Anís en su punto

Por César Becerra / Fotos de Rene Funk
Anís Samanez es diseñadora de modas. Creó su primera marca a los dieciocho años y su primera colección tuvo novecientas prendas. Ha sido finalista del festival Flash Mode de la Alianza Francesa y ha diseñado para el Ethical Fashion Show de París. A pocos días de cumplir veinticinco, espera que su nueva colección le permita posicionarse con firmeza en el mundo de la alta costura.
anis1

Sobre los muebles de la sala no hay personas, sino vestidos. Anís Samanez los ha colocado como sus mejores cartas de presentación. La diseñadora muestra cada pieza, cada detalle, cada historia detrás, con la pasión propia de una creadora orgullosa que ha trabajado duro. Desea que el público conozca las particularidades de su nueva colección. Habla sobre los bordados meticulosos, los pequeños fragmentos de muranos, los tules, las perlas, los canutillos checos. Dice que las telas han llegado de Nueva York, París, Abu Dhabi. Explica que los vestidos tienen acabados hechos a mano con paciencia y rigurosidad.
Cuenta todo esto con la vanidad mesurada de alguien que busca dejar claro que cada centímetro cuadrado de su obra vale, pero lo hace sin la pompa del fanfarrón. No actúa como un spam publicitario. La mejor herramienta marketera de Anís en este instante es su carisma, esa forma de hacerte sentir en confianza, aunque la hayas conocido hace tres minutos. Lo cierto es que no se necesita ser experto en moda para identificar un nivel de confección sofisticado en cada prenda.

«Esto no se nota en las fotos», comenta Anís. Es verdad. Sus vestidos, vistos desde lejos o en las fotografías, muestran formas y colores que se ven hermosos y sensuales en las modelos de turno. Pero cuando se ven de cerca, o cuando se tocan, se revela una topografía inadvertida.

La nueva colección de Anís, que presentará oficialmente en un par de meses, está compuesta por 35 vestidos únicos. No se repiten. Ella está contenta porque la colección es un reflejo de ella misma. En esta oportunidad, la inspiración ha partido de su vida cotidiana, más que de tendencias internacionales, sugerencias de revistas y dictámenes de gurús. «No me gustan las modas. Me gustaría que mis vestidos se usen en diez años y aún se vean actuales».

Anís cumplirá veinticinco en dos semanas. El 17 de febrero, para ser precisos. Es la primera vez que saldrá en la portada de una revista, y eso tiene una razón. «Me han propuesto salir en portadas, pero no acepté porque sentía que no tenía mucho que contar. No quería salir por salir», dice la diseñadora. «Ahora, con mi nueva colección y las cosas que he vivido, tengo la confianza para contar mi historia».

anis2


Anís está sentada en una banca del parque El Olivar de San Isidro. Es casi mediodía, hace mucho calor. Ella se ve cómoda con una blusa blanca y un short ligero. Aun así está ligeramente preocupada porque más tarde tiene una sesión de fotos para una marca de cosméticos y teme quemarse la nariz. Ha preparado una ayuda de memoria para ordenar sus ideas. Un recurso muy útil. Menciona que ha modelado, pero aclara que no es modelo. Si bien ha participado en desfiles, ha aparecido en revistas locales y alguna publicación internacional, hoy es diseñadora. Lo ha querido ser desde chica y se propone serlo toda la vida.

Anís empieza el relato con lo siguiente: a los tres años de edad hizo su primer comercial televisivo para Hogar, una tienda departamental hoy extinta. La persona que la ‘descubrió’ fue Yashmine Cahuas, productora y amiga de la familia. «Trabajaba en una agencia y se presentó la oportunidad de hacer el comercial», cuenta Yashmine, que hasta ahora trabaja con Anís. «Justo buscaban a una niña de la edad de Anís y se me ocurrió que sería perfecta. La llevé, grabó y salió espectacular».

Le encantaba hacer comerciales de niña. Calcula que ha hecho alrededor de treinta. Pero lo que más le gustaba era estar siempre en movimiento. Estar metida en actividades. No mantenerse quieta. De hecho Anís no se recuerda viendo televisión. Rosario, su mamá, da fe de ello. Sorprende también en su biografía haber desarrollado un espíritu emprendedor desde pequeña. Vendía muñecos de zanahorias, libretas hechas con cajitas felices de McDonald’s, polos que hallaba en remates. «¡Siempre hacía negocio! Mis papás me enseñaron a ganarme las cosas con mi propio esfuerzo. En el futuro me veo trabajando, siempre».

