Un raro que no para de jugar

Por Iana Málaga
Víctor Freundt (32) es el fundador de Fab Lab en el Perú, una organización mundial que busca acercar la tecnología digital a todas las personas interesadas. Pero Víctor también es un creativo que ha demostrado que los juguetes no son solo para los niños. ¿Qué proyecto prepara para revolucionar los museos de Lima?
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Foto de Oliver Lecca

Cuando muestra las fotos de sus creaciones puede ser confundido con un maestro juguetero, pero Víctor Freundtes el gerente de Viktoys, una empresa que ofrece servicios de fabricación digital bajo la lógica de que los usuarios sean los creadores de sus propios juguetes e historias. Está seguro de que el diseño industrial y las tecnologías que permiten inventar aparatos tan sofisticados no tienen por qué estar alejados de cualquier ciudadano que busque hacer volar su fantasía.

Desde muy pequeño Víctor se acostumbró a que su padre –un reconocido ingeniero electrónico– lo estimulara para que dibujara o esculpiera en plastilina personajes como Bugs Bunny o el Pato Lucas. Pero él prefería crear sus propios actores, nunca imitar los de otros. «Hasta ahora odio copiar», revela. «Valoro cuando alguien hace algo totalmente distinto y rompe esquemas».

Al terminar el colegio, por consejo de su familia, ingresó a la carrera de Ingeniería Electrónica en la Universidad Católica. Pero en la facultad era un alumno promedio. «Incluso jalé cursos como Circuitos Analógicos y Sistemas Electrónicos», recuerda. Le chocaba no estar a la altura: siempre se ha considerado un chico muy competitivo. Hasta que un día, por curiosidad, asistió a una clase de Diseño Industrial y decidió cambiarse a esa carreraa un año de culminar sus estudios. «Mi papá me dijo
que iba a tirar muchos años por la borda, pero yo estaba seguro de que mi decisión era la correcta».
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El tiempo le dio la razón. Empezó a destacar en cursos como Anatomía, Arte y Dibujo. También explotó su pasión por el diseño. Por ese entonces, además, comenzó a tomar fotos de las caras de sus profesores, las que luego insertaba en cuerpos ficticios de animales como gatos, caballitos de mar, perros o pulgas. Más tarde empezó a diseñar ‘monstruitos’ que bautizaba con nombres raros: Nighty Lighty o Bucibuda, por ejemplo. Y al verlo tan entusiasmado, su padre lo ayudó a generar movimientos en estos personajes a partir de imanes y las herramientas de la electrónica. «Con esto me di cuenta de que el arte y la ingeniería no tienen por qué ser oficios divorciados», apunta Víctor.

Tras salir de la universidad, trabajó en una empresa dedicada a reciclar papel, donde aprendió las bases para desenvolverse en los negocios y lidiar con gente menos relajada que él [su primer jefe fue muy exigente]. Pero en 2009 renunció intempestivamente por una sola razón: ganó una beca integral otorgada por la Oficina Técnica de Cooperación Española [Aecid] y el Massachusetts Institute of Technology [MIT] para estudiar en el Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña, en España. Allí aprendió técnicas de impresión 3D, fresado con corte láser, diseño de moldes, uso de sensores y otras herramientas electrónicas que antes no tenía en el radar. Estaba listo para emprender la aventura que ahora comanda.

El diseño en sus manos
Regresó al Perú con la consigna de trasladar Fab Lab al país con una subvención de trescientos mil euros donada por Aecid. Hoy, gracias al impulso de Víctor, la red Fab Lab de Lima –que empezó en un pequeño espacio en la Universidad Nacional de Ingeniería– tiene oficinas en Esan, Tecsup y el Museo Metropolitano de Lima. Todas estas instituciones realizan sus propios proyectos y organizan cursos dirigidos a las personas interesadas en la fabricación digital.

En paralelo Víctor seguía obstinado con la idea de dar vida a los monstruitos que hacía cuando era un universitario. Por ello en 2011 se inscribió en el primer concurso de Wayra Perú y, para su sorpresa, lo ganó. Telefónica le ofreció un financiamiento de US$50 mil con el cual compró máquinas, armó un equipo de jóvenes multidisciplinarios y fundó su empresa: Viktoys.

«Valoro cuando alguien hace algo totalmente distinto y rompe esquemas. lo positivo es que en el Perú cada vez hay más empresarios interesados en la innovación, por más que falte investigación aplicada».

Su primera línea de negocio fue Face-Me [Face-me.pe], una tienda que aprovecha la tecnología digital para ofrecer juguetes personalizados y productos lúdicos bajo la premisa de que el cliente sea el creador de su propio personaje. «De esa manera, el usuario también puede empezar a dominar las herramientas del diseño para luego crear artefactos mucho más complejos», advierte Víctor. Con Face-Me ha demostrado que el juego no es solo para los niños: entre sus principales clientes se encuentra un renombrado abogado que ha creado toda una gama de productos de merchandising con el personaje que él mismo inventó.
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Actualmente Viktoys se ha diversificado. Ahora, además, ofrece servicios de corte láser, animaciones publicitarias y productos tecnológicos para diversas empresas. De hecho la interacción con distintas organizaciones sembró en Víctor otro interés, que en 2013 lo llevó a crear el concurso Limonstruos [este año espera replicarlo]. El certamen busca que los limeños generen sus propias historias y personajes innovadores inspirados en tradiciones, mitos, gastronomía y cultura de nuestra ciudad. No sabe cómo lo logró, pero la primera versión del concurso recibió el auspicio de importantes compañías e instituciones. «Esto te da una idea de que cada vez hay más empresarios interesados en la innovación, por más que falte investigación aplicada en el Perú», dice el protagonista de esta historia, un chico muy versátil que ya trama introducir exposiciones interactivas en los distintos museos de Lima y del interior del país. Un concepto más allá del videoarte, que busca que el consumidor pueda interactuar con las obras que están ante sus ojos. De esa forma, Víctor planea acercar el arte y la cultura a más peruanos, y que no se perciban como algo aburrido.

¿Cómo se ve en un futuro? Tras autocalificarse como «un raro que no puede parar de crear», dice que está a la espera de conseguir la inversión necesaria para lanzar una gran juguetería educativa [en que obviamente las personas podrán crear sus propios personajes], con sedes en todo el país. «Si tengo miedo, arriesgo y veo qué pasa. Siempre surgirá algo nuevo», afirma. Con un lema como ese, de seguro lo logrará.
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