El actor más visto del cine quiere ser invisible

Por Eduardo Cornejo / Fotos de Alonso Molina
Luego de que más de tres millones de peruanos hayan pagado una entrada al cine para verlo, uno de los actores más exitosos del país decide ocultarse de la gente con los atributos (los buenos, claro) de su más reciente personaje en la cinta PERRO GUARDIÁN, un sicario mata terroristas que no cuestiona para nada su oficio.

El actor que superó los tres millones de espectadores en la taquilla del cine peruano con la cinta ASUMARE! tiene miedo de que un perro le muerda el rostro. No es cualquier perro: es un gran danés de ochenta kilos que se alimenta cada veinticuatro horas con un kilo de carne. Carlos Alcántara no quiere ser parte de la dieta canina. Quiere seguir batiendo records de taquilla, quiere partir al día siguiente a Panamá, a la presentación de los Premios Platino a entregar, junto a Eugenio Derbez, el premio a Mejor Actor. Quiere, además, proponerle a Ricardo Darín una coproducción peruano-argentina donde ambos sean protagonistas. Quiere superarse a sí mismo. Quiere lograr que seis millones de personas vayan a verlo a la pantalla grande. Carlos Alcántara, a sus 49 años, quiere muchas cosas. Y para ello necesita el rostro intacto. Intacto como lo hemos conocido desde hace veintisiete años cuando comenzó en esta carrera.

El miedo a la mordida no frena su humor. A pesar de ello, mientras tiran un flash, mientras hace una mueca, mientras cruza una pierna o la otra para las fotos, bromea imitando a las señoras que lo vieron por el Boulevard de Asia este verano: «¡Ay, habías sido guapo, Cachincito». «¿Sido?», se pregunta tocándose el pecho indignado. Él ríe. Todos reímos. Y pareciera que también el perro.

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Hacia las diez de la mañana una voz atrapada en ruidos roncos avisa por el intercomunicador que ya sale. Es Carlos Alcántara. La noche anterior ha tropezado con una de esas gripes limeñas de fin de verano. Un evento que animó y que duró hasta tarde lo ha puesto así. No ha tomado nada, dice, y luego cierra la puerta del auto que nos llevará a la sesión de fotos. Pide un caramelo de menta para la garganta, se lo damos. La curva de Chorrillos a esta hora está relativamente vacía, y a pesar del manso devenir de la avenida, un operativo policial cuestiona a pitazos a los conductores. Esta escena policial activa en el cerebro de Alcántara la personalidad suspicaz y nublada del PERRO GUARDIÁN, el personaje paramilitar atormentado cuya misión es buscar, oler y cumplir órdenes de eliminación de terroristas en la última película que protagoniza. «Algo va a pasar acá -dice como olfateando-, deben haber pasado un dato de que algo va a pasar acá». Entonces deja de ser Alcántara y comienza a ser el PERRO GUARDIÁN.

De los tres últimos personajes que ha hecho en el cine, éste con el que se ha sentido más satisfecho. En ASUMARE! hizo de sí mismo «y fue divertido hacerlo». En A LOS 40 se la pasó muy bien. Pero en PERRO GUARDIÁN, dirigida por Bacha Caravedo y Daniel Higashionna, la historia de su personaje exigía una extrema preparación física y mental.

«En “A los 40” mi personaje es el pata que ha llegado a cuarta base divorciado y que no quiere volverse a casar. Pero en el reencuentro de promoción me fumo algo y pasan cosas divertidas. Tienen que ir a verla, me divertí mucho haciendo esta película», dice Carlos Alcántara. Este largometraje dirigido por Bruno Ascenzo congrega a un experimentado grupo de artistas peruanos entre los que figuran Carlos Carlín, Gonzalo Torres, Johanna San Miguel, Gianella Neyra y Wendy Ramos. Una film imperdible, sobre todo por esa carga de humor negro que resulta bastante innovadora en el cine peruano.

