Sombras tenebrosas

Por Manuel Eráusquin / Fotos de César Campos
Los incendios políticos atacan al gobierno de Ollanta Humala cada cierto tiempo. El escándalo del caso Óscar López Meneses –ex operador de Vladimiro Montesinos– ha evidenciado que todavía existen algunos tentáculos de un pasado oscuro. El reconocido periodista de investigación Gustavo Gorriti es consciente de que este tema obliga a la sociedad a estar atenta. Distraerse puede ser fatal, la estabilidad democrática puede terminar calcinada por una corrupción que persigue, desde las sombras, recobrar su influencia.
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La investigación periodística en el Perú ha tenido en Gustavo Gorriti a uno de sus mejores soldados. Muchas batallas ha combatido desde los ochenta, tiempo en el que se inició en este arduo oficio. Temas sobre narcotráfico, terrorismo y escándalos políticos han formado parte de sus principales primicias. Hoy Gorriti, director de IDL-Reporteros, mira con preocupación el escándalo de Óscar López Meneses, personaje vinculado a Vladimiro Montesinos a finales de los noventa y que contribuyó en la captación de tránsfugas para el fujimorismo en la campaña de reelección del 2000. Encarcelado desde el 2003 hasta el 2007 por peculado, interceptación telefónica y tenencia ilegal de armas, todavía el ex operador montesinista maneja ciertos hilos.

El escándalo del inexplicable resguardo policial de alto funcionario de que gozaba desde hacía un año y medio en su casa confirma su influencia en algunos círculos de poder. Tenía ocho patrulleros, veinte policías y hasta un camión portatropa. Nadie en el Estado ha podido dar una respuesta satisfactoria sobre este escándalo.

Policías y militares se señalan responsabilidades mutuas. Mentiras y conspiraciones es lo único que se avizora. Por lo pronto, una comisión investigadora del Congreso busca llegar a la verdad. Gorriti interpreta cómo este personaje ha podido tejer una red de conexiones que atraviesa el sector empresarial, político, judicial, policial y militar. Sostiene que es la vieja modalidad montesinista adaptada, réplicas de un manejo desde las sombras. La sociedad civil tiene la obligación de prestar atención a este caso: lo que ocurra nos concierne a todos.

Ha escrito que no tiene esperanzas en la comisión que investigará el caso de López Meneses. ¿Pero qué alcances puede tener este escándalo?

En principio por pudor deberían quitarse el título de comisión investigadora, porque lo que va a pasar es lo siguiente: el aprista le va a echar la culpa al gobierno, los fujimoristas van a tratar de quitarse el estigma de que ellos no son los únicos montesinistas y el gobierno asustado va a tratar de ver qué culpas han existido. Pero el caso de Óscar López Meneses, no es una responsabilidad del gobierno, sino de los gobiernos. López Meneses retornó al Perú expulsado de Estados Unidos el 2003 y fue un inquilino bastante poderoso del penal San Jorge, porque lograba desde la cárcel que pasaran una serie de cosas fuera de ella hasta que salió en el 2007.

Las consideraciones con su amigo Agustín Mantilla, ¿por ejemplo?

Se hizo amigo de Mantilla en la cárcel –si no fue antes– y le hizo una serie de servicios, como cuando salió libre y arregló todo para que partiera resguardado por un patrullero, motociclistas y liebre. Parecía que era un alto funcionario del Estado, y lo llevaron hasta la puerta de su casa. Entonces allí demostró López Meneses que podía hacer que las cosas funcionen, y estamos hablando del 2007, el primer año de gobierno de Alan García. Oficialmente Mantilla era un réprobo, un paria; pero López Meneses logró que pasara esto.

A esto se suma la influencia que fue obteniendo durante el segundo gobierno de Alan García en inteligencia del ejército.

Óscar López Meneses empieza a tener un ingreso significativo en varias instituciones, especialmente en el Ejército durante el gobierno de García. Incluso García toma la decisión que permite a López Meneses colocarse en la cúspide del ejército: nombrar a Paul da Silva como el nuevo comandante general del Ejército. Todo esto contra el consejo de muchos, como del comandante general saliente en ese momento, Otto Guibovich. Esa designación fue como nombrar a López Meneses por la cercanía que tenía con Da Silva. Por ejemplo, cuando Da Silva se fue a visitar las distintas regiones, labor que suele hacer el comandante general, López Meneses fue con él y se hospedaba en el mismo hotel.

«Dudo de que Humala haya sabido de esto [el caso López Meneses], y creo que cuando se ha enterado su reacción evidenció la falta de un Estado Mayor eficiente»

¿De dónde procede esta facilidad de López Meneses de lograr estos importantes contactos al más alto nivel en distintos gobiernos?

