Mitos y verdades de la economía peruana

Por Manuel Eráusquin / Fotos de Augusto Escribens
Hay que tener cuidado con los espejismos, pues su naturaleza no responde a la realidad. Carlos Adrianzén, decano de la Facultad de Economía de la UPC y analista económico, dispone de una mente afilada para cortar sin contemplaciones propuestas económicas trasnochadas. Temas como la famosa industrialización impulsada por el presidente Ollanta Humala, los subsidios o la repotenciación de las empresas públicas son caminos que nos pueden conducir a una inestabilidad innecesaria en épocas en que tenemos que crecer más que nunca.
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Su oficina en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas [UPC] dispone de un orden natural, uno que expresa el temperamento de alguien organizado pero no obsesivo. Su carácter está lejano de la solemnidad. Sin embargo, su afabilidad y calidez humana no le impiden ser mordaz e implacable con las propuestas económicas que considera absurdas. No lo puede soportar y saca a relucir todas las armas intelectuales para liquidar sin sentimientos de culpa atrocidades teóricas que solo han causado frustración y hambre.

La iniciativa entusiasta del presidente Humala para ejecutar un plan de industrialización nacional a partir de este año lo obligan a señalar con firmeza errores de consideraciones fatales para el crecimiento del país. Expone que son propuestas falsas e inútiles para movilizar el desarrollo económico, que detrás de esas lindas palabras hay una retórica que alberga mercantilismo y medidas populistas. Pero Adrianzén no se queda solo en eso: aclara que el Perú es una economía pequeña, que el camino por recorrer todavía es largo.

Muchos viven la ilusión de que estamos a puertas del desarrollo, pero no es así. El especialista fundamenta que tenemos que abrir más nuestra economía, exportar más y captar más capitales. Hay países que nos sobrepasan, como el caso de Singapur. El Perú puede crecer más, mucho más pero se requiere de no caer en alternativas que han muerto hace mucho tiempo; que los mitos y las leyendas en economía solo sirven para no tropezar con la misma piedra.

Hace poco el presidente Humala expresó que lanzará un plan nacional de industrialización. ¿Realmente la industrialización es la vía principal para el desarrollo o es absolutamente falso?

Es tremendamente falso, para decirlo en buen español. Muchos países en los últimos cincuenta años han despegado abriendo sus economías, captando inversiones mucho mayores que la nuestra, defendiendo su estabilidad y educando a su población. Pero la receta de generar una industria naciente y que será el motor de la economía para nuestro desarrollo es una apuesta que quedó en la mente de una recua de economistas sudamericanos, particularmente ineptos, responsables del fracaso económico de la región y de algunos países del África.

¿Y qué estimula al presidente Humala a entusiasmarse con el tema de la industrialización como motor de cambio en la economía?

Es muy simple, porque es muy simpático distribuir regalos. Y lamentablemente la visión sudamericana de lo que es la industrialización no es desarrollar la industria, sino implementar un conjunto de políticas que implican regalitos para determinados amigos en la industria manufacturera, y eso, como cualquier distribución de regalitos, es algo muy popular. Y los presidentes siempre ofertan, cuando pueden, cosas populares. No importa que nunca vayan a pasar porque a cualquier ciudadano de a pie le puede parecer una gran idea.

¿Pero qué rol cumple la industria en la economía si no representa un motor relevante para desarrollar el país?

El mundo ha cambiado, y hace cincuenta años la industria era un sector intensivo de mano de obra que movilizaba la economía, y hoy es un sector más. En la economía del Perú, la industria es la cuarta parte del sector de producción en relación con otros servicios. Es la mitad del sector comercio. Eso quiere decir también que si la industria de hoy es moderna, intensiva en capital, provista de alta tecnología y con gente muy bien educada, no proporciona empleo como antes. Sobre todo no da empleo a gente no educada porque requiere técnicos. Y nuestra población económicamente activa [PEA], lamentablemente, está conformada por gente no educada que no ha tenido, no tiene y, previsiblemente, si no hacemos algo, no tendrá empleo adecuado nunca. Por eso existen muchos mitos acerca de la industrialización.

¿Y hacia dónde apunta la perspectiva de la industria peruana?

Mira, yo le regalo a tres señorones créditos subsidiados, exoneraciones tributarias y otras cosas, pero lo único que generaré es una industria anquilosada. Además, la industria peruana actual tiene mucho de moderna y se ha desarrollado en condiciones mucho más cercanas al mercado en vez de la industria que tuvimos en la corrupta época de la dictadura velasquista. Sin embargo, nuestra industria hoy tiene mucho para desarrollarse como cualquier otro sector. Por eso mismo no debe haber política industrial; eso es un negocio entre el Estado y los privados, que es la definición usual de mercantilismo. El mercantilismo nunca genera desarrollo.

Frente a este escenario de análisis, el presidente debería reflexionar porque los riesgos económicos son considerables.

