Jack Johson no quiere salvar al mundo con canciones

Por Pablo Panizo
Jack Johnson no ganará un solo dólar por su concierto del 3 de marzo en el Parque de la Exposición de Lima. No lo ha hecho desde el 2008, cuando decidió destinar el 100% de los ingresos de sus giras a causas ambientales y educativas. Cambió la idea de la mansión en Hollywood por una granja orgánica en Hawái y su público más común está compuesto por los estudiantes de las escuelas locales que visita constantemente. No busca cambiar el mundo con sus canciones, pero sí con todas las otras actividades en su vida. ¿Puede una estrella mundial de la música vivir para salvar el planeta?
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Jack Johnson puede pasar meses sin componer. Lanza un disco cuando siente que debe hacerlo, sale de gira cuando tiene ganas y sigue creyendo que las canciones son historias y que, para tener algo que contar, primero hay que vivir. Los excesos de rockstar, a decir verdad, nunca estuvieron siquiera cerca suyo. La vida real de Jack Johnson, de hecho, gira alrededor de tareas como tocar la guitarra en escuelas de la costa norte de Oahu, cuidar junto a sus tres hijos los frutos de su huerta orgánica o cocinar algo con la pesca del día. Entremedio, supervisa junto a su esposa, Kim Ohana, el funcionamiento de las dos organizaciones sin fines de lucro que distribuyen el 100% del dinero recaudado por Jack en sus presentaciones alrededor del mundo hacia organizaciones dedicadas a la educación en arte y música y al cuidado ambiental.

No hay día completo sin visitar a su padre en el lugar donde más aprendió de él: las olas. «Mi padre murió hace cinco años y el mar es el lugar a donde lo vamos a visitar», cuenta a través del teléfono. La vida de los Johnson no puede imaginarse sin el gigante azul. Navegando llegó Jeff Johnson a Hawaii para fundar su hogar en la meca del surf, y corriendo olas educó a sus hijos en el amor por la naturaleza. En su memoria, Jack Johnson editó su sexto disco, TO THE SEA [2010], y para mantener vivo el espíritu familiar los hermanos Johnson vuelven siempre al mar. «Para nosotros –explica Jack– el océano es como una iglesia a la que vamos todos los días para estar juntos y encontrar equilibrio en nuestras vidas».

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Tres años se tomó para regresar con FROM HERE TO NOW TO YOU, su séptimo álbum. Tres años para recargar baterías y volver con fuerza al frenético ritmo que implica una gira a la que todavía le quedan más de treinta shows alrededor de Sudamérica, Norteamérica y Europa por delante. Jack Johnson debe suplir el equilibrio que le da el mar hawaiano, lo que más extraña en largas giras como esta, y más aún ahora que es la temporada de olas grandes en Hawaii. El día siguiente a esta entrevista, se esperaban las olas más grandes de la década en el North Shore, la isla más codiciada por los tablistas alrededor del planeta, y el hogar del músico. Hizo dos cosas esa tarde: guardar su guitarra en el estudio que armó en el garaje –cuando entran olas ni piensa en ella– y sacar sus tablas almacenadas debajo de la casa para ponerlas a salvo de la violencia de un mar que prometía invadir hogares y pistas. Sus gallinas estaban a salvo, aunque la pequeña granja orgánica podía correr peligro.

Jack Johnson exploró la música postrado en la cama de un hospital después de rozar la muerte en Pipeline, la playa más peligrosa del mundo. Una ola lo lanzó de bruces contra el coral, le rompió la nariz y los dientes frontales y le produjo cortes que solo pudieron ser neutralizados con 150 puntos quirúrgicos. Su prometedora carrera como surfer profesional acabó abruptamente en 1993, cuando apenas tenía diecisiete años. Lejos del mar, se acercó a su guitarra como no lo había hecho antes y encontró en ella a la acompañante ideal para su voz y sus melodías. Antes de partir a California para estudiar en la Universidad de Santa Bárbara ya había comenzado con una tradición que mantiene hasta hoy: tocar sus composiciones frente a su familia y amigos y descubrir junto a ellos si lo que suena es capaz de conmover. No existe otro filtro para el artista que ha vendido veinte millones de discos y que sigue sonando como el desconocido que tomó una guitarra y tocó junto a la fogata. Aunque ya no lo sea. Cada dólar que Johnson gane en su presentación del próximo 3 de marzo en Lima será donado, como ha hecho con cada uno de los conciertos de la gira FROM HERE TO NOW TO YOU. Si va a presentarse en el Parque de la Exposición es por una exigencia: quiere tocar al aire libre, rodeado de jardines extensos. Desde que inició su tour el año pasado, cada concierto ha sido una celebración de la naturaleza y un llamado a la conciencia ambiental. El público tiene a su disposición máquinas dispensadoras de agua para evitar el uso indiscriminado de botellas plásticas y los equipos necesarios para armar el show se envían por vía terrestre o marítima, evitando la alta contaminación del transporte aéreo.

