Una periodista valiente

Por Manuel Eráusquin / Fotos de Santiago Barco
Desde muy joven la periodista colombiana Clara Elvira Ospina ha pisado el espinoso terreno del mundo de la información y ha logrado una carrera muy respetable. Se convirtió en la primera mujer en dirigir la línea periodística del canal RCN de Colombia y logró consolidar su proyección. En el Perú va a cumplir dos años en la dirección periodística de América Televisión y Canal N. Su carácter aguerrido la ha ayudado a ser decidida en los momentos más exigentes.
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La librería El Virrey fue el lugar elegido para la entrevista, una decisión que consideraba no solo la tranquilidad que podía brindar este sitio para el desarrollo de la conversación, sino que los libros también forman parte de su vida y no solo la cotidianeidad noticiosa. Clara Elvira Ospina vive con un libro bajo el brazo desde que nació. Su padre, Raúl Ospina, periodista y poeta inspiro sus primeros pasos. Una casa llena de libros definió su carácter.

En su programa Tiempo de leer transmite una pasión genuina por los libros y comenta con lucidez las diferentes publicaciones que llegan a sus manos. Sin embargo, la dirección periodística de América Televisión y Canal N la mantienen con los cincos sentidos en alerta, un desafío que va a cumplir dos años. Casada con el consultor político colombiano Juan Fernando Londoño, tiene un hijo de cuatro años que se llama Juan Sebastián y cada día ella se esmera para enseñarle algo nuevo sobre Colombia. Está tranquila porque el pequeño aprende rápido y también asimila lo que el Perú le va enseñando. Una adaptación que no ha sido fácil porque la familia no está junta de manera permanente, pero que le ha dado la oportunidad de conocer otra realidad y crecer más como profesional y persona. Clara Elvira Ospina, bella e inteligente, habla en esta entrevista como corresponde, con transparencia y convicción.

Va cumplir dos años trabajando en el Perú como directora periodística de Canal 4 y Canal N ¿Cómo ha sido el proceso de adaptación a una realidad tan diferente?

En el periodismo, sobre todo, si uno no conoce ciertos aspectos relacionados a lo histórico del país no va a entender ciertos contextos. Hay que asesorarse para entender lo que ha ocurrido y poder tener un enfoque. Entonces, el aprendizaje para conocer estos aspectos ha sido y es exigente. He tenido que aprender quiénes son los personajes más importantes de la actualidad, pero lo difícil es cuando surgen personajes del pasado. Por ejemplo, el caso de Óscar López Meneses. Yo no sabía quién era y cuando vi fotos de él junto a Montesinos tuve que preguntar, averiguar y leer. Eso ha sido lo más complicado.

¿Qué diferencias fundamentales encontró entre los noticieros peruanos y colombianos?

Los noticieros en Colombia son mucho más en vivo que en el Perú. Es decir, se hacen mucho más enlaces en directo. Además, en el Perú existe una frontera no muy clara con respecto a la vida privada y pública. Digamos, todo tiene interés público. Pero adicionalmente hay un sistema que les permite a los periodistas en el Perú incursionar en la vida privada. Si yo quiero saber si alguien tiene una novia en el Ecuador veo el registro migratorio de la persona y por lo menos sé cuántas veces ha ingresado a ese país al mes. Eso en Colombia no existe, nadie puede acceder al registro migratorio de nadie. Salvo las autoridades con una razón justificada.

¿Pero cuándo cree que no se debe trasponer esa frontera gris entre lo privado y público?

Es un tema muy complicado. Por ejemplo, el caso de la congresista Cenaida Uribe, que se encuentra en un problema por un aparente conflicto de interés por haber presionado, supuestamente, a un ex director de un colegio público para favorecer a la empresa Punto Visual, cuyo propietario sería su pareja. Aquí hay que aclarar que no debería interesarle a nadie con quién sostiene una relación, pero en este contexto las cosas son distintas. Por eso, hay que emplear el criterio en estos casos, no se puede decir que los temas de la vida privada no se mencionan, o todo lo relacionado a la vida privada es susceptible de ser publicado porque el señor es público, eso tampoco. Pero cuando ocurren cosas en la esfera de lo privado y si al trascender se ven envueltos en conflictos políticos, la gente siente que tiene el derecho de saber y revelarlo.

Sin embargo, los dilemas surgen en el periodismo de manera frecuente. ¿Cómo actuar en esas ocasiones y no caer en la irresponsabilidad?