Comenzó por teñirse la barba cana de negro. Después de dos meses de entrenamiento ya estaba físicamente preparado para el personaje: había perdido ocho kilos. «Sufrí, la verdad es que a esta edad es difícil llegar a ese estado físico». Pero aquello no fue lo más complejo. Más allá del aspecto externo, Alcántara tenía que estructurar la personalidad interna que el personaje de PERRO GUARDIÁN suponía. Tuvo que leer MUERTE EN EL PENTAGONITO, el libro de investigación del periodista Ricardo Uceda porque de ahí se tomaba el personaje del Perro, un sicario paramilitar que trabaja para el gobierno matando ‘terrucos’ o personas con supuestos vínculos con el terrorismo.

Alcántara tiene un amigo que ha sido militar y de quien ha tomado algunos rasgos para encarnar el papel de sicario. Esta persona, cuenta el actor, se apasiona tanto al recordar la lucha contra Sendero Luminoso en los Valles del Río Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) que le saltan los ojos de la cara. «Loco, créeme, se transforma, se lo ves en el rostro. Y yo tenía que lograr eso. Tenía que entrenarme mentalmente en recibir órdenes para matar sin cuestionar nada, sin preguntar», susurra. Acababa de terminar todo lo que fue Asumare!, y ese acoso de la gente y de la prensa lo utilizó para trabajar la paranoia. Comenzó a vivir desde el desquicio: no dormía, hacía excesivo ejercicio, no hablaba con nadie, y peleaba todo el día. Cachín empezó a sentir lo que sentía el Perro Guardián. «A preguntarme qué pasa conmigo». Y lo que pasaba con él, claramente, era que se estaba transformando en ese sicario que debía ser. Y así se hacía irreconocible no solo ante su público, sino ante sí mismo. La idea era desaparecer de una vez al hombre de rulos y de nariz roja con el que –por ahora- ha decidido zanjar.

Para encarnar a un sicario, Alcántara estimó algunas referencias recomendadas por los directores: ver la filmografía entera de Christian Bale, una de ellas EL MAQUINISTA, y estudiar al Robert de Niro de TAXI DRIVER. Tuvo que leer un libro llamado CÓMO DEJAR DE ACTUAR, de Harold Guskin, un actor, director de escena y coach norteamericano para actores que le enseñó a quitarse todas las muecas de claun que había adoptado por tener puesta la nariz roja más de diez años. El Machín de Pataclaun tenía que desaparecer. Y él sabe que se puede librar de la nariz, pero no de la fama. Aún no.

Abruptamente, un patrullero se pone a nuestro lado. «Ya fuimos, nos van a parar», dice Alcántara. Se escucha el claxon. Volteamos. Y por los altoparlantes el agente copiloto grita: «Buena Machín, te veo hasta en la sopa». Carlos, por primera vez en el trayecto, ríe.

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Alcántara pasó de ser el hijo de clase media que le hacía la vida imposible a su madre a ser un sicario caza terroristas. De la comedia que acalambró a punta de carcajadas a tres millones de peruanos, a un drama real que forma parte de la historia del Perú.

¿Te has cansado de la comedia?
No, pero quiero hacer otro formato, otro código de actuación. Acá hay algo importante y que hay que decirlo. Los actores somos instrumentos. Unos mejores que otros, pero somos instrumentos. Cuando leí el guion me gustó y me embarqué en esto. A pesar de que tengo años en la actuación, era la primera vez que hacía algo así. Me interesa el hecho de tener un personaje que tenga un desarrollo interno. Creo yo que estoy empezando una nueva carrera, a mis casi 50 años.

¿Te sentías menos actor con lo que venías haciendo antes, digamos, ASUMARE!, PATACLAUN?
No, no, para nada. Tengo 27 años haciendo esto, y en todo ese tiempo he hecho muchas cosas, pero siempre me preguntaba: «¿Dónde está esa parte mía de hacer drama?». Y lamentablemente, todo lo que tuve como propuesta fue comedia. Perro Guardián, su personaje, es un atormentado que «se va loqueando», dice él, por un tema de culpabilidad. A su personaje le decían el Perro porque tenía un olfato muy especial. Le decía a sus compañeros: no, no vayamos por acá. Por acá ha pasado terruco.

