Aires de libertad

Por Mariano Olivera La Rosa / Fotos de Alonso Molina
Tras un año y medio alejada de la tele, Magaly Medina regresó hace cuatro meses en un formato que prometía romper con todo lo que había hecho. Quería hacer un show con humor, al estilo de Ellen DeGeneres, pero el día a día la llevó por otros caminos. ¿Por qué la pelirroja más temida de la farándula tiene una tremenda sed de independencia?
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«Estoy fastidiada». Es lo primero que me dice Magaly ni bien entro a su oficina. En su cara hay una mueca de disgusto. Se le nota inquieta, impaciente, incómoda. Quiero saber por qué…

¿Ney renunció por ética?
[Sonríe] Siempre bromeábamos con que él renunciaba por ética. Cuando nos peleábamos en el Canal 9, siempre decía: «¡renuncio!… por ética». Pero en realidad se fue por discrepancias conmigo. Lo malo y lo bueno es que somos muy amigos, y a veces las personas abusan de la amistad. En algunos momentos he hecho el trabajo de Ney, él lo tiene que reconocer, y he tenido que soplarme cosas que no me competen hacer, pero soy ‘trabajólica’, lo hago… Además creo que le chocó mucho el cambio…

De canal.
Sí, nos chocó a los dos. El 2 tiene una forma de trabajar diferente. Nosotros estamos acostumbrados a ser muy independientes, a que nadie nos diga: «¿qué tienen en la pauta para hoy?», «¿qué vas a decir en el programa?», «te ordeno que hagas tal cosa»… Nunca nadie me ordenó nada. Incluso en mi primera etapa en Frecuencia Latina, durante la época de los Winter, que era difícil, teníamos plena libertad: no venía ninguno de los Winter a decirme: «toma este video, sácalo»; «toma esta noticia, ponla»… No.

Y ahora sí ocurre eso.
[Calla unos segundos] No con los videos, pero sí me sugieren invitados y temas con los que muchas veces no estoy de acuerdo. El día a día y la competencia te ganan.

¿Quiénes hacen estas sugerencias?
Trato directamente con la gerencia de producción. Sé que todos están empeñados en sacar el programa adelante, pero a veces creo que estamos haciendo un show que no es el que quería hacer.

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Debo confesar que no veo tu programa, pero luego de Año Nuevo vi un recuento de los mejores momentos, y frente a cámaras se percibía lo que dices: que no estás a gusto. ¿Te arrepientes de haber regresado a la tele en estas condiciones?
No me arrepiento de haber vuelto; me arrepiento de en lo que se ha convertido el programa, pero he tenido una conversación muy seria con Andrés Badra [gerente general de Latina] y Susana Umbert [gerente de TV y producción del canal]. Les hice ver mi incomodidad y están completamente de acuerdo. Cuando me contrataron, me dijeron: «queremos una Magaly diferente», y yo también quería eso. Si no, me hubiera quedado en ATV, donde un poco querían que mantuviera la misma onda.

Y tú estabas cansada de eso.
Estaba harrrta de eso. ¿No has visto que los programas de espectáculos todos los días sacan lo mismo? ¿Por qué también yo? ¡¿Por qué?!… Es algo contra lo que me rebelo. No me siento satisfecha de mi programa de los sábados; me siento francamente fastidiada. Me fastidia tener una producción que parece prestada [se refiere a la que comanda Martín Suyón], una oficina que está en el último… Bueno, en fin, he trabajado en peores condiciones, pero si la comparas con… Tú conoces mi oficina del 9, ¿no? Bueno, en el 9 yo era la reina, ¿cierto? Era la niña engreída, la niña malcriada, pero venir acá y… Asumo los cambios, pero hay cosas donde de verdad te juro que siento que mi producción está prestada, porque incluso está en otro edificio, y es la producción de Beto Ortiz, no es la mía. Tengo que llamarlos, que preguntar a cada rato qué están haciendo, porque si no, hacen lo que quieren.

En los cuatro meses que llevas al aire, ¿de qué sí te sientes orgullosa?
De haberme reencontrado conmigo misma. Al principio parecía una debutante; era una estatua, no me podía mover… He superado ciertos miedos. Por ejemplo, me pusieron público; no estoy acostumbrada a trabajar con público.

Pero tú querías un programa con público…
Quería tener el contacto con la gente, como hace Ellen [DeGeneres], que juega mucho con su público. Por eso dije: «si esto va a resultar, supero el terror casi patológico que tengo a trabajar con público». Y me siento orgullosa de haberlo superado. He tenido que luchar contra mis propios miedos, enfrentarlos y superarlos. Esta ha sido una etapa muy difícil para mí. Y ahora, sin Ney, también me siento coja, medio minusválida.

¿A Martín Suyón [su actual productor] lo elegiste tú?
No, el canal. Es un gran profesional, ha trabajado con Beto muchos años.

