Elton John

El genio provocador

Escribe: César Becerra
Ha vendido más de 250 millones de discos. Está casado con un hombre. La madrina de su hijo es Lady Gaga. Es presidente vitalicio de un club de fútbol inglés. Tocó en el último concierto de John Lennon. Es parte del Salón de la Fama del Rock & Roll. Ha ganado un Óscar. Es Caballero de la Orden del Imperio Británico. Tiene el single más vendido de la historia.¿Excéntrico o huachafo? Un hombre al que cuesta definir. ¿Cuántas etiquetas puede soportar Elton John?

Hay que escuchar a Elton. Si nos ponemos a verlo, tal vez nos confundamos. Como aquella vez, en 1978, que tocó alegremente Crocodile Rock en el show de Los Muppets disfrazado de ¿papagayo? ¿Pavo real? ¿Ensalada de plumas? Si bien el cantante Cee Lo Green rindió tributo al inglés en la ceremonia de los Grammy Awards 2011 al vestirse igualito que él y subir a una cabaretera Gwyneth Paltrow al piano y contar con una banda de Muppets, lo cierto es que uno puede extraviarse en esa colorida jungla de espuma de poliuretano y lentejuelas, y olvidarse de que estábamos hablando del músico Elton John.
Es su culpa.
Él ha hecho de todo para que nos fijemos en sus lentes gigantes y trajes vivarachos. Peter Gabriel, años después de dejar Genesis, dijo que usaba disfraces en las performances con la banda para llamar la atención. ¿Elton habrá recurrido a la misma estrategia? Como los personajes de Tim Burton, ¿se habrá ocultado entre tanto colorinche para disimular su propia oscuridad? En todo caso, debió advertirnos que en algún momento podíamos cerrar los ojos para prestarle atención a su música. Porque para apreciar al héroe vestido de bufón no hay que arrancarle el disfraz.
Solo hace falta escucharlo.
Para la revista Rolling Stone, por ejemplo, Elton John y su compadre Bernie Taupin conforman una de las entidades compositoras más exitosas, al lado de otras duplas como John Lennon y Paul McCartney o Mick Jagger y Keith Richards. Elton y Taupin, juntos desde 1967, han creado hits inmortales como Your song, Rocket man, Tiny dancer, Candle in the wind, Nikita, entre otras joyas del pop suavecito en sus formas, pero lacerante como un cuchillo bañado en ácido muriático.

Montaña rusa
La carrera musical de Elton John ha oscilado entre la apoteosis y la discreción. Si hay que señalar una etapa clave, sería aquella formada por los primeros años con Taupin (1967-1980). En esa franja temporal se cosechan en cadena la mayoría de los grandes éxitos de su dilatada discografía. Placas como Empty Sky (1969), Elton John (1970), Tumbleweed Connection (1971), Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player (1972) o Goodbye Yellow Brick Road (1973) resultan imprescindibles para apreciar a Elton en su máximo esplendor. En los ochenta, escuchamos algunas producciones suyas que terminaron en el cancionero de la balada universal como Sacrifice o Nikita. Pero andaban lejos de la inspiración de la década pasada y de Your Song.
En los noventa, el highlight más importante fue aquel Óscar que recibió por la canción que interpretó para la película El Rey León (1994). Elton demostraba que estaba vigente y que era un compositor dispuesto a agradar a las grandes masas. Pero fue una década triste. En 1990, su amigo Ryan White, infectado con el virus del VIH, falleció. En 1997, Gianni Versace, otro amigo suyo, fue asesinado. Ese mismo año, por si fuera poco, la princesa Diana murió en un accidente automovilístico. Como tributo, Elton volvió a cantar Candle in the wind, melodía originalmente dedicada a Marilyn Monroe. El homenaje se convirtió en un suceso inesperado: hasta la fecha es el single más vendido de la historia, con 37 millones de copias. Y por dicha interpretación, Elton ganó un Grammy a Mejor Performance Pop Masculina.
El éxito comercial no parecía ser tan ajeno.
Pero muchos extrañaban al genio de los setenta.
Parecía que Elton se extrañaba a sí mismo.
En un artículo del diario argentino Página 12, el escritor Rodrigo Fresán menciona que un punto de quiebre en la carrera del músico ocurrió cuando descubrió a un joven rockero country: Ryan Adams. El disco que había comprado fue Heartbreaker (2000), cuyos créditos mencionaban que había sido grabado en doce días. «Me hizo pensar en por qué mierda yo no podía hacer un disco así, si un chico de 24 años puede. Y lo peor de todo es que a mí me salían… yo había sido muy bueno a la hora de hacer discos así. Simples y hermosos y sentidos. Me las arreglé para conocerlo y conversar. Estaba tan nervioso como una colegiala. Intercambiamos secretos y de ahí a casa y llamé a Bernie. Tardé 31 días porque, bueno, soy un poco más viejo y tengo unas cuantas juergas más encima, y lejos están los tiempos en que compuse Your Song en cinco minutos mientras desayunaba y todo Don’t Shoot me I’m Only the Piano Player en apenas dos días. Todo se grabó en dos sesiones. Por eso le dedico mi disco. Sin su música no hubiera salido la mía».
En efecto, Elton buscó a Taupin para encerrarse en el estudio. Fruto de ello, apareció el notable Songs from the West Coast (2001). Ese disco incluía la canción I want love, brutal declaración de un náufrago de amor, cuyo video tenía a ese desamparado emocional llamado Robert Downey Jr. Elton puso honestidad y desesperación en la boca del futuro Iron Man para reclamarle al mundo que quería ser amado nuevamente, esta vez por las razones correctas. Elton, indefenso y sin armaduras, pidió amor y lo recibió.