El actor cree que el olfato va más allá de la nariz: «Hay un olfato que previene». Ese olfato tiene que ver con el tacto, el gusto, y claro, eso que le dicen el sexto sentido que, además de ser un bien exclusivo de las mujeres, está presente en el personaje de Alcántara. «Es como un animal de la calle que si no come no come pues, él tiene una misión y no termina hasta que la cumple: que es matar terroristas».

Alcántara tuvo un solo acercamiento al terrorismo en su vida. Ensayaba todos los días en el teatro Británico y vivía en la calle Santa Isabel, en Miraflores. Cuando terminaba su rutina cogía su bicicleta y cortaba camino por Tarata. Ese día, ese 16 de julio de 1992, el ensayo se canceló. Se quedó conversando con una amiga en el cuarto que alquilaba en Miraflores. Entonces todo retumbó. Eran los dos coches bomba con los que Sendero Luminoso mató a 25 personas y dejó heridas a más de doscientas. Fue a las nueve y cuarto de la noche, la hora en que Carlos pasaba por ahí. «Mirábamos por la ventana un humazo, la gente gritaba terroristas y ni siquiera podíamos salir porque se escuchaban balazos. A la hora y media se aparece Jean Paul Strauss, blanco como un papel. Había tenido que subir al edificio de Tarata a rescatar a sus hermanitas, y había caminado entre gente herida y había visto a los muertos. Entonces yo tenía a un fantasma frente a mí que tenía que consolar».

Y desde el punto de vista del personaje, de la venganza, del sicariato, del Perro Guardián, ¿ha cambiado en algo tu visión del terrorismo?
Al margen de la película yo creo que cualquier forma de violencia es un error. Sea tanto por parte de los terroristas como de los militares, está mal. La película no cambia mi forma de pensar. He tratado de entender a los terroristas y a los militares, he tratado de entender a las personas que reciben órdenes y no se cuestionan nada y actúan. Y una orden, de donde venga, no justifica la muerte. La vida se trata, para mí, de generar más vida. No de acabar con ella.

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Hay similitudes entre el personaje de PERRO GUARDIÁN y Carlos Alcántara. El hacerse invisible, por ejemplo. Si ya desde Pataclaun su reconocimiento era inminente y callejero, su éxito después de ASUMARE! era insondable. Él sabe que esa fue la parte más difícil y a la vez más placentera de ganar fama. «Ahora entiendo a las grandes estrellas. Uno dice: “como se va a poner lentes y gorra para que no lo reconozca, qué atorrante”. En realidad es por comodidad. Porque al hacer contacto visual con el otro, abres la puerta para que se te acerque y te salude y quiera tomarse la foto contigo». Por eso hoy, Carlos Alcántara lleva unos lentes Ray Ban oscuros. «No me estoy tapando, porque hasta tapado me reconocen. Hay un tema con los ojos.Si yo te miro directamente con los ojos, es mucho más rápido el acercamiento. Es autoprotección».

¿Qué tendría que pasar para que llegaras al extremo de eliminar a alguien, de parecerte en lo más cruel a tu personaje?
Creo que por cuidar a mis hijos, a mi familia y a mis seres queridos, estaría dispuesto a matar. Si les hacen algo, si se trata de salvarlos, como cualquiera, creo, estaría dispuesto a hacer lo que sea. Me indigna y me encoleriza o me provocan sensaciones similares cuando veo o escucho de abusos, violaciones e injusticias. No soporto la injusticia.

En pleno Centro de Lima, hay gente que al mediodía camina de un lado a otro. Pero nadie ha notado que ahí esta Cachín, el muchacho que batió records de taquilla, nadie sabe que detrás de esos lentes, esa barba, otra vez canosa, y ese polo negro adosado al torso, es el Perro Guardián, Carlos Alcántara. Realmente, nadie lo ha notado. ¿Cómo se camufla después de tanto éxito?. «Pongo cara de gente común, responde. Yo ya he aprendido a cómo hacerme invisible».

Producción: Mariana Chamot / Pia Gonzales Vigil
Fotógrafo: Alonso Molina
Fotos Making of: Maria Belen Panizo
Video Making of: Sensorial films
Maquillaje y Peinado: Sono Salon

Agradecimientos: Sofá Cafe, Natalia Alayza, Ermenegildo Zegna . Salvatore Ferragamo . Adolfo Dominguez