Jean Pierre Magnet busca su sonido en las montañas

Escribe: César Ochoa / Foto: Gustavo Arrué
Esta es la historia de un hombre que forjó toda su carrera en el jazz, pero que recién hace unos años encontró su verdadero camino en las melodías andinas. Con Serenata de los Andes, una agrupación con veintitrés músicos peruanos en escena, Jean Pierre Magnet viaja por el mundo convertido nuevamente en un profeta del saxofón. Es la mejor etapa de su vida, dice. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar un artista para encontrarse a sí mismo?
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El saxofonista Jean Pierre Magnet ha llegado hasta una concurrida calle de San Francisco desde donde se ve el famoso puente Golden Gate y la bahía. Hace unos días abandonó el Berklee College of Music de Boston, ubicada al otro extremo de Estados Unidos, y está aquí porque está harto de teorías. Magnet tiene veintiocho años y los últimos nueve los pasó estudiando: primero en el Conservatorio de Buenos Aires, luego en el programa de jazz de la Universidad Southern de Mississippi; hasta llegar a Berklee, la mejor escuela de música del mundo. En términos musicales, Magnet siente que su mochila está llena, y lo ha dejado todo con tal de sonar, de ser escuchado. Entonces, desenfunda su saxo y empieza a tocar Isn’t She Lovely?, la famosa canción que Steve Wonder compuso para su hija. Magnet toca cerrando los ojos, pero puede escuchar cómo las monedas caen en su cesto. «Hacía mis veinte dólares diarios», recordaría el músico peruano, tres décadas después. Al verlo así, nadie hubiera imaginado que el proyecto más importante de su carrera no estaría ligado al jazz, el género al que dedicó su vida, sino a la música andina. Falta un largo tramo para eso, pues él y su saxofón –a mitad de los setentas– eran solo la postal de un joven músico que quiere surgir sin más recursos que su talento. Salir, seguir un cauce. La vida de Jean Pierre Magnet siempre ha sido una constante búsqueda.

Magnet cuenta esa historia sentado en el sofá de su departamento cerca del malecón de Miraflores. Esta tarde viste un polo celeste que dice Berklee, un short blanco y unas pantuflas turquesas. Tiene la frente amplia, el pelo cano peinado hacia arriba y un físico que demuestra entrenamiento: cuarenta minutos de natación, treinta de footing todos los días. «Mi principal activo son mis pulmones –dice el saxofonista–. Hay que tenerlos fuertes». En las paredes hay cuadros con paisajes coloridos, arpistas tocando al pie de cataratas, orquestas bajando de los cerros. Es evidente que ha habido un viraje musical en el saxofonista que, a su regreso al Perú en los ochentas, inició su carrera como profeta peruano del jazz organizando festivales con Dizzy Gillespie, Arturo Sandoval, Chick Corea, Stanley Turrentine, entre otras leyendas.

Jean Pierre Magnet había dejado Berklee, pero antes se había dicho a sí mismo: «Dedícate a buscar tu sonido, tu voz». Y eso fue lo que hizo, hasta que en cierto momento, su pasado y su sensibilidad lo llevaron por un nuevo camino. «Uno puede dedicarse a varios géneros. Pero el tema es en cuál te sientes más feliz, en cuál eres más sincero». Lo dice un saxofonista que ha explorado desde el rock y la rumba hasta el blues y el swing, pero que en 2006 sorprendió a todos con el disco SERENATA INKATERRA, «una experiencia sensorial que va pintando armónicamente un viaje por el Perú», dijo en ese entonces sobre su obra, aclamada por la crítica y nominada al Grammy Latino.

