Unión Europea

La hora de la autocrítica

Escribe: Luis Felipe Gamarra / Foto: Giancarlo Shibayama
En la Unión Europea se exhibe una película parecida a la que se estrenó en los años ochenta en el Perú. Los ingredientes: crisis política, inflación, déficit público inmanejable. Sin embargo, pese a sus indicadores en rojo, este mercado, de más de 500 millones de personas con un nivel adquisitivo alto, representa la oportunidad para alcanzar la meta de exportaciones, una vez que se ratifique el TLC con este bloque. Hans Allden, delegado de la Unión Europea, hace el balance entre el presente y el futuro del próximo socio del país.

Hans Allden dice que padece de «localitis», una rara enfermedad que solo afecta a diplomáticos y embajadores, cuyo síntoma –principalmente– es considerarse residente en un país ajeno. Según Allden, delegado de la Unión Europea (UE) para el Perú, nunca antes –pese a que se ha desempeñado en misiones diplomáticas en la mitad del mundo– había experimentado este trastorno tan profundo.Cree que le será difícil rehabilitarse el próximo año, cuando deje el cargo. Estos últimos meses han sido intensos para Allden. No solo por las malas noticias que llegan desde España, Grecia, Portugal e Irlanda, sino por la maratón que ha significado el TLC entre el Perú y los países del bloque, que está por llegar a su fin en las próximas semanas, una vez que el Parlamento Europeo lo ratifique. Sentado con esa serenidad sueca que lo caracteriza, en una oficina con las 27 banderas, casi todas de países a un paso de la bancarrota, Allden no solo hace un ejercicio de autocrítica, sino revela sus dotes de diplomático, tratando de explicarnos que pese a que la Unión Europea está en crisis, aún forma parte del exclusivo club de los países del primer mundo.

Si hubiese que simplificaren una palabra la crisis económica en la Unión Europea, ¿cuál elegiría?

Desempleo. Para algunas personas es peor que el cáncer, porque crea en la gente una sensación de pérdida de ganas de vivir. Se olvida la perspectiva, se deja a un lado la autoestima. No solo es una crisis individual, se arrastra a toda la familia hacia un dolor intenso. El efecto en la persona llega a ser desastroso. Pero el efecto político es peor, porque se configura un campo fértil para las soluciones fáciles, populistas y demagógicas. Y cuando se da en la escala y magnitud de una crisis como esta, es un golpe al alma de una sociedad entera. Existen redes para asistir a los desempleados, pero, aun así, es insuficiente para calmar la sed de autoestima de alguien que perdió su trabajo.

Se han tomado medidas, sí. Pero, ¿diría que ya han comprendido las razones que los llevaron a esta crisis para poder hacer las reformas que les permitan recuperarse en el corto plazo?

A la Unión Europea le llegó la hora de la autocrítica. En Europa somos los campeones mundiales de la autoflagelación. Pero más que un defecto es una virtud, porque esto nos ha permitido comprender en qué nos equivocamos. En Europa no existen, como en otras partes del mundo, líderes que dicen la crisis ya pasó. No, en Europa admitimos los errores. Y llegó la hora de admitir en qué nos equivocamos. Hemos implementando un conjunto de medidas para corregir lo que no hicimos el día que instituimos el euro como moneda única. En ese entonces había gran actividad económica, el desempleo disminuía, no nos preocupaba el desorden fiscal. Había teóricos que decían esto no es sostenible, pero no hicimos caso. Eso se terminó.

¿Las decisiones que deben resolver esta crisis son técnicas o solo políticas?

La comunidad europea ha establecido un sistema de monitoreo que implica perder un poco de soberanía para algunos países. No podemos volver a permitir inflación en un país, déficit público en otro. Estamos avanzando hacia una unión bancaria. Pero no es fácil, porque cada parlamento debe tomar decisiones. Existen muchas medidas técnicas que se podrían aplicar, pero lo difícil está en qué mecanismos utilizamos para tomar la decisión. Ahora, la respuesta debe ser política. Estas son discusiones de soberanía complejas, donde no solo participan los países dentro del euro, sino los que están afuera. Las medidas están allí, pero falta decidir qué se va a hacer.

¿Qué decisiones ya han tomado los parlamentos de la zona euro para salir de esta crisis dedéficit y deuda pública?

Hace un año, el Parlamento Europeo votó a favor del six pack. Son seis directivas para el control de déficits presupuestarios, niveles de gasto, impuestos, entre otros, con el fin de proteger la estabilidad financiera en la eurozona. Esta es una batería de medidas concretas, pero con un efecto de largo plazo. No podemos volver a tolerar países con déficit incontrolable, porque el peor efecto que esto produce es perder su propio control político y convertirse en países sin manejo de su déficit público, quedando en manos de los banqueros, del Fondo Monetario Internacional (FMI). Es importante que haya control parlamentario, pero se debería trabajar con más celeridad.

Estas medidas, si bien buscan controlar la crisis en el largo plazo, han generado protestas en la Unión Europea porque no se ven resultados rápidos.

Las protestas sociales no son por las medidas de control del déficit público. Son por problemas específicos de ajustes económicos (como la austeridad) que no están vinculados a las reformas estructurales que venimos implementando como bloque, como la unión bancaria, la unión fiscal. Estas medidas se tomaron sin grandes debates, con el apoyo de los sindicatos de trabajadores. Los paquetes de austeridad, que son duros para algunos países, afectan algunos servicios públicos, como educación y salud. En Grecia no hay dinero ni para mantener sus museos.

¿Qué países se están recuperando?

Grecia es el país con más dificultades. En este momento se están negociando las condiciones del próximo pago. Se debe financiar su sector público. Si no se hace, Grecia podría salir del euro, esa aún es una posibilidad. Es una situación crítica. Los otros países están un poco mejor. España no está oficialmente en un programa de austeridad, pero ya sabemos que hay problemas de deuda. Irlanda ya se está recuperando, hay mucho entusiasmo en su recuperación, pero el precio en desempleo es alto. Portugal a veces tiene buenas noticias, a veces malas.

En este contexto, ¿para la Unión Europea es importante firmar un TLC con Perú?

Es muy importante. No solo para Perú, sino para los países del bloque, porque habrá acceso a productos europeos como autos y maquinaria. Pero debemos recalcar que este es un tratado asimétrico, con más ventajas para Perú. Es decir, desde el día uno habrá libre acceso para los productos manufacturados del Perú que se exportan al mercado europeo. Para la Unión Europea, será una transición de diez años. Esto no solo permitirá diversificar la exportación de su país, sino, en un mediano plazo, importar máquinas para la industria, con productos más avanzados en tecnología que la modernizarán con transferencia tecnológica de última generación.