Sueños de un economista que anda en bicicleta

Escribe: César Becerra / Foto: Adrián Portugal
Acaba de ser elegido por el World Economic Forum como uno de los Jóvenes Líderes Mundiales de 2013. Martín Aspíllaga es economista y uno de los socios fundadores de Salkantay Partners, una empresa dedicada a las inversiones de riesgo. Creó esta empresa después de abandonar su puesto en una importante organización. Todo para hacer realidad un proyecto personal. Y no se arrepiente

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La oficina de Martín Aspíllaga se ubica en una de las torres del centro empresarial de San Isidro. Es una oficina sencilla, no muy grande, pero lo suficientemente cómoda para trabajar y recibir visitas. Destacan algunas cosas: un casco sobre su escritorio y una mochila de ciclista en el piso. Colgados en un gancho, hay un polo y una toalla. Más tarde contaría que usa bicicleta en vez de automóvil y que, un día, tardó 45 minutos en llegar desde el Centro de Lima hasta Barranco. También hay un teclado ergonómico conectado a su laptop –dice tener problemas con el túnel carpiano– y una curiosa ruleta metálica que tiene palabras como yes, maybe, no, today, tomorrow, entre otras. «Nunca he tomado decisiones en función a lo que salga», advierte, tras precisar que es un objeto que compró durante un viaje. «Sirve más para romper el hielo cuando viene gente. Todos preguntan qué cosa es esto». Después de roto el hielo, precisamente, y de algunas coordinaciones relacionadas a su almuerzo, el empresario de 37 años, empezó a contar su historia.
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¿Qué significa ser uno de los 199 Líderes Jóvenes Mundiales?
Estoy contento y sorprendido, pero siento que no he hecho nada especial comparado con otra gente. Definitivamente, hay más de 199 personas en el mundo haciendo cosas más importantes que yo. Por eso, lo tomo más como una invitación que un galardón.
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¿A qué te refieres?
Más que un premio, es una invitación a un proyecto de alcance global que requiere una participación activa. Hay una agenda formal de compromisos para los próximos cinco años y la idea es participar lo más que pueda. Digamos, si hay veinte eventos globales en el año, se espera que vaya por lo menos a dos. Por ejemplo, hay un evento programado uno en Lima para abril, en el cual voy a participar. Más adelante hay una reunión en Myanmar, a la que no sé si pueda ir porque se me cruza con otro compromiso que tengo programado. Aún no me informan todo lo que tengo que hacer, pero ya sé que me han asignado un tutor y que podré asistir a seminarios en universidades. Una de las metas es formar parte de una gran red de personas orientadas a desarrollar proyectos de impacto.
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¿Qué tanto ha influido Salkantay en tu elección?
Tremendamente. Tenemos un año recién y hemos superado las expectativas que teníamos al inicio. Bueno, no sé qué tanto ha influido en la evaluación, pero siento que sí ha sido muy importante.

Explícanos la labor de Salkantay Partners.
Somos tres socios que nos juntamos para crear una empresa de capital de riesgo. La idea es identificar oportunidades únicas en sectores vinculados al desarrollo y consolidación de la clase media y el desarrollo del país: salud, educación, entretenimiento, retail, real state. Dicho de otra manera: identificamos las oportunidades, conseguimos a los inversionistas, gestionamos la inversión, la toma de control y la implementación del crecimiento de las empresas. La verdad es que aquí hay una gran oportunidad para construir empresas de éxito, con capital y gestión. Por ejemplo, hemos invertido en un proyecto educativo este año. El año pasado trabajamos en dos proyectos de construcción. Todos con muy buenos resultados hasta el momento.

¿Cómo hacen para encontrar inversionistas?
Mediante una red de contactos. Pero lo importante aquí es que decidimos encontrar las oportunidades antes que los inversionistas. Procuramos conocer un sector, conocer su dinámica, descubrir qué cosas nuevas y mejores se pueden hacer, encontrar la oportunidad y así poder buscar al inversionista más apropiado. Es distinto a tener que tocar puertas por doquier y esperar a que algo salga por ahí.

