KINA

Combos para destruir sus emociones y para aliarse con el dolor

Escribe: Alfredo Pomareda / Foto: Paco Chuquiure
La boxeadora de acero que no concibe perder antes de subir a un ring, que incluso puede pelear con un tobillo lesionado, que aprendió a forjar los sentimientos cuando de sueños se trata, es la misma mujer sentimental que suelta lo que tiene dentro y estalla en llanto cuando levanta su cinturón después de una victoria ¿ Qué puede noquear a una campeona que golpea para no sufrir?

Primero, su voz. Como si en su garganta habitara un jodido hombre que raspa, que intenta darle criollismo a todo lo que sale de su boca, que hace grave un hablar que debería ser mucho más femenino. Después, sus ojos. Dos bolitas desorbitadas, oscuras, muy movedizas. Luego, su hablar. Gracioso, de barrio, criollo. «Ah, no. Claro pes papi, a nadie le gusta recibir cuetes. ¿O a ti te gusta el cuete?». Kina Malpartida Dyson, la peruana que ha defendido en cinco ocasiones el título mundial de boxeo, no parece ser la hija de una modelo muy refinada, pero lo es. Es, también, la primogénita de un ex campeón de surf. Una combinación de belleza y mar. Este verano, dice, regresará a las olas de Punta Hermosa. Por ahora, la tabla permanece en la sala de su casa. Sí, en la casa que todos creen que fue donada por el presidente Alan García. Eso mejor lo dejamos ahí.

Su departamento es amplio. Piso once. Paredes blancas. Muebles de pino. Un disco de Colliemonster Riddim que se trajo de Kingston, el DVD de Ted, de El Discurso del Rey, de Prometeo y un ejemplar de Sacred Journey of the Peaceful Warrior. De entrada, se disculpa por el desorden y comenta que recién acaba de llegar de Jamaica y que en breve limpiará todo. Pero no hay mucho que ordenar, la casa ha sido tomada por la calma y se presenta no impecable, pero sí habitable. En su sala y debajo de una mesa de vidrio está su cinturón, ese que ha retenido en cuatro oportunidades, ese que le ha costado doce lesiones graves –que ya ha superado– y muchas lágrimas: World Boxing Association / Champion, se lee en el trofeo dorado que pesa un poco más de ocho kilos.