Bruno Ascenzo

¿Acaso un lorna no puede ser chévere?

Escribe: Carlos Fuller M. / Fotos: Hilda Melissa Holguín / Dirección de Arte: Sebastián Sommaruga y Alejandra Vargas
No toma. No fuma. No va a fiestas y escapa de los espacios masivos. Se identifica con Sheldon Cooper, el físico maniático de The Big BangTheory. Prefiere dormir ocho horas y hacer siesta. Dijo una vez que los mejores momentos los pasa sobre su cama. Un sábado por la noche en Asia jamás terminará en juerga.

—Ya, voy para allá—, dijo Bruno y colgó el teléfono.
—¿Tienes que ir?—, dijo Gachi Rivero, actriz y amiga suya.
—Sí. ¡Cha’ mare! Quieren darme indicaciones, no se qué cosas…
—Qué fregados.
—No me dejan comer. Que me guarden el chifa hasta que vuelva, amistá—, dijo Bruno, gesticulando detenidamente el apodo—. Sino va a estar todo frío. Ya vengo…
Se levantó de la mesa y salió del chifa. Afuera, una multitud de personas cruzaba la entrada del Boulevard. Caminamos un buen tramo hasta llegar a la entrada de un local. El VIP no lo quería
dejar entrar.
—Soy parte del evento.
—Déjeme consultar un momento.

Luego de un rato nos dejó pasar. El local todavía estaba vacío. Eran las once de la noche. Andrés Wiese lo vio y lo saludó. Alessandra Denegri, lo mismo. Andrés vestía un polo verde que Bruno también debía ponerse. El polo de Alessandra era rojo. Los tres actoresfueron la imagen de una marca de chicles y esa noche tenían que quedarse en la discoteca para el lanzamiento de un
nuevo producto.

—Me han dejado con el chifa en la boca.
—¿Estabas comiendo?—, preguntó Andrés Wiese.
—Claro. Si he dejado a la pobre Gachi en la mesa.
—¿Gachi va a venir?—, intervino Alessandra Denegri.
—Tiene que cubrir un concierto y luego viene al evento —, respondió Bruno.
—Ella está conduciendo tu programa en Asia, ¿no?—, volvió Alessandra.
—Sí. Ya era muy pesado, no tenía vida. Venir todos los fines de semana hasta acá a grabar la juerga, no la hago. Sabes que no me gusta la noche.

A Bruno Ascenzo no le gusta la noche. No le gusta Asia. Viene porque sus papás tienen casa, pero no le nace. No le gusta la juerga, no le gusta tomar, no le gusta el ruido, no le gustan las multitudes.
Si tiene que decidir entre una discoteca y un bar, escoge el bar. Entre el bar y una reunión pequeña, escoge la reunión. Tiene el mismo grupo de amigos desde la universidad, algunos se han ido sumando por su trabajo. Pero se mueve en patota con los mismos a todos lados.
El exceso de gente nunca le ha gustado. Ni cuando tenía trece años y enamoraba a Stephanie Cayo con un ramo de rosas en Travesuras del Corazón. De niño, le daba miedo que todo el mundo lo reconociera. Era una de las telenovelas más exitosas de finales de los noventa y tenían planeado grabar un disco, hacer una obra de teatro, giras nacionales. Y lo detenían en la calle para saludarlo o tomarse una foto con él. Ha estado la mitad de su vida en la televisión. Entró porque amaba contar historias. Pero nunca le gustó ser conocido.Menos ahora, con veintisiete años a cuestas.
Tampoco le gusta salir de noche porque no duerme las ocho horas que tiene que necesita a diario. Los lunes y miércoles por la mañana graba el programa de televisión Mesa de Noche. Los martes, jueves y viernes escribe la telenovela Corazón de fuego. De lunes a viernes, a las cuatro de la tarde, conduce el espacio radial Zona de Riesgo. Dentro de poco comenzará la grabación de la película Quizás mañana y, en junio, inicia una temporada en el teatro con la obra TocToc.
Entre sus trabajos de la mañana y los de la tarde vuelve a casa para almorzar y hacer una siesta.
Bruno Ascenzo es casero. En una entrevista declaró que las mejores cosas de su vida pasan en su cama. Lo mejor que le puede pasar es quedarse toda la mañana ahí, descansando. O escribiendo. O comiendo chifa. Es pesado para comer. En una semana, Bruno Ascenzo ha comido chifa cuatro veces y pidió para llevar lo que sobró. Para su desayuno. También, se resfrió dos veces en dos días de perfecto calor por permanecer mucho tiempo en la piscina. Es friolento. Si se tiene que mover, lo hace en carro. Tiene uno automático porque así puede manejar con una sola pierna y sacar la otra por
la ventana.

—¿Qué te dijeron?—, preguntó Gachi.
—Nada, amistá. Por las puras he ido. Oye, ¿te quedas en mi casa ahora?
—No, me voy a la mía. La cama propia siempre es más rica.
—Oye, no. Quédate. Así nomás, feo.
—Nooo, prefiero despertarme en mi casa. Bueno te dejo, tengo que ir a cubrir el concierto de Bareto. Luego me paso para lo tuyo.
—Ya, pero no llegues tan tarde. Mañana quiero pasar por el nuevo depa.