Gianmarco

Otros días (nuevos)

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Rafo Iparraguirre

Gian Marco se ha quedado dormido. Una hora después de lo acordado aparece con un café en la mano derecha y un tatuaje en el brazo contrario: un mantra de «concentración, reconocimiento y aceptación» que hacia el final de la demorada entrevista cantará en tono de balada. «Me merezco su desprecio, me merezco su desprecio», repite en broma y entrando rápidamente a la oficina, donde saluda a todos con beso, incluido Iván, su mánager. Se quedó dormido porque estuvo trabajando en una nueva canción hasta las cinco de la mañana. Se le perdona por eso, por el saludo afectuoso y porque a medio camino llamó por teléfono para preguntar si a los presentes se les antojaba algo
de Starbucks.
Gian Marco corre. No ha parado de hacerlo desde el pasado 10 de noviembre, cuando ganó su segundo Grammy Latino en la categoría de Mejor Álbum Cantautor, por su disco Días Nuevos. A la mañana siguiente dejó Las Vegas rumbo a Guadalajara para cantar en los Juegos Parapanamericanos. No hubo celebración entonces. Recién se dio cuenta que había ganado cuando estuvo de regreso en Lima. Fue un domingo a almorzar con su esposa, hijos y madre -Regina Alcóver- a un chifa en El Polo. Apenas entró, una señora dio la voz de «¡Bravo, Gianmarquito!» y el resto del restaurante la siguió con aplausos. El festejado se quedó sorprendido, gratamente, claro, aunque su hija Nicole, de dulces dieciséis, le recriminó el roche. Pero tiene motivos para ser celebrado. Con eso en mente, le entrego un regalo.
–De parte de todos los chicos de la revista.
–¡Nooooo! ¿Dónde has conseguido esto?
Gian Marco sostiene en sus manos el LP en cuya carátula un jovensísimo Joe Danova, allá por el año 1966, vuela en el aire. Apropiada imagen para lo que constituyó su salto a la fama, como lo describe su hijo, 45 años más tarde. «Ahí está: yucón y potón», dice Gian Marco, y luego repasa la lista de canciones en el dorso del disco. Tararea Josefina, luego Puff. Recurre al teclado y se manda con otra: Oye cómo suena el twist de la gorda/ Mira cómo mueve la cintura la gorda/ Mira cómo mueve la culata la gorda/ Mira cómo salta la panza ‘e la gorda. «Mi papá se retiró en el mejor momento de su carrera», recuerda. «Ganar Ancón fue un regreso importante para él, pero después de eso decidió hacer
otra cosa».
–¿Por qué?
–No lo sé. Nunca se lo pregunté. Bueno, en realidad sí, y me dijo: «¿Quieres saber por qué dejé de cantar?». Me llevó a La Palizada, donde se presentaba mucha gente de la Nueva Ola. Me miró: «¿Ves a todos los compañeros que están ahí? Yo no quiero terminar así». Más allá del respeto y el cariño que sentía por sus compañeros, no tenía ganas. Fue lo más sensato con él mismo.

Gian Marco deja el LP sobre el teclado.
–Mi papito. Con sus ojitos caídos, como los míos –dice y luego sonríe.