Desde que inició su gira el año pasado, Jack Johnson y su equipo han consumido alimentos orgánicos de cuarenta productores locales de cada lugar al que viajaron, han controlado el consumo de combustibles fósiles mediante la utilización de casi cuatro mil galones de biodiesel con los que alimentan los camiones, buses y generadores eléctricos involucrados en la organización de cada show, y han logrado evitar que más de tres mil botellas de plástico terminen en la basura. Para cuando su gira finalice, la organización fundada en 2008 junto a su esposa, la Johnson Ohana Foundation, habrá donado más de 215 mil dólares a organizaciones sin fines de lucro de cada lugar donde se presentaron, agrupadas en la campaña ALL AT ONCE, una campaña que, además, ha logrado reunir 310 mil dólares en donaciones independientes. En total, más de medio millón de dólares han sido recaudados gracias a la figura del músico hawaiano.

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A Jack Johnson la fama le llegó en el 2001, con la canción Flake, de su álbum debut BUSHFIRE FAIRYTALES. Tenía entonces veintiséis años y una obsesión en la cabeza: regresar a casa, a Oahu. Después de ocho años en California extrañaba demasiado el agua caliente del mar hawaiano, despertarse frente a olas de la más perfecta ingeniería natural, estar junto a su familia y volver a sentir el espíritu de la isla en su cotidianeidad, y no como un regalo de navidad. Por dos años disfrutó a plenitud de la tranquilidad económica que le dio su crecimiento artístico, y ese tiempo le sirvió para cumplir su sueño de formar un hogar junto a Kim a pocos pasos de la casa donde creció. Los Johnson Ohana compraron una rústica casa a orillas del mar y Jack acondicionó el garaje para convertirlo en su primer estudio musical. El fenómeno Jack Johnson crecía alrededor del mundo, pero el músico ya había conseguido todo lo que el dinero podía ofrecerle. No quería autos de lujo, mansiones, ni un jet privado. Quería volver a ser un hawaiano más. Enamorados de la simpleza de la vida isleña, la pareja inició un camino de involucramiento con la comunidad local que tuvo su primer fruto concreto con el nacimiento de la Kokua Hawaii Foundation, creada en el 2003 para promover la educación en artes y el cuidado ambiental en los niños de la costa norte de Oahu. «Haber crecido pasando tanto tiempo en la naturaleza me marcó. Supongo que fue esta experiencia de vida la que me hizo regresar y tener ganas de devolver un poco de lo que tuve, cuando he alcanzado una posición que me lo permite», dice Johnson.

El músico que se ha ganado la fama de ser “el rockstar más relajado del mundo”, como lo denomina la revista Rolling Stone, personifica cualquier imagen existente de un antirockstar. Un hombre de mar que se enamoró de la naturaleza a tal punto de que la música se convirtió en un medio para conservarla. El granjero que sale al mundo con su guitarra sólo cuando es necesario. Su cambio de look involucra, en su máxima expresión, el largo de su cabello, y sus jeans usados y sandalias son la marca registrada de su look como los pantalones ajustados lo son para Mick Jagger. Jack Johnson quiere salir de gira y cantar sus canciones. También quiere salvar el mundo. Pero no quiere salvar el mundo con sus canciones. Sabe que eso no es posible. Johnson no es un soñador, es un activista. No es un rockstar, es un surfer hawaiano que escribe canciones. No busca crear conciencia, simplemente vive de la manera que piensa correcta.

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