Jason Day

Un galán poco convencional

Escribe: Pamela Ravina / Foto: Rafo Iparraguirre / Dirección de arte y styling: Sebastián Sommaruga
Jason Day es un lector empedernido. Un reciente aficionado de la decoración. Tiene a Cuthbert, su bullterrier de un año. Es un sibarita de sabores exquisitos. Un rebelde sin miedo a la incoherencia. Anda sin DNI y habla de política. Le fascina el Twitter. Está resfriado. ¿Cómo desarmar a un galán en tres citas?

Cita 1: Su mundo en una taza de café
Jason Day está resfriado.
Se le nota cansado. Tose.
Pero también se le ve emocionado. Las últimas semanas ha estado tramitando la mudanza a su nuevo departamento. Jason lo sabe. Mudarse supone un cuidadoso proceso de escoger todas y cada una de las piezas que le darán personalidad (la suya) a cada rincón de su nuevo hogar. «He comprado unos cuadros cusqueños espectaculares del siglo XVII. Me he metido a unos sitios más raros… Quiero asegurarme de que mi casa siempre sea mi lugar favorito», me cuenta mientras nos sentamos en una mesa de La Bonbonnière, en San Isidro.
He llegado quince minutos tarde a nuestra primera cita. Aun así, me recibe con una sonrisa. Y un beso en la mejilla.
Nos hemos citado en este cafecito por lo bonito que es. A Jason le gustan las cosas bonitas. Mientras conversamos, desvía su mirada a un lado y al otro. Está incomodo. Detrás de nuestra mesa hay un grupo de bulliciosas señoras. Pero él es la clase de chico que valora el silencio, la comodidad y la paz. Cuando piensa, Jason se muerde los labios y se toca la barbilla con las manos.
–Estaba pensando… ¿has ido a la panadería de mi primo? ¿Podríamos ir allá? Acá siento estas señoras atrás… tanta bulla.
Subimos a su camioneta de llantas altas, una Jeep Rubicon negra, la misma que utiliza su personaje en La Tyson. Con 1.85 metros de estatura, no tiene mayor dificultad para subirse. «Y eso que soy el más chato de la familia», bromea. El interior del auto está impecable y ordenado. Enciende el motor y automáticamente suena una canción. La voz ronca de Bob Dylan canta: Beyond here lies nothing, nothing we can call our own.
Soundtrack de un conquistador.
En el asiento trasero hay una caja para transportar a una mascota. «Es de mi bulterrier. Lo traje de Polonia, en uno de los viajes que hice a Europa».
El perro de Jason se llama Cuthbert.
Cuthbert es el segundo nombre de Jason.
Y el de su abuelo inglés, también.
–Si tantos padres le ponen sus nombres a sus hijos, ¿por qué yo no le puedo poner mi nombre a mi perro? –dice mientras maneja.
Cuthbert Day es el huésped más consentido de su nueva casa. «Es como tener un pequeño dios en casa. Me despierta todos los días a las cinco y media de la mañana, porque a las seis comienza mi entrenamiento de box».
Jason dice que su perro le ha ayudado mucho a ordenarse. Como tiene un problema en la piel por el cambio de clima, Jason le da su dosis diaria de medicamentos y lo baña dos veces por semana. Cuthbert, además, tiene dos entrenadores.
–Esa rutina es un poco neurótica. Pero está bien. En las cosas que me interesan soy muy ordenado: en mi trabajo, con mi perro. Pero en otras soy un caos.
Mientas hablamos de caos y mascotas, la camioneta se dirige hacia Miraflores. Por el camino, cerca del Real Club, en San Isidro, Jason desacelera . «Este es uno de mis edificios favoritos, lo diseñó un arquitecto famoso, Theodore Crown». Si no hubiera sido actor, a Jason le hubiera gustado ser arquitecto, porque «le gustan las estructuras».