Por coincidencia recibe una llamada cuando hablaba de este tema. Contesta en su iPhone. Coordina un encuentro con alguien. Cuelga. «Me encanta cuando me llaman por trabajo», dice ella, sonriendo. Más tarde, adelanta, tiene una cita con una clienta que quiere un vestido de novia. El día anterior, por cierto, estuvo casi todo el día en una sesión de fotos para su marca. Se encargó de todo: buscar al maquillador, a las modelos, al fotógrafo, coordinar el catering, la movilidad, la dirección de arte, el styling. «Fue estresante. Pero me gusta hacer todo yo, pero estoy aprendiendo a trabajar en equipo». A los dieciséis años se fue a Kiel, Alemania, para estudiar. Fue la primera vez que viajaba sola y que se separaba de su familia. Un reto duro para cualquier adolescente. Ya egresada del colegio, se matriculó en la escuela de diseño Mod’Art. Durante su primer año de estudios, cuanto tenía dieciocho, creó su primera marca. Se llamó D’Anís. Armó una colección de novecientas prendas. «No me preguntes cómo las hice, pero las hice», apunta. Sentada en la banca de El Olivar, Anís analiza con frialdad esa época de gloria precoz. «Me lancé a la piscina, y no me fue tan mal, pero no tenía un concepto claro de la realidad. ¡Me faltaba experiencia! Tenía dieciocho y me creía diseñadora. Hice tarjetas personales y puse ‘diseñadora’. Me daba vergüenza dar mi tarjeta a la directora de Mod’Art. ¿Qué iba a pensar de mí, si ni siquiera acababa la carrera?». El hecho: vendió toda la colección.

anis3

A los diecinueve hizo prácticas en la firma Wayra y le dieron la oportunidad de diseñar para el Ethical Fashion Show de París. «Entré para diseñar cubrecamas y terminé diseñando prendas para un evento tan importante como ese. Fue increíble». Por esos meses descubrió lo duro que era trabajar y estudiar a la vez. Cuenta que se levantaba a las seis de la mañana para llegar al trabajo a las siete. Salía del trabajo a la una y media de la tarde porque a las dos debía estar en la escuela. Terminaba las clases a las seis de la tarde e iba a casa para hacer sus trabajos académicos entre siete de la noche y tres de la mañana. «¡Dormía tres horas diarias! Era más chica; no sé cómo lo hice». Terminó la carrera como segundo puesto de su promoción.

Una gran oportunidad fue participar en el Flash Mode de la Alianza Francesa, festival anual de moda que convoca a los talentos jóvenes más prometedores del Perú. Quedó entre los doce seleccionados. «A partir de ahí me hice más conocida y empecé a tener una clientela leal».

En el 2012, a los veintitrés, vivió dos experiencias nada gratas que la marcaron. No piensa dar mayores detalles al respecto. Igual no deja de ser un hito clave, drástico, pues decide abandonar el país. «Me fui para aprender a vivir sin fingir, a valorar y querer a las personas sin depender de ellas, a escuchar sin atacar, a hablar sin ofender». Forjarse a sí misma, sola en un país lejano, no es una labor sencilla. Anís lo sabía y se atrevió. Juntó todos sus ahorros –lo que había ganado en los comerciales, en el modelaje, en la venta de sus colecciones– para ir a Europa y experimentar esa clase de viaje que cambia la vida. «Le dije a mi mamá que tenía que dejarme ir. Era en ese momento o nunca».

Y se fue. Se instaló en Barcelona y viajó por varios países. Trabajó en styling y producción, hasta que una propuesta de trabajo le cambió el rumbo. «Recibí la oferta de una marca que me encanta. El contrato era por cinco años, debía renunciar a mi marca y mantener un 100% de exclusividad con la empresa. Querían que firme, pero la persona que me entrevistó me dijo que tenía todo para volver a mi país y ser Anís Samanez, no una diseñadora cualquiera». Y volvió.

La nueva colección está compuesta por 35 vestidos únicos. No se repiten. En vez de seguir tendencias, Anís ha decidido seguir solo sus instintos creativos

anis4


«Si Anís se cae a un río, no la busquen cuesta abajo: ella estará cuesta arriba», dice Rosario, su madre. Una manera clara para definir una característica fundamental de su personalidad: luchar contra la corriente. Ser perseverante, terca, necia –diría ella–, pero en el buen sentido.

Esa forma de ser es importante en su negocio. En vez de seguir tendencias, prefiere seguir sus instintos creativos. En lugar de apurarse y terminar mal las cosas, prefiere demorarse y hacerlo bien. Ojo, sin que esto implique ser impuntual. ¿Quién tiñe sus propias telas? Ella lo hace. Cuando sale de viaje y encuentra tiendas de grandes firmas, suele visitarlas con actitud de expedicionaria más que de compradora compulsiva: toma nota de los detalles de las prendas, toma fotos de los acabados, se emociona cuando ve que algún diseñador usa los mismos materiales que ella.

La salida de su nueva colección la agarra en un momento clave. Por un lado se siente cómoda consigo misma. Está a gusto con lo que tiene hoy. Y por otro siente que ha reunido la suficiente experiencia profesional como para dar un gran salto. Cuesta arriba.

Asistente de fotografía: Belisario Eizaguirre
Dirección de arte: Coco Miranda
Producción: Pía Gonzales-Vigil y Micaela Payet
Asistente de producción: Mariale Fernández
Maquillaje y peinado: Sono Salon
Video making of: Sensorial Films
Ropa: Anís Samanez