Invertir es un acto de fe. En tu cuenta de Twitter mencionas que no eres religioso, pero coleccionas estampitas de santos. ¿Cómo equilibras eso?
No formo parte de ninguna religión organizada, pero soy una persona espiritual. No te puedo brindar certezas sobre quién creó esto o lo otro, pero sí creo que hay algo mágico en el mundo y que formamos parte de ello. Me atrae lo religioso como concepto: las teorías, los relatos, las ceremonias, la filosofía. He leído mucho sobre eso. Creo que toda persona que ha dedicado tiempo a la religión lo ha hecho con fe y convicción profunda. Esto puede extenderse a otros ámbitos. En mi trabajo, por ejemplo, también tengo convicciones profundas. No es una religión, claro, pero es una forma de obrar espiritualmente. Por otro lado, soy una persona sumamente racional, creo en las pruebas. Las explicaciones deben tener sustento
y evidencias.

Tienes una ruleta que bien podría ayudarte a tomar decisiones, pero dices que no la has utilizado para esos fines. ¿Crees en el azar?
El azar existe. Hay que tener objetivos, metas, sueños. Que ocurran depende del esfuerzo y de las circunstancias. Y dentro de las circunstancias están el azar y las probabilidades. Mira, puedes perseguir cosas y no alcanzarlas, pero ser persistente a lo largo del tiempo ayuda a que ese caudal de esfuerzo haga que, después de lanzar varias veces la moneda,
salga cara.

¿Qué referentes o modelos a seguir tienes?
Tengo varios. Va a sonar cliché, pero una persona que me ha inspirado, en cuanto a lo que implica luchar por tus sueños, es Steve Jobs. Otro es Javier Heraud. No comulgo con sus ideas políticas, pero fue un poeta comprometido con lo que quería lograr. Al final, muere asesinado mientras perseguía sus sueños. Creo en ese tipo de personas. En mi caso, estoy seguro de que no fui bien visto cuando salí de Enfoca, una empresa en la que manejaba un fondo muy grande.

Tengo apuntado que gestionabas un portafolio de 350 millones de dólares.
Sí, mucho dinero. Salí porque quería seguir mis sueños. Me di cuenta de que en Enfoca, donde aprendí mucho, no iba a poder alcanzarlos. Tenía que seguir un camino independiente.

Hablas mucho sobre sueños. ¿Cuáles son los tuyos?
Crear impacto, contribuir al desarrollo del Perú en industrias que me motiven y que todo esto sea mi sustento profesional y brinde balance en todos los aspectos de mi vida. Quiero ser independiente, materializar mis proyectos y evitar que la agenda de otros dicte mi vida. Salkantay fue un paso importante en ese sentido. Aquí tengo socios y compañeros, no jefes. Más que un valor financiero, hemos creado un valor intangible. Una persona que valoro mucho me dijo que hay ‘crecimiento compuesto’ en la experiencia de las personas. ¿Esto qué quiere decir? Que cuando te asocias con otros, hay fuerzas que se refuerzan constantemente, de modo que el resultado es mayor que la mera suma de habilidades. Lo compruebo ahora: siento que en Salkantay cada día nos reforzamos más.

¿Qué necesitaste para ser independiente?
Pensé en varias cosas. Una de ellas: como no tenía hijos, no tenía a alguien que dependiera de mí y que sea vulnerable en caso me equivoque. También pensé en el miedo. He sido un miedoso toda mi vida. He tenido miedo de quedarme en la calle, que la gente me cuestione, en fin. Llegó un punto en el cual abandoné ese miedo y me di cuenta de que si asumía el peor escenario posible, era libre. Quiero decir que si obras bien, no haces daño a nadie y, aun así, no te salen las cosas, bueno, comienzas de nuevo. Así
eres independiente.

¿Te sientes a gusto con lo que has logrado?
Me siento en el momento correcto y creo que es resultado de una decisión personal en cuanto a seguir determinada dirección, pero también de gente que me rodea y ha confiado en mí, gente que cuando te cansas, te sostiene, descansas y luego te permite seguir adelante. Lo identifico claramente porque he sentido el ‘lado oscuro de la fuerza’: personas o condiciones que no te permiten lograr lo que quieres. Hoy me siento contento con lo que tengo entre manos. Espero que no se me escape.