Policía bueno. Policía malo

El politólogo Carlos Meléndez evalúa el 2012 a partir de las fortalezas y debilidades del gobierno

Escribe. Luis Felipe Gamarra // Foto. César Campos
En un año marcado por los conflictos sociales, así como por la falta de operadores políticos en el gabinete capaces de tejer pactos con otros líderes clave para sumar protagonistas al proyecto del presidente Humala, el politólogo Carlos Meléndez, que acaba de publicar La Soledad de la Política, evalúa el año que pasó a partir de las fortalezas y debilidades del gobierno, para advertir las amenazas futuras que deberá enfrentar.

Por un lado, el policía intimida al sospechoso. Por el otro, su compañero simpatiza con el detenido. Lo comprende, lo trata con respeto, con amabilidad. Le invita un cigarrillo.Esta dinámica se conoce en el cine como «policía bueno/policía malo». Para el politólogo Carlos Meléndez, con doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Notre Dame, el Ejecutivo está aplicando esta táctica, al dejar al presidente Humala como el estratega político militar que va a resolver los conflictos con mano dura, pero con el respaldo de Nadine Heredia a la cabeza de los programas sociales enfocados en los más pobres. Según Meléndez, esta estrategia, sin visión política de largo plazo pero de éxito cortoplacista, no será suficiente para garantizar los niveles de inversión que exige el crecimiento económico. Peor aún si no se sabe en qué momento regresa el policía malo.

¿Cómo evalúas el año que pasó en lo que respecta el estilo para gobernar de esta administración?

El gobierno ha empezado a definirelestilocon el que gobernará hasta el año 2016. Si primero hubo la sensación de que se iba a manejar el Estado en piloto automático, ahora estamos ante un proyecto distinto, que ha perdido el temor a agarrar el timón. Se está proyectando una administración que ha descartado algunas estrategias como la mano dura, que quedó desprestigiada. Humala quiso jugar al policía malo, el que iba a resolver los problemas con su uniforme de militar, pero no pudo.

¿Qué papel juega Nadine Heredia en ese contexto?

Nadine se ha perfilado como el único actor político de esta administración. Ha ganando protagonismo en tanto representa la cara social del gobierno, a través de los programas que encabezan sus ministras. Cuando Humala se ha portado como el policía malo desde el reflejo militar del ex primer ministro Óscar Valdés, le fue mal. Fracasó en seguridad interna, el VRAE sigue sin norte político, donde se sigue mandando achicos al azar. Pero cuando Nadine sale con los programas, le va mejor. Eso significa que se ha cocinado un estilo, una versión del policía malo con la sonrisa carismática.

¿Crees que el reemplazo de la Unidad de Conflictos de la PCM por la Unidad de Diálogo está sofocando los amagos de conflicto social?

No hubo movilizaciones, pero no porque se haya aterrizado una estrategia efectiva contra los conflictos. La designación de Vladimiro Huaroc fue acertada, porque posee experiencia política, pero no sé hasta qué punto Huaroc ha sido capaz de construir alianzas con otros operadores políticos en el interior del país. Yo tomo con pinzas el efecto de esta unidad. Considero, sí, que los programas sociales como Pensión 65, Beca 18, Cuna Más o Juntos satisfacen a miles de personas, generando menos capital humano para la protesta.

¿Crees que el efecto haya sido tan rápido?

En 2013 se podrá saber el impacto. Pero lo que hemos aprendido como país es que la gente importa. Antes, los empresarios, sobre todo los mineros, hacían cálculos para determinar sus ganancias con fórmulas que no incluían el costo social, salvo por pequeñas actividades de responsabilidad social. Ahora la rentabilidad de cada proyecto depende de la satisfacción de los ciudadanos. El problema del sector privado es que empezó a invertir donde no había Estado, donde no había actividad política formal. Eso, con sus costos, lo aprendió el gobierno. Si Humala busca que se sigan elevando las inversiones, debe llevar programas sociales, pero si busca desarrollo económico sostenible, debe llevar desarrollo político para canalizar los futuros estallidos de violencia a través de instituciones formales.

¿Por qué las empresas no son capaces de contribuir con la resolución de conflictos?

Ha quedado demostrado que las empresas no sirven para canalizar los conflictos porque lo hacen de manera informal. La satisfacción de la gente no se gana a través de reservorios, quesos, vacas, trabajo, alquiler de equipos a la comunidad. Para sostener un proyecto se deben resolver problemas de fondo como luz, alcantarillado, educación, salud. Ese modelo sostenible no depende de las mineras, sino del desarrollo institucional que debe garantizar el Estado. Pero no observo que ese país estéen las mentes de Palacio de Gobierno.¿Qué actores deben ganar protagonismo para resolver esta falta de articulación?

