El lente de un hombre que quiere verlo todo

Por María Jesús Zevallos / Fotos de Santiago Barco - MATE
Llegó a la fotografía de moda por una fascinación con lo que uno podía expresar a través de sus prendas, y se hizo conocido por evocar una emoción en cada imagen y hacer de la foto de moda algo más que una estrategia de venta: un arte. Al fotógrafo peruano Mario Testino –nombrado el pasado abril como presidente de la oficina del Fondo Mundial para Monumentos en el Perú y premiado en junio por la revista Vogue como el mejor en la industria de la moda– le gusta descubrir; saber que la primera impresión es mera utilería para llegar a una nueva impresión.
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Ella tenía 37 años y acababa de lanzar uno de los videoclips más escandalosos de su carrera. Su canción Human nature fue una manera para que la cantante estadounidense Madonna se burle de sus detractores, que habían aumentado aún más desde que lanzó su libro Sex. Forrada en látex negro y con trenzas y labios del mismo color, Madonna cantaba susurrando líneas como «exprésate, no te reprimas». Era 1995, ese mismo año la cantante iniciaba una campaña para la casa de moda italiana Versace. La condición: que las fotografías las tome Mario Testino.

Él tenía cuarenta años y ya era un fotógrafo consagrado dentro de la industria de la moda, aunque fuera de ella no muchos sabían de él o su trabajo. Mario Testino había llegado a la fotografía de moda porque su fascinación por las prendas y lo que puede significar para un individuo habían sobrepasado sus discapacidades para dibujar o diseñar. Sabía que la moda podía vestir, pero también desnudar. Y el rumor entre los grandes nombres de la industria era uno: aquel muchacho peruano podía ver en un modelo algo más que un perchero hermoso para lucir ropa igual de hermosa, y descubrir en una celebridad una faceta más allá del personaje que vendía al mundo. «Comenzamos a hacer de cada modelo un ser humano, a darle personalidad», dijo Carine Roitfeld –ex editora general de Vogue Francia– sobre su trabajo con Testino en una entrevista para la revista The New Yorker. Aquel día Testino vistió a Madonna de blanco y la fotografió sobre un fondo blanco, además ella llevó el cabello corto y rubio. El fotógrafo la retrata vulnerable, sonriente, espontánea. El contraste perfecto a aquel video que meses antes había grabado con aires de dominatriz, rígida, ruda e hipersexual. Desnuda, aún con una de las mejores marcas de ropa en su cuerpo. «Exprésate, no te reprimas», decía la canción. Madonna se expresó de una manera cándida. Testino, en su amor por la dualidad en la vida, había sacado aquel lado de ella. Él también se expresó.

«A mí la mezcla me encanta, en la vida y en mis fotografías», confiesa el fotógrafo. «La gente siempre quiere definirse por algo, pero yo siento que somos muchas cosas al mismo tiempo».

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Mario Eduardo Testino Silva fue muchas cosas y ninguna antes de ser fotógrafo. «Al igual que la mayoría de personas, quería encontrar algo que me apasione y me haga feliz», explica. «Tuve que pasar por muchos y diferentes caminos para encontrarlo, pero, al final, todo lo que he hecho en mi vida me ha servido siempre para bien». Muchos años antes de ser reconocido como el mejor fotógrafo de moda del mundo por Vogue, la publicación más importante en esta industria, Testino fue un estudiante de Economía de una de las universidades más prestigiosas del país. También fue un estudiante de Derecho en Lima y de Relaciones Internacionales en California. «Mis estudios académicos me han ayudado en mi vida de negocios… supongo que uno siempre debe estar abierto y nunca dejar de aprender», piensa el fotógrafo. Pero la moda, antes que la fotografía, fue siempre un centro de admiración y vicio para Testino. «Siempre me vestí con estilos de moda muy fuertes, llamativos, diferentes; y luego me di cuenta de que uno podía ser un fotógrafo de moda», cuenta. «Eso para mí era simplemente perfecto. Mientras más fotografía de moda hago, más considero que estoy haciendo un trabajo de documentación».

Con veintiún años y una cabellera teñida de rosado, Mario Testino llegaba a Londres. Era 1976, el movimiento punk estaba en todo su apogeo en la capital de Inglaterra. El estilo teatral de los punk londinenses llamó la atención del joven limeño como alguna vez lo hicieron las ceremonias religiosas en las que participaba de pequeño. Aquellas atmósferas exageradas y estéticas extremas lo apasionaban, y Londres parecía ofrecer todo aquello que Testino nunca había pensado posible para satisfacer su necesidad creativa. «Culturalmente era muy diferente del Perú, mucho más de lo que es hoy. La forma de pensar de la gente, su forma de vestir, el clima… todo era distinto. Puedes imaginar lo que fue para mí llegar a Londres, un lugar donde el clima es más frío, la luz del día mucho más corta durante el invierno, el ritmo de la ciudad increíblemente rápido. Todo era tan emocionante. Supongo que yo estaba abierto a vivir la experiencia y tenía muchas ganas de hacerlo. Creo que esa es la forma de buscar lo que quieres: tienes que lanzarte y agarrar todas las oportunidades, y con las dos manos».