Jean Pierre Magnet ha creado una sinfonía que resume los estilos de las regiones del Perú: guitarras de Ayacucho, saxofones de Huancayo, zampoñas de Puno. «No soy un gran conocedor de la música andina, lo que hago es captar la esencia de los sonidos y a partir de allí crear lo mío»

Con más de sesenta años y mientras varios de sus colegas piensan en jubilarse, Jean Pierre Magnet iniciaba su etapa musical más importante. No en el mundo de saxofonistas de culto como Sonny Rollins, su ídolo máximo, sino en referente locales, como del coro de saxofones de los Ases de Huayucachi, una agrupación tradicional de Junín. Uno de los íconos de los conciertos en vivo, no podía conformarse con el sonido plástico de su nuevo proyecto, por eso creó Serenata de los Andes, una especie de big band andina con la que relanzó su carrera bajo un nuevo estilo. Un nuevo Jean Pierre Magnet.

En el 2011, los escenarios emblemáticos del país lo aclamaban. Desde la Huaca Pucllana hasta los exteriores del Cori Cancha, en Cusco. Fue en esa vorágine, antes de publicar el segundo disco con más de veintitrés músicos en escena, que el saxofonista quiso cambiarse de nombre artístico: traducir el nombre francés Jean Pierre Magnet a Juan Pedro Imán, un nombre más sencillo y directo, que explicaría mejor su viraje musical. Hace algún tiempo, un músico cusqueño le había contado que lo primero que hizo al verlo tocar por televisión fue preguntar quién era ese «gringo marciano» que toca tan bien la música de los Andes. En cierta forma, llamarse Juan Pedro Imán era como un nuevo sello. Aunque hoy Magnet ríe al recordar ese atrevimiento, demuestra hasta qué punto ha calado en él Serenata de los Andes, ese grupo con el que ha realizado giras por todo el mundo, desde el Lincoln Center de Nueva York hasta la Iglesia de la Madeleine en París, con ventas de disco doble de platino y que tuvo una exitosa incursión musical con el tema Princesita Huanca como banda sonora del documental de la Marca Perú en Nebraska.

«Mi padre es un buen cholo –dirá días después su hijo Lucien, de veintisiete años–. En una vida pasada debió ser un cerro, un apu; está hipnotizado con todo lo andino». Si todos los músicos tuvieran un biógrafo, el de Jean Pierre Magnet debería preocuparse más por lo que pasará de aquí en adelante que por lo que pasó. «No exagero al decir que con Serenata de los Andes quiero conquistar el mundo», dice Magnet, mientras pone su disco, que contiene temas como Cerro sagrado, Llamas en libertad o Jinetes del ande. Todavía tiene fresco el recuerdo de hace unas semanas, cuando colmó durante dos noches el Gran Teatro Nacional, junto al Elenco Nacional del Folclore del Perú y al Coro Nacional de Niños del Ministerio de Cultura. «Con Serenata de los Andes transmito lo que siento», dice sonriendo. «Imagínate. A mi edad ir descubriendo todo esto. La música andina será mi estilo musical hasta el último día que pase en este planeta».

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Como en Agüita mágica, una canción que compuso inspirado en los riachuelos y las cascadas de la serranía, la historia de Jean Pierre Magnet es la de un despertar. Para entender la etapa que hoy vive este embajador de la Marca Perú, hay que ir a los señoriales pasajes del Country Club, en San Isidro, donde un inquieto Jean Pierre vivió hasta los trece años. Su padre, un francés aficionado al golf, era gerente de ese hotel. Allí, antes de irse a la escuela, muy temprano, los huaynos que los trabajadores del hotel sintonizaban en la radio iban calando en su memoria musical. Recuerda bien esos coros de saxofones de los huaylas y mulizas de los grupos del centro del Perú. Por esa época, Magnet dormía al arrullo de las melodías de un sexteto que tocaba todas las noches en el Aquarius, restaurante del Country Club.

Hasta que un día, muy serio, le planteó a su papá que sería músico y que el saxofón era el instrumento que había elegido, tras descartar otros que, para él, eran menos sensibles.

Su padre le regaló su primer saxo días después. Hoy tiene ocho y están por todo el departamento, en sus respectivos estuches, casi como parte de la decoración. Ninguno de ellos fue testigo de cuando Jean Pierre Magnet dejó de tocar durante dos años, cuando al cumplir trece su padre falleció de cáncer. «Fue tan duro que ni me acuerdo de lo que viví ese tiempo», dice el músico, al recordar al hombre más importante de su vida.