Que ahora es tu gran amigo, Beto Ortiz.
[Risas] No tanto mi gran amigo, pero sí una persona a la que respeto mucho por su talento. Y siempre me ha caído simpático, pese a que ha sido bien cruel conmigo, y yo con él, pero finalmente tenemos cosas en común. Incluso a veces me da un poco de ternura… siento como si necesitara a alguien… dan ganas de apapacharlo… pero en televisión nunca se sabe. No puedes decir: «ese es mi amigo», porque mañana el que consideras tu amigo te puede pisar la cabeza sin el menor de los ascos.

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¿Qué estarías dispuesta a hacer a estas alturas por el rating? Por ejemplo, si te ofrecieran un ‘ampay’ tentador, ¿lo difundirías?
Ya no me interesan los ‘ampays’. En este canal, los hace Rodrigo [González, alias ‘Peluchín’]. Quiero desarrollar más una noticia y divertir al público los sábados. Cierto, mi lengua no va a parar, pero de otra manera. A estas alturas del partido quiero que me dejen decidir… ¡No quiero entrevistar a Florcita, pues! ¡Que se vaya al cacho la amante de Néstor [el papá de su hijo] y sus cochinadas extramatrimoniales! Tengo que tocar la noticia de la semana, pero no quiero tocar temas tan bagres. Estoy tan asqueada que si los toco, me provocan arcadas. Me dan ganas de pararme en pleno set, largarme y dejar todo plantado. Hay un instinto que siempre ha conducido mi carrera: si ese instinto me dice que esto no es, no es. Y te aseguro que si alguien viene y me dice: «mira este ampay», le diré: «¡dáselo a Rodrigo, dáselo a Karen [Schwarz]!», porque creo que ampayar gente, estar en el día a día, es chamba de ellos. A mí ya me hartaron los futbolistas borrachosos, los mujeriegos… Ya no me importa.

Cuando hiciste estos programas con Florcita y su novio, con las mujeres de Edwin Sierra, que lloraban y temblaban con un vaso con agua en la mano, ¿no sentiste que estabas en un talk show? ¿No te sentiste Laura Bozzo?
¡Ay, Dios mío, no! Felizmente que no [nos interrumpen unos ruidos de comba que se cuelan por la ventana]… ¡Aaah!, esta es mi oficina [Magaly se pone de pie, abre la puerta de la habitación y se dirige a uno de sus asistentes]: ¡¡Puedes decirles, por favor, que se callen!! [Luego vuelve a sentarse y retoma la compostura]… Esteee…

En algunos pasajes de tu programa incluso hacías pasar a la amante y se armaba una confrontación… Había esa reminiscencia.
Había un poco eso… Lo que pasa es que, en el caso de Florcita y la amante de Néstor, nadie las había tenido juntas, y a mí siempre me ha interesado lo que nadie ha tenido. Ya si en esa confrontación caes un poco en el talk show, pues qué vas a hacer.

Hace un par de meses dijiste que en la tele haces lo que te da la gana. Ahora ya no es así.
¡Eso es lo que me enerva! No sabes, siento una leve imposición de algo y me rebelo, se me sale el indio más indio que tengo, la más salvaje… Hasta ahora he sido un poco dócil, y hemos ido sacando el programa como teníamos que hacerlo, sin tiempo, sin recursos…

¿Sin recursos? Magaly tiene fama de ser el programa con mejor presupuesto.
¡Ya quisiera! En este país quien rompió todos esos cánones fue El valor de la verdad. A mí me acusaron de pagar a mis invitados, cuando les pagaba cien soles por su día perdido.

¿A gente como Guti [Carrera]?
No, no… Me refiero a cuando estaba en televisión antes, que se me acusaba de comprar testimonios, y no era cierto. El artista venía y le invitábamos el almuerzo, le dábamos para su taxi… ese era el pago. Máximo habré pagado cien dólares por algún video. Pero los precios subieron a partir de El valor de la verdad, que rompió el mercado. A mi actual programa hay gente que ha venido gratis. Milett Figueroa, por ejemplo, ¡vino gratis! Lo único que quería era hacer algo en el mundo de la actuación. Para eso hablamos con el canal, «¿hay forma de darle algo?; ¿hay forma de hacerle casting?»…

Pero Milett ya era conocida.
Sí, pero ahora es protagonista de una telenovela producida por Latina [se refiere a Gabriela, que tendría como coprotagonista a Diego Bertie]. Entonces cumplimos nuestra parte del trato. Guti, igual, ahora es protagonista de la versión peruana de The Bachelor. Veinte mujeres van a disputar su amor.

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¿Tú disputarías el amor de un tipo como Guti?
¡Ni de Guti ni de ninguno! Noooo, por Dios. Todavía estoy en edad y en posición de escoger [suelta una carcajada].

