¿Qué pasará en el país en los próximos treinta años?

Escribe: Luis Felipe Gamarra/ Foto: Macarena Tabja
El Centro de Planificación Nacional se ha trazado la meta de elaborar un plan para convertir al Perú en un país de primer mundo antes del 2050. Carlos Anderson, director de Prospectiva y Estudios Estratégicos del CEPLAN,predice el destino que le depara el mañana al país, sobre la base del presente, las megatendencias del futuro, el cambio en los ciclos económicos y los avances entecnología. En suma, un porvenir nada halagador, a menos que cambiemos de dirección.

Predecir el futuro no es una novedad para Carlos Anderson. En marzo de 2011, antes de la primera vuelta electoral, mientras la mayoría de economistas liberales advertían que el plan económico del candidato Ollanta Humala era poco menos que cavernícola, Anderson puso una gota de serenidad al debate.«A diferencia de lo que muchos creen, un futuro presidente Humala sería algo así como la tercera parte de la trilogía The Matrix: mucho humo, mucha pirotécnica y muy poco fuego». Piloto automático, diría un experto, y no se equivocó. Economista y banquero de inversión, Anderson posee un perfil poco común para la burocracia. Acostumbrado a mirar el mundo entre Lima, Nueva York y Londres, no cree en los horóscopos, pero confía en las tendencias. Y si algunos optimistas creen que el Perú se convertirá en un país del primer mundo al 2050, tal como predijo el Banco HSBC, Anderson responde quelos pronósticos no construyen un país, sino su capacidad de adaptación. Un tema en el que, según él, aún estamos jalados.

¿Es posible proyectar que el Perú será la economía Nº26 al 2050 como reportó el Banco HSBC?

No, porque sería como pretender que un carro conduzca a una velocidad constante de sesenta kilómetros por hora hasta China. Se necesita un conjunto de factores para llegar hasta allí, como elevar la calidad de la educación, reemplazar instituciones por otras más dinámicas y cerrar la brecha en infraestructura. Es una tarea que si no la haces, la máquina se te apaga. El Perú tiene un stock de pobreza enorme, que necesita crecimiento. Y, sin valor agregado ni desarrollo tecnológico, el crecimiento no será sostenible en el largo plazo. Todo es posible, pero depende de lo que hagamos ahora.

El año 2050 está bastante lejos. ¿Por qué no podemos convertirnos en un país próspero antes?

Todo es posible, repito. Para que los cambios se dena todo nivel, se necesita tiempo. En el Perú, no existen instituciones que nos conduzcan al futuro por la vía rápida. Existe un Acuerdo Nacional que establece políticas públicas, pero los gobiernos no las aplican. Lamentablemente, la política tiene su propia dinámica. En 1990, la India, gran exportador de software, solo tenía un 1 % en balanza de pagos por exportación de tecnología. Hoy tiene16 %. ¿Cuándo comenzó esto? No en 1990, sino en los años 60, con la fundación del Instituto Tecnológico de Nueva Delhi, hecho a imagen y semejanza del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).¿Dónde está el Instituto Tecnológico de Lima? No existe, y sin este tipo de instituciones no vamos a dar los saltos tecnológicos que dan aquellos países que prosperan.

¿Los resultados del reporte de competitividad del World Economic Forum (WEF), que es una foto del momento, en el que hemos seguido mejorando, no lo hacen ser más optimista?

En el reporte del WEF hemos subido 6 puntos, del 67 al 61. Uno diría que hemos mejorado, pero no ha sido así. Hemos dado un salto del puesto 52 al 21 en macroeconomía, porque se ha eliminado el indicador de ‘diferencial de tasas de interés’, donde en 2011 estábamos en el puesto 131. Por eso hemos dado un paso enorme, que explica los6 puntos. Pero si atendemos al resto de indicadores, como educación, innovación e infraestructura, hemos retrocedido.

¿Si no se corrigen esos pilares, se podrá mantener la tendencia a elevar posiciones en este reporte?

La macroeconomía ha hecho del PBI el indicador más importantepara medir la riqueza de un país. Pero las mediciones modernas indican que los países tienen tres tipos de riqueza. Por un lado, la natural: en el oro, las minas, el petróleo, donde somos ricos. Por otro, la infraestructura, la acumulación de la creación humana, donde somos bastante pobres. Y, por último, la riqueza del capital humano, que se mide con indicadores como calidad del sistema educativo, en el que figuramos en los últimos lugares. Y si miramos las cifras respecto a educación del futuro, la foto es peor, porque mientrasnosotros discutimos si se lessube los salarios a los maestros, existen países que trabajan tecnologías para reemplazar al maestro por un software, conceptos de aprendizaje inteligente o ensamblado de robots. Ciencia ficción que ya está aquí.

¿La tecnología moderna no podría permitirnos dar saltos importantes?

La tecnología lo permite. Pero tenemos que superar esta tendencia a mirarnos el ombligo, poniéndole atención a nuestro grado de inversión, nuestro crecimiento, la mejora en el reporte del WEF, sin mirar revoluciones tecnológicas como las que suceden en África, donde ya se habla de los leones africanos. Kenia prácticamente no tenía bancos, pero ha emprendido una bancarización revolucionaria, con ayuda de los teléfonos móviles, que permiten el dinero electrónico, tema que nuestro Congreso recién está analizando. Así como hemos abierto la puerta al comercio internacional, con la firma de los TLC, debemos abrir la puerta a la tecnología global. Pero esto exige cambios en la infraestructura y la legislación.