Christian Meier vive el presente

No le teme a las canas y no le importa salir a comprar en pijamas

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Jacques Ferrand / Dirección de arte: Mencía Olivera
En medio de las grabaciones para una serie en Bogotá, Christian Meier regresó a Lima por unos días para estar con la gente que quiere. Antes le molestaba ser reconocido en la calle. Ahora, a uno de los hombres más sexys de 2012 según la revista People, no le importa mostrarse más ni que se le noten las arrugas. Sí bien le puede dar mil vueltas a la mejor manera de interpretar un personaje o de planear un viaje, este actor no se desespera pensando en el mañana. Tiene demasiado que hacer y sentir en el presente

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Christian Meier ha llegado. Tiene sonrisas para todos. Y bromas. Parece que le gusta que la gente se ría a su alrededor. Le pide al fotógrafo que le muestre lo que tiene pensado. Recorren el departamento. Es una pena que el día haya amanecido tan gris en Miraflores: la piscina en el último piso se ve aplastada por la neblina. Christian quería meterse al agua.

Quizá más tarde, si el cielo se abre. Por lo pronto, y mientras lo maquillan, pide otra camisa para no ensuciar la camiseta blanca que lleva puesta. No quiere que oculten sus arrugas. Pide un trabajo muy natural. Algo que apenas opaque el brillo de su cara, pero que conserve cada línea de expresión. Con el pelo, dice, que hagan lo que quieran.

Le traen la camisa y Christian se la pone. Abierta. Cerca de la piscina a la que quiere meterse [si el sol llega a atravesar el espeso gris] y sin hacer caso de ninguno de los botones de la prenda que le acaban de alcanzar, el actor entrega el rostro despreocupadamente y se deja maquillar, acostumbrado a estos menesteres previos a una filmación o una sesión de fotos. Christian conversa con un leve acento colombiano y una sonrisa igual de sutil. La camisa se abre de tanto en tanto con el viento.

Solo le queda un día más en Lima antes de viajar a Bogotá. Esta última estadía ha sido corta, de apenas una semana. Pero, en realidad, Meier vive en Lima. Solo trabaja fuera. Bogotá ha sido su principal lugar de laburo durante los últimos trece años. Christian explica que apenas tiene más de dos días libres, toma un avión y regresa a Lima a estar con sus hijos. A estar en su casa, precisa.

Hubo un tiempo en que Christian Meier no podía planear sus viajes. Un tiempo en que no podía planear nada. Cuando hizo las novelas para Telemundo –La tormenta, El Zorro y Doña Bárbara– no sabía cómo iba a ser su día siguiente. «Me llamaban a las nueve de la noche, y ahí recién me avisaban lo que iba a hacer cuando amaneciera», recuerda el actor. «No sabía si podría ir a una cita médica, al banco o al cine. Fue muy incómodo y nunca más he trabajado así». Ahora sabe cuál será su itinerario con dos semanas de anticipación. Y aprovecha ese tiempo para organizar todo al detalle.

Christian Meier se considera una persona muy planificada. «Soy un maníaco de la logística», admite. Todo tiene que estar muy bien pensado: desde el viaje que está por hacer, hasta el estacionamiento que elegirá para ir al banco. Su vida cotidiana depende mucho de esta exagerada manía.

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Antes, cuando estaba en Lima y era más joven, Christian Meier solía esconderse mucho. Se cuidaba de la prensa y le incomodaba que tanta gente le reconociera o le llamara por la calle. Ahora va a hacer las compras en pijama. «Hay lugares donde puedes hacer una vida más normal que en otros, donde la gente que me ve no le importa», dice Christian. Así es Bogotá. En Lima, en cambio, su presencia nunca pasa desapercibida. Aún así, ahora sale a la calle mucho más que antes. «Me dejo ver más», dice y se ríe. «Creo que con el tiempo, la experiencia, y también con la edad, hay cosas que me importan menos», responde Meier, sin que la brocha sobre su cara interrumpa su reflexión. «Ya no tengo veinticinco años, como cuando hacía las novelas de Iguana. Ahora salgo a la farmacia a comprar un Alka-Seltzer y si me ven, me ven. Y si estoy en pijama, estoy en pijama».

Christian sonríe. Parece que esa imagen lo divierte especialmente. Casi se ha reído. La camisa se sigue abriendo. No se molesta en acomodarla.

Pero Meier no tiene mucho tiempo para relajarse. La primera temporada de la serie Exposos, que protagoniza junto a la colombiana Angie Cepeda, se estrena este año en Mundo Fox, la nueva cadena norteamericana en español. También se podrán ver, en Moviecity, las dos temporadas de la serie de humor negro Lynch, en la que Meier participa. Este año grabará otra serie para Fox, Cumbia Ninja, donde el actor peruano interpreta al mánager abusivo y explotador de una banda joven de música urbana. Apenas termine ese trabajo, empieza la grabación de la segunda temporada de Exposos. Hasta setiembre su agenda está llena. Pero ya sabe que muchos de esos fines de semana los pasará en Lima.

Esa necesidad de organización se traslada también a la actuación. Si no lo hiciese, le sería imposible afrontar tantas historias distintas, los requerimientos de sus directores y el tiempo que le dedica a cada interpretación. Sabe que sus personajes tienen un periodo –más corto o más largo– de vida. Entiende que no se los puede llevar a casa. Desaparece a sus personajes para poder crear nuevas vidas. Puede parecer una forma muy fría de enfocar la actuación, pero Meier tiene la mente puesta en un lugar: el ahora. «Mientras más te comprometas con lo que estás haciendo en el momento, más diferencia marcarás con lo que ya has hecho», dice, olvidándose de no mover demasiado la cabeza para colaborar con la chica que lo está peinando. «En la actuación, mi compromiso es con el presente».

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