Siempre has sido la enarbolada del rating. Solías decir que son como los goles en el fútbol, pero ¿no eres esclava del rating a tu pesar, también?
Mira, si no quisiera ser esclava del rating, como todos los que estamos en señal abierta, me iría a trabajar al cable. Ahora para hacer rating creo que no tengo que seguir haciendo lo mismo de hace quince años. El público está hambriento de otras cosas. Creo que los altibajos en el rating que he tenido justamente responden a un rechazo del público… [imposta un tono teatral de indignada]… «¡Por favor!, ¡¿me voy a soplar el sábado esta tooontería que ya me soplé toda la semana?!»…Por eso quiero ser una alternativa diferente. No quiero ser, pues, Gisela Valcárcel con sus aires de beata. ¡No, no, no!, a mí no me beatifiquen; no quiero enarbolar ninguna bandera blanca [ahora imposta la voz en tono melodramático]…«¡Ay, por Dios!, he pecado, he pecado trayendo a algunos invitados que no debí traer»… No, ¡miércoles!, así se dan las cosas, es el día a día, tienes que hacerlas… Eso no significa que no quiera hacer otras cosas mejores. Pero ya está, ya las hice.

«¡No quiero entrevistar a Florcita, pues! ¡Que se vaya al cacho la amante de Néstor y sus cochinadas extramatrimoniales! Ya no me interesan los ‘ampays’; me hartaron los futbolistas borrachosos, los mujeriegos… Ya no me importa».

En privado

Durante el año y medio que has estado fuera de la tele, dijiste que querías reencontrarte contigo misma. ¿Lo lograste?
Creo que sí. Quise hacerlo de manera más consciente, pero me dejé llevar un poco por el viento [sonríe].

¿Cómo así?
He hecho cosas que me han dado placer, he descansado, he hecho un poco de jardinería, he cultivado hortalizas…

Casi como una jubilada.
¡Ah, sí! He comprado sábanas nuevas, he escogido el bordado de las toallas… ese tipo de cosas que siempre me gustaron. Me encanta la decoración. Y eso me hizo volverme una especie de semiama de casa, que nunca lo he sido, y me gustó.

¿Este año y medio fuera de la tele también te ha servido para estar más cerca de tu hijo? ¿Ya no te sientes una mala madre?
No lo sé… Creo que eso algún día él lo dirá. Pero ¿sabes qué? Lo que ya no tengo es complejo de culpa. Antes lo tenía muy marcado. Finalmente uno vive su vida con todo lo que se va dando en el camino, y no puedo estarme arrepintiendo de no haber dado tiempo suficiente a mi hijo. Trabajé para sacarlo adelante; me dediqué a mí durante muchos años de mi vida, es cierto, pero finalmente siempre he estado ahí, al alcance de sus manos.

Tu foco siempre es el trabajo.
Claro: es lo único que no me va a traicionar. Es lo que me da de comer. A mí ningún hombre me da de comer.

¿Tu vida amorosa te preocupa? ¿Andas alerta de los pretendientes?
Te voy a decir que siempre he ido por la vida como un caballo; soy bien tímida, además. Sé que tengo muchos pretendientes; sé que hay gente que se me acerca o quiere conocerme a través de mis amigos. Y todos mis amigos quieren presentarme a alguien. Pero yo no quiero. Cuando no me agrada alguien, soy bien desagradable.

Eres una soltera codiciada, pues. Lo asumes así, ¿no?
Sí… pero quien se te acerca no siempre es el mejor.

Al contrario…
La otra noche estaba en un evento con una amiga y, ¡Dios mío!, sentía la mirada de los hombres como si fueran cocodrilos en hambruna.

¿Por qué crees que ocurre eso?
¡Porque estoy regia, pues! [Estallan las risas]. Tengo buenas piernas, buen cuerpo… A mis 51 estoy bien; lo sé. Me encanta que me miren, me sube el ego, pero por ahora prefiero disfrutar de mi libertad.

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El dato

Magaly Medina quiere reinventarse, y va camino a ello. Augusto Álvarez Rodrich, gerente de informaciones de Latina, ya la ha convocado para protagonizar un segmento semanal en 90 matinal, que debutaría a fines de enero. «Siento un entusiasmo increíble por este nuevo reto», revela la periodista. «Es algo así como ser la voz de los que no tienen voz; buscar soluciones para algunos problemas a personas que no la tienen».

La popular pelirroja asegura que nunca le han interesado los premios, pero en diciembre, pese a llevar solo tres meses al aire, fue reconocida por El Comercio como la figura de la tele en 2014. Curiosamente también ha sido ‘honrada’ con el premio Sombra al peor personaje de la TV del año pasado. «No respeto nada al Colegio de Periodistas del Perú [promotor de estos premios]. He despotricado contra él porque no tiene ningún peso entre los periodistas. Así que pueden irse con su premio Sombra a la sombra donde están destinados a estar», anuncia la controversial periodista.

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