Primero, coordinación estrecha entre gobierno local, regional y central. No más mesas de diálogo. Estos instrumentos son una forma mediocre de resolver un problema coyuntural. La mesa de diálogo no forma parte de nuestra institucionalidad. Cada vez que se forma una, el Estado fracasa. Lo que se debe hacer es fortalecer el proceso de descentralización para que los gobiernos subnacionales tengan más capacidad para tomar decisiones coherentes, según los criterios y objetivos de la nación. La meta debe ser lograr una articulación entre la tecnocracia estataly la social.

¿Humala ha ganado expertice de político?

Humala no sabe formar aliados políticos, no saber establecer condiciones que lo beneficien. Humala es un militar, se ha socializado toda su vida como militar. Por lo tanto, no sabe de pactos políticos sino de respuestas militares. Y, por más elementos a favor que tenga, como el crecimiento económico, debe establecer una capacidad política para hacer el desarrollo institucional que necesita el país. Salomón Lerner era la persona indicada porque supo establecer vínculos políticos con sectores extra gubernamentales. Pero, desde que este se apartó, Humala solo se ha dedicado a atacar a sus potenciales aliados como Gregorio Santos, en Cajamarca.

¿Quién es el llamado a tejer estas alianzas?

Nadine es la principal operadora política. Porque la primera virtud del primer ministro (Juan Jiménez) es que no estorba, que es fácil de pasar por encima. El gobierno toma decisiones entre Humala, Nadine y dos o tres ministros. Muchas cosas no pasan por la oficina de Jiménez.

¿Te imaginas al ministro de Economía, Luis Miguel Castilla, tomando decisiones con Jiménez?

No, me imagino a Humala, Nadine y Castilla tomando decisiones. Incluso me imagino a Nadine y Castilla sin Humala. Jiménez se ocupa de cosas menudas o, por su experiencia legal, de reformas legislativas. Hay una clara distribución de roles:Jiménez como administrador de problemas poco complejos, con menos trascendencia, y Castilla tomando las decisiones de fondo.

Nadine Heredia es un personaje clave, pero no representa un poder formal.

Ese es el lado perverso de su rol. Le hace bien al gobierno, sí. Le hace bien a la institucionalidad, no. Es la paradoja. Contribuye con el gobierno, a falta de operadores políticos, pero no facilita el respeto a las reglas de juego. Tiene responsabilidad pública que no está sujeta a revisión de cuentas. ¿Quién paga las presentaciones públicas de Nadine en el país, las navidades, el proselitismo estatal? No solo se adulteran las reglas de juego, sino se trastocan.

¿Los empresarios le han perdido temor a Humala?

Con Conga, la clase empresarial se dio cuenta de que Humala es confiable, pero no hábil. Hace caso, pero agudiza sus errores. Conga se hizo inviable el día que el presidente dijo Conga va. La clase empresarial no debería culpar a la sociedad movilizada sino a Humala, por no tener la capacidad y perspicacia para planificar una estrategia inteligente para que el proyecto salga adelante. No salió por su falta de reflejos, por creer en la mano dura, en el Estado de Emergencia.

¿Cómo te imaginas este año?

Durante los próximos meses se terminará de perfilar este modelo de gobierno, que ha traído resultados positivos. En la agenda internacional estará el capital político de la victoria e n La Haya. En el plano local, consolidar el alcance de los programas sociales para que vayan más allá de las zonas rurales e incluso hasta las zonas de extrema pobreza de las capitales. Pero será un gobierno frágil en las políticas públicas de seguridad ciudadana, orden interno, donde prevalece el piloto automático. Como amenaza está la conflictividad social, donde existen elementos más peligrosos, como el Movadef.

¿Es sostenible este modelo antipolítico?

¿Cuándo ha sido eficiente la antipolítica? Cuando hubo un gobierno autoritario como el de Fujimori, que llevaba el Estado a las zonas más pobres a través del Pronaa, Foncodes. Este esquema antipolítico será eficiente en la medida que la gente esté satisfecha. Pero a largo plazo, un país sin proyecto político sólido es inviable. Y en Palacio no veo a ninguna persona construyendo un proyecto de país. Es como si hubieran reducido las expectativas a un logotipo, una marca, pero no sabemos a dónde va. Es una narrativa sin emoción alguna.

¿Qué piensas cuando los ministros técnicos o los economistas independientes afirman que en 2021 nos ubicaremos camino al primer mundo?

Es falso. Mira más allá de Miraflores y San Isidro. Camina por Riva Agüero, por el óvalo de Caquetá. Mira lo que pasó en La Parada. Estamos más alejados del primer mundo de lo que creemos. La política es el arte de despertar ilusión. La economía nunca ha vendido ilusión. Te despierta el bolsillo, la ambición, pero no la ilusión. El camino al primer mundo exige una narrativa política que nos conduzca a aspirar el primer mundo, no el cambio de dólares.