Mundo come conocimiento, Perú come rocas

Entrevista a Maite Vizcarra, gerente del Centro de Innovación de IPAE

Escribe: Luis Felipe Gamarra
El Perú posee un acelerado ritmo de crecimiento, una estabilidad macroeconómica que muchas economías en el mundo envidian, con un marco jurídico que incentiva la inversión a largo plazo. Sin embargo, ¿será suficiente para clasificar al mundial de los países del primer mundo? Maite Vizcarra, gerente del Centro de Innovación de IPAE, advierte que los países que exportan cerros están con los días contados en el mundo del futuro.

Si se compararan los titulares económicos de los años noventa con los de esta última década, parecería que se tratara de otro país. Pasar en solo veinte años de ser un país quebrado para la banca multilateral, con empresas que únicamente podían reestructurar su deuda para sobrevivir, a uno que se enorgullece por subir un peldaño más en el grado de inversión, de subir en el ránking de competitividad del World Economic Forum, y de contar con una de las economías más estables del mundo, es como analizar otra realidad. Para Maite Vizcarra, gerente del Centro de Innovación de IPAE, esta contradicción confirma que estamos satisfechos con los logros de corto plazo, sin prepararnos para los retos del futuro en el campo de la ciencia y tecnología, clave para dejar de ser un país que come piedras y aprender a vivir del conocimiento, y sostener este crecimiento no solo por una década, sino para las próximas generaciones.

Es consenso que se debe innovar. Lo dicen los empresarios, los políticos y los investigadores. Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué no se avanza? ¿Por qué resulta tan complicado?

Es complicado porque países como Brasil, Chile y Colombia han necesitado más de una década de crecimiento sostenido para empezar a invertir en innovación, ciencia y tecnología. Nosotros hemos experimentado menos de una década de expansión económica, pero con prioridades más urgentes en educación, salud e infraestructura.

Para impulsar una cultura de innovación se necesita que las empresas y las universidades coordinen una agenda. ¿La lógica del Libre Mercado hará que empresa y academia se aproximen?

Primero, se necesita que el enfoque que poseen las empresas y universidades respecto a la innovación sea el mismo. En teoría, el Estado, el sector privado y la academia conforman un sistema de tres hélices que al girar producen cambios. Pero la realidad ha demostrado que en países donde estas tres estructuras no conversan se necesitan entidades que las aproximen, como es el caso del Centro de Innovación de IPAE, que debe servir de bisagra entre cada una de estas esferas. El Estado se debe comprometer, sí. Las empresas y las universidades, también. Pero si no existen entidades que aproximen a estos elementos va a ser más difícil.

¿Por qué las universidades han inaugurado masivamente escuelas de negocios, en vez de invertir sus excedentes en ciencia y tecnología?

Porque no existe la visión de que es posible transformar el conocimiento en valor agregado, de convertir un descubrimiento científico en dinero. Las universidades apenas hacen formación básica, olvidando que su rol consiste en la formación en ciencia aplicada. En ecosistemas más complejos como Silicon Valley, los negocios más innovadores nacen en la universidad, donde se probó que la hipótesis académica podía tener vida comercial. Pero, en el Perú, para algunos académicos la palabra utilidad es una mala palabra. Ha habido una explosión de escuelas de negocios, pero ninguna se enfoca a la formación en ciencia aplicada. Si en la universidad se sustentan tesis, tal como en el Medioevo, es difícil que hagan escuelas de negocios más complejas.

¿Las empresas están innovando, o innovan sin saber que lo hacen?

Las empresas están vinculadas al concepto del gurú, hablan de innovación solo cuando viene al Perú un personaje. Pero el gurú se va y se olvidan. Y cuando necesitan innovar llaman al gurú o a un consultor que haga lo que les dijo el gurú. Las empresas que innovan lo hacen sin advertir que están innovando, en forma desordenada, poco eficiente, sin instrumentos ni metodologías para organizar el conocimiento adquirido. Para abrir una nueva línea de negocio se demoran entre seis y siete años, pero podrían hacerlo en tres o cuatro si aplicaran una metodología como la que se desarrolla en centros tecnológicos como Fraunhofer (Alemania), Tecnalia (España) y Agderforskning (Noruega).