Aquella parece haber sido –tal vez inconscientemente– la consigna del fotógrafo desde un inicio. El no cerrarse a las posibilidades ni a las oportunidades. El tener que vivir en un hospital abandonado en el centro de Londres, con electricidad intermitente y sin calefacción en un clima que puede llegar a los -10 °C, y trabajar en un bar de vinos si era necesario para dedicar su tiempo y dinero a la fotografía de moda eran situaciones que Testino vio con los mismos ojos con los que veinte años más tarde fotografiaría a Madonna: sabiendo que por más aparente que fuese a primera vista, las posibilidades en realidad eran –y siempre son– infinitas si uno se detiene a mirar un poco más allá de lo que se percibe a primera vista, o incluso lo que otros están dispuestos a presentarnos.

Se inició trabajando como asistente del fotógrafo de teatro John Vickers, y, poco a poco, entre armar portafolios para aspirantes a modelos por 25 euros y perseguir a editores fotográficos para que le den una oportunidad, concreta su primer spread fotográfico y editorial de moda para la revista Over 21. Con el tiempo, la industria de la moda comenzó a darse cuenta de la peculiaridad de las fotos de Testino: lo que él lograba capturar en su lente no era simplemente ropa exquisita, sino personas que podían transmitir, como cualquier obra de arte, una emoción que fuera más allá de la belleza. Este fotógrafo peruano podía evocar sentimiento en una rama de la fotografía que se había creído meramente valiosa por un peso estético. Mario Testino convertía, sin dejar de lado las prendas como centro, a la fotografía de moda en arte.

Aunque Testino prefiere no tomar crédito por algo que ha sido un proceso natural de crecimiento y descubrimiento. «¿Fue la fotografía lo que te hizo ser el mejor?», le pregunto. «Personalmente creo que la fotografía era lo mejor para mí», responde. «¿Quién soy yo para decir que soy el mejor en fotografía? Más bien la fotografía es lo mejor para mí. La encontré y vivo feliz con ella».

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Madonna fue una celebridad que sucumbió a aquella mirada transformadora –mejor dicho, descubridora– de Testino, pero para él descubrir simplemente es parte de su trabajo. «Versace presents Madonna / Photographed by Testino», decía aquel spread publicitario de 1995. «¿No crees que suena algo pretencioso?», recuerda -durante una entrevista al canal de noticias CNN- haber preguntado el fotógrafo al entonces con vida Gianni Versace, creador de la casa de moda. «No, porque lo estoy diciendo yo, no tú», dijo el diseñador. Dos años después, Testino sería un apellido de fama mundial cuando el fotógrafo fuese elegido para retratar a la princesa de Gales meses antes de su fallecimiento. Desde ese momento, su nombre se ha asociado a la familia real, y es responsable de los retratos de los príncipes de Inglaterra, y las fotos de compromiso del príncipe Guillermo y de la princesa Catalina. También ha sido el responsable de los descubrimientos de modelos como Kate Moss y Gisele Bündchen, a las que ha fotografiado en más de una ocasión. El hombre que quería que la moda provoque emociones se convirtió en uno de los más influyentes en la industria mundial.

Esa misma multiplicidad que Testino busca y practica ha hecho que el fotógrafo se embarque en una exploración de otros tipos de arte y atmósferas, como el Perú. Y aunque Testino ha fotografiado diversas editoriales de moda en nuestro país en sus treinta años de carrera, su trabajo hoy en la Asociación Mario Testino [MATE] demuestra una longeva adoración hacia su país y todo lo que tiene para ofrecer. «Me encanta ser capaz de contar al mundo acerca del Perú y de su maravillosa cultura», dice el fotógrafo. «Fundé MATE para devolver a mi país todo lo que siento que me ha dado, y creo que la mejor manera de hacerlo es a través de la cultura». Así, Testino ha trabajado muestras como Alta Moda, una serie de retratos fotográficos realizados en el Cusco en un periodo de cinco años a personas de la localidad vestidas con atuendos tradicionales y festivos. Este proyecto, alejado de lo que Testino había hecho anteriormente, surgió después de descubrir un archivo de vestuarios de la región. «Aprendí mucho haciendo esta serie y me gustó la forma como abrió los ojos a otros peruanos, y les mostró que hay otra manera de mirar en nuestra propia cultura, con otros ojos», dice. Una vez más, la inspiración llegaba a partir de la ropa.

Este año Testino fue elegido para presidir la oficina peruana del Fondo Mundial de Monumentos, una nueva oportunidad para seguir descubriendo formas de emocionar. «Miro tanto arte: pintura, fotografía, escultura, collage, dibujo. Me inspiro mucho en todo lo que veo», cuenta. Así, MATE ha abierto una sala de exhibiciones temporales, en la que se presentarán trabajos de artistas peruanos e internacionales. «Quiero que sea un diálogo entre culturas, medios y tiempos», explica.

Mario Testino es mucho más que un fotógrafo de moda, y la moda es mucho más que una foto para él. Su fascinación por la alta costura lo llevó no solo a ser el mejor en la industria, sino también a encontrarle una profundidad que antes tal vez no se hubiese pensado verídica o necesaria. La premisa es plena: todo tiene tantos lados como uno se detenga a observarlos y aceptarlos, y Testino no piensa perderse de nada.