Se presentan un conjunto de estratagemas muy interesantes, donde hay una capacidad múltiple de hacer relaciones. Por ejemplo, en el ámbito empresarial tuvo una relación muy estrecha con Bobby Letts de la empresa minera Volcan. Fue su hombre de confianza y le manejó la seguridad. Además, en el Poder Judicial conocía a medio mundo, especialmente a César Vega Vega, que hasta hace poco fue el presidente de la Corte Superior de Lima y ex socio de bufete de Alan García. Entonces es una persona que tenía muchas conexiones y en diferentes escenarios de influencia, y que estaba muy predicada a hacer favores y recibir favores.

Los primeros daños de su mala influencia afectaron a la policía ¿hasta qué niveles?

Está por terminar con la carrera de varios policías, de los cuales, uno, Praeli, tenía una relación estrecha con López Meneses. Pero hay otros como el general Aldo Miranda, policía de primera que había llevado a cabo una labor extraordinaria en seguridad ciudadana predicada en policía comunitaria: había logrado la pacificación del Cerro El Pino, en La Victoria, y estaba convirtiendo eso en una doctrina para llevarla a otros lados. A este general lo han apartado del servicio, y hay posibilidades de que le corten la carrera del todo. Este es uno de los resultados de la toxicidad de López Meneses.

Pero resulta alarmante que este personaje haya tenido seguridad policial en la puerta de su casa y el gobierno no haya sabido nada. ¿Qué piensa de eso?

Dudo de que Humala haya sabido de esto, y creo que cuando se ha enterado su reacción evidenció la falta de un Estado Mayor eficiente a su lado. Uno que le hable bien, que lo ayude a decidir si es más recomendable una entrevista de a dos, o elegir una conferencia de prensa. Una vía que sea mejor articulada, mejor investigada y mejor controlada. Pero directamente el presidente le echa la culpa a la policía y mete la pata. No hay excusas.

OSCAR LOPEZ MENESES EN RPP

La conformación de la comisión investigadora fue otro espectáculo.

Para empezar la gritería y las acusaciones del Apra no son para tratar que el caso López Meneses se investigue a fondo. No creo que les interese tanto, porque ellos tienen un grado superior en términos comparativos a lo que se ha dado en este gobierno. Lo que ocurre es que quieren acusar a este gobierno y buscar desacreditar la investigación que hay de otros casos, como los ‘narcoindultos’ o BTR, y lograr impunidad. Entonces el caso López Meneses deja de ser investigación y deviene en una operación de encubrimiento mediante gritería. Ahora, del lado del gobierno, no hay una inocencia completa, porque hay gente que está metida. Por ejemplo, la relación de López Meneses con el congresista José Urquizo [Gana Perú] está bastante clara, y él tendrá que explicar muchas cosas.

Se habla también de Adrián Villafuerte, el asesor del presidente Ollanta Humala.

Villafuerte dice que no lo conoce pero no es del todo convincente por testimonios que se contradicen. Hay gente que conoce a ambos desde la década del noventa. Incluso López Meneses estuvo en la Comandancia General del Ejército como uno de los factores principales de influencia durante toda la gestión de Paul da Silva. Durante la gestión del general Víctor Ripalda también y algo menos, pero no creo del todo ausente, en la actual gestión de Ricardo Moncada. De tal manera, el haber echado la culpa a la policía, cuando hay mucha más responsabilidad de altos mandos del Ejército, fue un grave error de Humala. Ahora, en la policía la responsabilidad de Raúl Salazar está clarísima, y la responsabilidad de Praeli está casi igual de clara. En los otros casos no.

¿Hasta qué punto Montesinos juega un papel de influencia?

Lo extraño es que cuando examinas el conjunto de trucos o ardides que ha utilizado López Meneses te das cuenta de que son estratagemas de segundo uso. Es decir, casi todas han sido empleadas más o menos de la misma forma que en los noventa, un poco recicladas o adaptadas. Le funcionaron cuando tenía de padrino a Montesinos y le han funcionado ahora de la misma manera. Yo no tengo claridad si él mantiene relación o no con Montesinos. Hay quienes sostienen que están peleados y mencionan diversos hechos para comprobarlo. Hay quienes aseguran que esos hechos comprobarían que sería la mascarada para poder mantener una relación cercana.

¿Hacía donde se dirige la mente de Meneses con la construcción de estas redes de poder?

Una posibilidad puede ser que la explicación final tenga un fuerte componente psiquiátrico. Es decir, la combinación de mitomanía, exhibicionismo o una especie de lujuria por la circulina y todos los signos externos de poder. Que además la búsqueda para lograrlo le da acceso a gente influyente. La otra posibilidad es que sea parte de un esfuerzo que pretenda crear redes paralelas y persiga un control institucional dentro de la democracia para actuar en un momento de crisis y favorecer a los enemigos de esta. Entonces solo al frente de esta posibilidad, la necesidad de llevar a cabo una investigación profunda es indispensable. Habría que ser muy idiota desde el punto de vista de alguien que quiere defender la estabilidad de la democracia y ver lo que se puede aproximar en el futuro y no estar preocupado.