¿Por qué el presidente abraza esta teoría? Sus asesores no deben ser tan buenos en materia económica. Y dice un viejo refrán que un gobernante de primera con asesores de segunda es un gobernante de quinta.

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Pero el ministro de Economía, Miguel Castilla, es alguien muy bien considerado en el ámbito empresarial. ¿Qué debe pasar por su mente frente a este tema que se asoma como controversial?

Yo normalmente califico a los ministros de Economía cuando dejan de serlo. Hasta el último momento doy la esperanza de que reculen y muestren lucidez. Pero no veo al ministro Castilla defendiendo la industrialización: rollo de una chica muy simpática que es ministra de la Producción y que tiene una visión con poca evidencia empírica a su favor.

En ese sentido, ¿cuál sería el camino idóneo para impulsar al país hacia un desarrollo sostenible?

Se dice mucho de que no hay recetas para el desarrollo; tal vez no las haya pero sí ideas muy claras. Países como Singapur, por ejemplo, abrieron su economía diez veces más que nosotros, exportan diez veces más que nosotros, no tienen recursos naturales pero sí estabilidad macroeconómica y captan mucha más inversión extranjera que nosotros. Es decir, desarrollan un círculo virtuoso entre la exportación y la inversión privada. De esa manera crecen, y es una inversión muy considerable que proviene de muchos lugares. Y en ese escenario, cuando dispones de capitales tan grandes, las banderas solo las sacas para los partidos de fútbol. Esa es una inversión que llega a países atractivos.

«Soy de los que piensa que la diferencia entre el desarrollo y el crecimiento económico alto por décadas no existe. Se debe tratar de crecer a un ritmo alto, y el Perú puede. En ese sentido veo el vaso medio lleno. ¿Tengo esperanza en la actual administración? Pues no»

Lamentablemente casos como el de Conga pueden afectar la aspiración de captar mucha más inversión. Lo paradójico es que el presidente Humala lo ha relativizado.

Conga es un ejemplo de un inversionista extranjero que confió en el Perú y acaba de reducir una planilla de casi cuatro mil ejecutivos a solo quinientos gracias a los costos que han implicado confiar en nuestro país, donde el ordenamiento legal no funciona. Sin embargo, el presidente Humala dice que eso es irrelevante para el Perú, pero no fue irrelevante para quien confió en el país. En efecto ha espantado a muchos que han querido invertir, y eso le ha hecho un enorme daño al Perú. El caso de Conga tiene cualquier cosa menos de irrelevante. Es una lección que los peruanos debemos aprender si algún día queremos dejar de ser otro país sudamericano en zona de perdedores económicamente.

Es un tema relevante, pero extraña esa actitud presidencial…

No solo es sumamente relevante, sino que también responde a la preocupación esencial de la entrevista: ¿Qué debe hacer el Perú para desarrollarse? El Perú debe exportar cualquier cosa, todo: bienes, servicios, productos agrícolas, productos industriales, etc. Pero tenemos una realidad muy concreta: el grueso de nuestra fuerza laboral es gente no empleable. Le entregamos la educación pública al gobierno y este se la entregó a un sindicato maoísta. Y nuestra posición relativa no es el último examen Pisa, sino los últimos veinte años de exámenes Pisa. Y hoy la educación matemática es predictora de éxito en cualquier área académica. Así que no nos engañemos y no echemos la culpa a Pisa o a la noche. Nos hemos estado gobernando muy mal, y, a pesar del crecimiento de la última década, apenas tenemos el décimo de un producto de un país rico.

Su percepción acerca de la economía peruana todavía evidencia ciertos filones escépticos. ¿Realmente dónde estamos parados?

El Perú tiene una economía muy pequeña; pero si se gobierna bien, puede crecer mucho más de lo que lo ha hecho en la última década durante las próximas tres décadas. Soy de los que piensa que la diferencia entre el desarrollo y el crecimiento económico alto por décadas no existe. Se debe tratar de crecer a un ritmo alto, y el Perú puede. En ese sentido veo el vaso medio lleno. Ahora, ¿si tengo esperanza en la actual administración? La respuesta es no. Creen en industrialización, repotencian empresas públicas y no les tengo mucha admiración a pesar de la presencia de mucha gente valiosa.

En relación con la crisis europea, varios piensan que nos estamos equilibrando. Se están produciendo visiones distorsionadas.

Cuando los peruanos hablamos de la crisis española o italiana, nos enjuagamos la boca con muchas equivocaciones. Cuidado, el producto por habitante de un peruano o brasileño no llega a ser un sexto o un quinto del de un español. Nos llevan años luz, son increíblemente más ricos, y su perfil de largo plazo –ojalá me equivoque– es mejor que el nuestro. Entonces ¿de qué estamos hablando? Ellos están en una posición de países desarrollados en nivel de entrada. Nosotros estamos lejos de eso. Solo el buen Gastón Acurio cree que en el 2021 seremos un país desarrollado.