Mira, hay una palabra que les aterra a los periodistas: la autocensura. Y dicen cómo uno se puede autocensurar. Yo me autocensuro todos los días, y no porque deje de publicar. La censura qué es, que antes de emitir un reportaje miro, pienso y evalúo: ¿Es el momento? ¿Vale la pena? ¿Esto está bien armado? Y es que parte de la responsabilidad de un periodista también es definir cuándo se publican las cosas, cómo se publican y a quién le pides una reacción sobre el tema. Creo que el periodismo tiene más serenidad de lo que la gente cree y requiere mucho más serenidad de la que muchas veces se utiliza.

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Usted ha desarrollado una carrera periodística importante. ¿Cómo ha sido ese camino?

No ha sido fácil y creo que los éxitos de las mujeres son más valiosos porque cuestan más, porque si tú eres una periodista y consigues una primicia, algunos piensan que algo habrás hecho para conseguirla. No sé si en el Perú hay eso, pero en mi época de reportera, en Colombia, los colegas envidiosos que siempre hay, planteaban que las periodistas salían con militares o que habían sido novia de alguien y que por eso tenían la información. Siempre había una descalificación a la capacidad. Era natural que los nombres ascendieran, pero en el caso de las mujeres surgía la pregunta:
¿Por qué habrá ascendido?

Quizás lo que se puede esconder en esa actitud machista es un temor a la competencia con las mujeres.

No lo sé, pero el mundo ha sido controlado por los hombres durante siglos y si uno piensa en Colombia recién en el año 1953 las mujeres votaron. Solo ha pasado un poco más de medio siglo. Ahora, aquí en el Perú para sacar una tarjeta de crédito tuve que pedirle permiso a mi esposo. Y es un poco raro, porque si puedo demostrar que tengo ingresos, por qué mi esposo me tiene que autorizar sacar una tarjeta de crédito.

Tiempo de leer, su programa de libros en canal N, la conecta con su pasión literaria aunque sea por un momento.

Sí, y me toma bastante tiempo, porque si me dicen que tengo una entrevista dentro de una semana hay que leer el libro. Pero eso me gusta mucho, yo leo porque me apasiona. Lo curioso es que algunos escritores invitados, que no me conocían, pensaban que solo era la chica de los libros y cuándo me preguntan que más hago en el canal les digo que soy la directora periodística.

Cuando entrevistó a Mario Vargas Llosa en enero de este año, aún perteneciendo al grupo El Comercio, le preguntó sobre la denominada ‘concentración de medios’. Una pregunta que hizo con absoluta tranquilidad y que muchos no esperaban.

Si no hubiese hecho esa pregunta la gente no me lo iba a perdonar. Es cierto, la entrevista era sobre literatura y no sobre política pero me puse en el escenario de un televidente que de pronto piensa que por qué no se puede preguntar sobre política y nosotros no tenemos nada que esconder. En canal N nadie me dijo pregúntale o no le preguntes. Pero de manera autónoma pensé, que si tenía la oportunidad de estar entrevistándolo y no le preguntaba sobre ese tema, eso hubiera generado suspicacias de la gente. Se podría haber pensado que no se quería que Vargas Llosa se expresara o también que me prohibieron preguntar. Ese era el peor escenario.

¿Pero qué opina de la concentración de medios?

A mí nunca me han dado indicaciones de nada, pero lo más fascinante de esto, en medio de la intensidad del debate es que han salido portadas, que tengo guardadas, de La República y El Comercio con el mismo titular. Entonces, ¿qué concentración de medios hay aquí? Abrían con la misma nota los dos diarios con un enfoque similar. Es un debate muy largo y ancho.

¿Hasta qué punto piensa que el concepto de independencia tiene presencia real en la vida profesional de los periodistas?

Creo que todo en la vida es relativo, me parece que se ha tergiversado y sublimado el tema de la independencia. Es como si pensara que a mí nadie me va a decir qué tengo que hacer. Y yo sí creo que a uno le pueden decir qué hacer, o que le sugieran a uno algo por una razón importante. Esto en el sentido de que uno no lo sabe todo y que no es omnipotente. Pero adicionalmente, si uno trabaja en un medio privado tienes que entenderlo así, no digo que tienes que trabajar al servicio de los intereses de la empresa privada. Pero tampoco se puede, porque sería ingenuo decirlo, trabajar en contra de los intereses de esa empresa privada. Este es el tema más difícil de tocar y es frecuentemente mal interpretado.