cuido, y eso me hace feliz. Eso lo valoro.

Me gustaría que hables del concepto de ‘fidelidad’…
—Ser hombre sexualmente hablando es más difícil que ser mujer, sobre todo al estar casado. La mujer quizás tenga problemas con su carácter, pero el hombre tiene problemas con su instinto reproductor. Una mujer se estimula con un caballero luego de mirarlo, escucharlo, admirarlo y sobre todo conocerlo. Un hombre se estimula con una desconocida con solo verla un segundo a cien metros de distancia. Ahora una cosa es la infidelidad por vicio y otra por enamoramiento. Las dos son criticables, pero la segunda tiene socialmente licencias. El 80% de parejas adultas empieza a conocerse cuando uno o ambos están al mismo tiempo en una relación con alguien. Es decir: todos ‘dobletean’ durante el periodo de transición de una pareja a otra. Por eso cuando tu pareja te da la noticia del rompimiento es porque ya el vínculo está superavanzado con la otra persona. Ni lo dudes.

Todo mal amigo es mal padre, en mi opinión. Un mal amigo puede engreír a su hijo, llevarlo a todos lados, ayudarlo, enseñarle; pero llegará un momento en la vida en que lo traicionará inesperadamente. Por eso todo hijo sabe qué tipo de persona es su padre

Pedro Suárez-Vértiz no puede cantar, pero su carrera de productor musical y genio creativo permanece vigente. PONERME A VOLAR, su disco recopilatorio, ya está a la venta. Sus canciones suenan en películas como ASUMARE. La editorial Planeta vende agendas inspiradas en su obra. Algunas instituciones privadas siempre le proponen realizar campañas. Tiene una columna de opinión muy leída. Y cada vez que se apertrecha en el piano no deja de componer. Suárez-Vértiz no puede estar quieto. En la sesión de fotos no ha dejado de moverse, de dar leves saltos, de abrazar a su familia. Su esposa Cynthia lo cuida, lo observa, lo mira, y ya sabe lo que quiere. El cantante que no puede cantar es el director de orquesta de una familia bien constituida. Los Suárez-Vértiz parecen una banda de amigos. Corrección: no parecen. Lo son.

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¿Crees que las cosas se dan por algo, que nada es fortuito, que hay alguien que teje los hilos?
—No creo que las cosas se den por algo. Tú no puedes decir a un padre a quien su hijo ha sido atropellado que las cosas se dan por algo. La recuperación sí es divina. En eso hay que enfocarse. Eso sí se da por algo.

El olvido ¿qué sensación te produce?
—Es parte de un ciclo. No hay que evitarlo. Si lo quieres evitar te pasa lo de Michael Jackson. Su obsesión por ser el número uno hizo que gastara millones y millones en frívolos discos que nunca superaron a Thriller. Él debió regresar al soul un tiempo, regresar al perfil bajo y luego reaparecer. Porque el olvido es la madre del comeback.

Para poder regresar con fuerza, el artista tiene que ser olvidado. Tienen que haber altos y bajos en una vida para que realmente sea interesante: Pedro cantando, Pedro en el mutismo. Los Stones, Dylan, Elton John, y todos aquellos que Suárez-Vértiz admira han sostenido una vida llena de tirabuzones. Pero la familia nunca ha estado de por medio. Pedro ha cuidado a sus hijos y a su esposa de los periodistas, y de los paparazzi. Los protege a veces con paranoia. La tranquilidad la encuentra cuando lee la Biblia: Proverbios, los Salmos y Eclesiastés son sus favoritos. Precisamente hay un pasaje de este libro que le cae bien a este rockero: «Entonces dijo Moisés a Jehová: yo no soy hombre de palabras, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua». El hombre que no podía hablar guio a un pueblo –el de Israel– hacia la libertad, lideró batallas, y así se convirtió en un símbolo de la fe cristiana. Pedro no quiere guiar a un pueblo –a pesar de que Jaime Bayly siempre jugaba a lanzarlo a la Presidencia de la República–. Él solo anhela que sus hijos lo recuerden bien. Porque el comeback no funciona en la paternidad.

Producción: Mariana Chamot
Dirección de arte: Coco Miranda
Maquillaje y Peinado: Paola Chiarella y Flavio Sánchez
Agradecimietos: Bcbg / Coco Jolie / Brasilazy