Si su historia fuera un huayno, en esos años están sus primeros acordes. En esa etapa también pasaba veranos en la hacienda de unos primos suyos en Cañete, donde la vida campestre lo sobrecogía. Su amigo Mariano el Chino Ramos, abogado, pasó con él esos días. «Hacíamos paseos a caballo, íbamos a la playa», dice Mariano, quien lo ha seguido en toda su carrera musical. Recuerda las fiestas patronales que allí festejaban los inmigrantes de la sierra que venían a trabajar en las haciendas y a algunos músicos que lo marcaron, como Calón, gran zapateador, virtuoso de la guitarra y del rondín.

«Con Serenata de los Andes quiero conquistar el mundo. A través de ella transmito lo que siento. Es increíble descubrir todo esto a mi edad. La música andina será mi estilo musical hasta el último día que pase en este planeta»

Y es que Jean Pierre Magnet Vargas Prada, el hombre que vive pegado a un saxo, es sobre todo un hombre que evoca el campo y que vive enamorado del paisaje andino. No es como una estaca que ha llegado a plantarse en los Andes. Es, más bien, un árbol de raíces profundas. Con Huayruro, hacia finales de los noventa, tuvo una primera aproximación con la música de la serranía. Allí, junto con Jorge Luis Madueño fusionaron ritmos andinos con el jazz y contaban con instrumentos como el piano, el bajo y la batería. Magnet dice que lo que hace ahora es más personal, sin componentes electrónicos: «Es lo que me sale del alma, sin límites, sin moldes. Es algo que parte de mi corazón peruano».

El percusionista Manongo Mujica es su compañero en Peru Jazz, agrupación con la que fusionan el jazz con sonidos peruanos desde los años ochenta. Para él, la música andina es esencialmente triste, y que lo que ha hecho Magnet es llenarla de alegría. Y no solo eso, pues en el camino ha creado una suerte de sinfonía que resume los estilos de las regiones: guitarras de Ayacucho, saxofones de Huancayo, zampoñas de Puno. Una reunión que no existe fuera de Serenata de los Andes. «No soy un gran conocedor de la música andina —dice Magnet desde su pequeño estudio musical que tiene en su departamento—, lo que hago es captar la esencia de los sonidos y a partir de allí crear lo mío».

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Jean Pierre Magnet ha llegado a la sesión de fotos con saxofón, traje andino de gala diseñado por Meche Correa y un terno. Se emociona al ver las máscaras puneñas, los ponchos. «Si escucha o ve algo andino, su mundo se detiene», dice Lucien, quien divide su mundo entre los negocios y su faceta de dj. Con él estuvo grabando una canción hace unos días. «Trabajamos hasta tarde. Y él nunca quiere parar; tiene una energía tremenda». Jean Pierre Magnet dice que sueña con ser como Sonny Rollins, ese saxofonista que tiene 83 años y que sigue soplando como un veinteañero. «Nunca me preocupé de la parte económica, en mi seguridad a futuro. Siempre he tenido la tranquilidad de que mi oficio me va a proveer. Hubo momentos de escasez, pero sin angustia», asegura. «Veo a Sonny Rollins y digo: si él nunca se detuvo, yo tampoco». Mientras sus colegas piensan en jubilarse, él sabe que está en el mejor proyecto de su vida. El secreto para lograr sus objetivos, dice Magnet, es no parar.

En octubre del 2014 celebrará sus 65 años inaugurando una nueva agrupación musical dirigida por él. Interpretará sus «tesoros musicales». Habrá mucho color, un poco de todo, dice emocionado. Jean Pierre Magnet grabará pronto un disco junto a Manuelcha Padro, un legendario trovador de los Andes, y al arpista Luciano Quispe. En marzo del próximo año tocará junto al cantante cusqueño William Luna. El músico que buscaba su propio sonido ahora es un maestro a quien todos buscan. «Y pensar que antes no me gustaban la fusión —dice, y se ríe—. Pero he comprendido que solo es el reflejo de un contexto, de las vivencias. Y esta es la mejor etapa de mi vida».