Sexo, política y extradición

A propósito del caso Julian Assange.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange, jamás imaginó que su tour por Estocolmo, en el que tuvo sexo con dos admiradoras, iba a terminar en un proceso diplomático que podría costarle la libertad. El sociólogo Farid Kahhat analiza uno de los casos menos sobrios de la política internacional.

En el balcón de la embajada de Ecuador, en el barrio de Knightsbridge, en la calle Hans Crescent, en una de las catorce habitaciones del recinto diplomático, Julian Assange está con camisa azul y corbata roja para decirle a todos los manifestantes que gritan su nombre: «Estoy aquí porque no puedo estar ahí con ustedes». Este es el último capítulo en la biografía del hombre que ha colocado en apuros a las embajadas de Ecuador, Reino Unido, Estados Unidos y Suecia, que se enfrentan por su detención. Farid Kahhat, experto en política internacional, analiza este caso, que empezó con Bradley Manning al querer escuchar un CD de Lady Gaga, pero terminó con más de 250 mil cables diplomáticos de las embajadas de Estados Unidos en el mundo, colgados en un portal que ningún historiador podrá olvidar cuando se hable del atribulado siglo XXI.

La administración del presidente Rafael Correa, en diferentes comunicados, presume falta de independencia de la justicia sueca, por lo que le otorgó el asilo político a Julian Assange. ¿Es correcta su percepción o se está equivocando?
Es un Poder Judicial independiente, pero el problema, como lo mencionó el mismo Correa, es que la acusación no es por violación, como todos creen. Se trata de un requerimiento judicial por la denuncia de agresión sexual, por no haberse puesto preservativo durante un acto consensuado. Las mujeres que lo acusan, Anna Ardin y Sofia Wilen, han declarado que el sexo fue voluntario, que no hubo forcejeo. Por ese motivo, Correa afirmó que no ponerse preservativo durante el sexo consensuado no es delito en Ecuador ni en América Latina.

Si Suecia posee altos estándares judiciales, ¿los motivos para conceder el asilo político se caen?
El temor no es que Suecia no sea independiente ni que su gobiernodecida una acción al margen de la ley para extraditar a Assange a un tercer país, que sería Estados Unidos, para que se le juzgue por el caso Wikileaks, sino que Suecia actúe según las leyes, extradite a Assange si así lo considera y que sea el gobierno de Estados Unidos el que lo juzgue sin respetar el debido proceso. No pondría en cuestión la independencia del Poder Judicial sueco, pero sí la independencia del de Estados Unidos. Recuerda Guantánamo, los civiles condenados por tribunales militares sin evidencias públicas o el trato a Bradley Manning, el que reveló los Wikileaks, que estuvo ochocientos días preso sin un juicio.

Es decir, en Suecia la administración de justicia es independiente, pero no su diplomacia.
Los pedidos de extradición comienzan como temas de carácter judicial, porque es el Poder Judicial de un país el que solicita esta figura a un gobierno, pero terminan como hechos políticos, porque es el gobierno el que decide políticamente si acepta dicha solicitud. Más tarde, es un Estado el que acepta si concede el asilo político. Y la diplomacia se ubica en el terreno de la política, donde se discuten este tipo de controversias.

Muchas veces es posible analizar este tipo de casos al amparo de otros similares. ¿Cómo está actuando el Reino Unido, según el antecedente del caso Pinochet, por ejemplo?
Es curioso. El Reino Unido ha dicho que no tiene otra alternativa, salvo entregar a Assange a la justicia sueca, por cargos menoresque no son violación. Mientras, en el caso Pinochet, encontró un subterfugio jurídico para no extraditar al general chileno por crímenes más severos, como lesa humanidad, alegando razones humanitarias, dado su deteriorado estado de salud. Si bien en primera instancia la justicia británica concedió la extradición solicitada por el Poder Judicial de Chile, en segunda, el gobierno se negó.Esto demuestra que en estos casos no se actúa con coherencia sino según lo que dicta la política del momento.

Entonces, sin entrar aún en las razones de Rafael Correa para otorgarlo, ¿Julian Assange merecería el asilo político del gobierno ecuatoriano?
Es evidente que el gobierno de Rafael Correa está utilizando este asunto políticamente, así como el mismo Assange, que da sus discursos desde el balcón de la embajada.Y Ecuador lo permite. Pero, jurídicamente hablando, Assange lo merece. En el Perú, así como en muchos países, existen asilados políticos, pero uno de los requisitos para merecer este estatus es mantener un perfil bajo, no hacer activismo y no usar el país como plataforma contra el gobierno que lo persigue.

¿Y qué gana Rafael Correa con todo este enfrentamiento contra Suecia, Estados Unidos y el Reino Unido?
Al igual que otros gobiernos del ALBA, ser un presidente que confronta a las viejas potencias coloniales, como el Reino Unido, y a las nuevas imperialistas, como Estados Unidos. Pero hasta cierto límite. Ecuador posee ventajas arancelarias en el mercado estadounidense a través del ATPDA y ya hay congresistas republicanos que están solicitando públicamente que este asunto se revise. Correa no tiene interés en que este tema se prolongue indefinidamente, pero, con miras a su reelección en febrero de 2013, está aprovechando la publicidad, mostrándose como un paladín de la libertad de expresión. Cree que con este acto pondrá un manto de olvido sobre las confiscaciones, las multas, los juicios y la persecución contra los medios y los periodistas.