Álvaro Malpartida

Modela para Testino y luego escapa a correr olas en Hawái

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Marco Garro
Su hermana es Kina, la boxeadora. A su papá, Óscar, le decían Chino y también fue tablista y tricampeón. Susy Dyson es la única modelo peruana en aparecer en la portada de Vogue. Y es su mamá. Al fotógrafo Mario Testino le dice tío, de cariño. ¿Un tablista que suda bajo el sol puede ser modelo?

Álvaro Malpartida parece un modelo. Aunque no le interese serlo. Excepto ese día en un penthouse de Río de Janeiro. Llevaba jeans, cinturón y dos brazaletes en la muñeca izquierda. El pelo lacio y partido hacia un lado (aunque en realidad no era su pelo). Su cuerpo esculpido por las olas se refleja en la piscina con vista a la playa. Desde el balcón se divisa la típica postal de Ipanema: cuerpos imposibles descansando en la arena, tostándose al sol. Arriba, en la terraza, otros siete jóvenes se calientan. Todos son guapos y bronceados. Y todos son brasileros, menos Malpartida. En el departamento, una treintena de personas se encarga de la producción de la sesión de fotos. Mario Testino, afamado retratista peruano de celebridades, los ha convocado para una editorial que aparecerá en la edición española de la revista V. Llevaría por título ¡Quiero más Río! Y mostraría ropa ligera que cubre apenas la carne perfecta de sus maniquíes. Malpartida, con el torso desnudo, suda. Es probable que quisiera meterse a la piscina. Más probable aún, que se le antojase un chapuzón en el mar. O correr olas.

Pero no. Esa vez, no le tocaba.

¿Cómo llega un tablista peruano a posar para el mismo fotógrafo que retrató a Lady Di, Kate Moss y Madonna? Por su mamá. Porque ella es Susy Dyson. Una top model peruana que trabajó en Londres, París y Nueva York durante los sesenta y setenta, que se codeó con personalidades como Andy Warhol y Paloma Picasso, y que fue portada de publicaciones como Vogue, Elle y Harper’s Baazar.

Susy, por supuesto, también es íntima amiga de Mario Testino.

Y aquella tarde en Brasil no sería la primera vez de Malpartida frente al lente del fotógrafo.

Cuando eran niños, Álvaro y Kina, su hermana boxeadora, posaron para Testino. Ahora se refiere a él como un tío querido. Años después de aquella primera sesión infantil, a inicios de 2011, Malpartida volvió a encontrarse con Testino en un restaurante japonés de Lima. El fotógrafo le dijo que lo llamara. Dos meses después, marcó su número. Y para junio ya estaba cogiendo un avión rumbo al país de las garotas mais lindas do mundo. ¿Qué sedujo al tablista que ocupó el tercer puesto en el reciente Billabong Cabo Blanco 2012, y que ganó el Quiksilver UFO’S point en Chilca hace un par de semanas? Álvaro pensó que si alguna vez podía trabajar como modelo, tenía que ser algo interesante. «Mario es capísimo y sabía que lo que hiciera iba a ser a todo dar. La gente que él conoce, los lugares donde él va. Alucina que una de las chicas con las que modelé salió en una película de Bruce Willis como la más rica», dice Malpartida mientras toma un jugo de fresa en un café de Miraflores. Los rulos han vuelto a desordenar su pelo. Está bronceado. Como en las fotos de Testino en Brasil. El dorado no puede abandonarlo nunca. Su piel siempre refleja el sol.

Los seis modelos que lo acompañaron en el penthouse frente a la playa de Ipanema partirían a Nueva York una vez terminada la sesión. Tenían desfiles y editoriales pendientes.

Malpartida escapó a Hawái.

Tenía que correr tabla.