Mario Bellatin

Cómo publicar cien mil libros antes de morirse

Escribe: Rafael Robles Olivos
La primera vez que usó una computadora para escribir ya tenía tres novelas publicadas. Tres décadas después, Mario Bellatin es considerado uno de los autores más interesantes de América Latina. Se jacta de ser un «detractor» de la comida peruana (en broma, no se asusten) y no quiere morir sin antes ver una décima de millón de libros con su nombre. Para lograrlo, el peruano (que en realidad es mexicano) tendrá que batallar contra un vicio que cada día le quita más tiempo para dedicarse a la escritura: el temible Facebook.

Hemos quedado en conversar por Skype. Para alguien que ha crecido viendo fotografías de Mario Bellatin, hombre misterioso y orgulloso de la prótesis en su brazo derecho, hablar con él, incluso virtualmente, puede llegar a ser intimidante. Mientras nuestras computadoras se conectan –la suya en México DF, la mía en Lima– pienso en algunas de sus novelas emblemáticas: Salón de belleza, Canon perpetuo, Flores, Perros héroes y Los fantasmas del masajista, entre otros títulos que lo han ubicado en un lugar privilegiado dentro de la narrativa latinoamericana de los últimos veinte años. Una vez que su imagen aparece en la pantalla y nos damos los saludos de rigor, una persona totalmente diferente a la de sus libros empieza a develarse. Dicen que los escritores son otras personas cuando están escribiendo. Mario Bellatín, por suerte, no parece ser la excepción.

¿Estaría bien si empiezo preguntándote si eres peruano o mexicano, o estás harto que te pregunten siempre lo mismo?

[Risas] Soy peruano para los peruanos y mexicano para los mexicanos.

Pero los peruanos te reclamamos como nuestro muchas veces, sobre todo en antologías.

Mientras los peruanos quieran que sea peruano y los mexicanos que sea mexicano, está bien todo. Si fuera al revés, ahí empezaría el verdadero problema. Oye, pero yo no puedo verte. ¿Tú me ves?

Yo sí te veo. A ver… ¿Ahora me ves?

Sí, ahora sí. Parece que fue un error de conexión. Ya. Te estaba diciendo que como nací y vivo aquí hace tantos años, creo que cada vez estoy más involucrado con lo mexicano. Eso no quiere decir que haya olvidado los años que viví en el Perú. Sigo siempre de cerca los horrores de ambos países. Aunque parece que ahora pasa algo bueno en Perú, ¿no?

Así parece. ¿Tú también te vuelves loco por la comida peruana?

Siempre que alguien va a Perú le pido que diga que le gustó todo, menos la comida. Me divierte que me cuenten la reacción histérica de los peruanos cuando se meten con su comida. Decimos que la gastronomía peruana es una de las mejores del mundo. No dudo que sea cierto, pero recuerda que de niños nos decían que nuestro himno nacional era el segundo mejor del mundo, detrás de La Marsellesa. No entiendo cómo es eso posible porque nunca se ha hecho un concurso de himnos ni nada para demostrarlo.

Eso es verdad. No hay cómo comprobarlo.

¿A ti también te dijeron eso? Es como un mito urbano. Lo curioso es que aquí en México a los niños también les dicen lo mismo de su himno.

Vi que en una entrevista de hace unos años aseguraste que no querías tener Facebook. Ahora tienes una cuenta que actualizas seguido y nos estamos comunicando por Skype. ¿Cómo te va con la tecnología?

El Facebook me quita mucho tiempo. Es un vicio que cada día me envuelve más. La cantidad de horas que paso en el Facebook es vergonzosa. Sobre tu pregunta, te cuento que estoy dando conferencias vía internet, pero todavía se me hace un poco difícil hablar con varias personas a través de una pantalla. Uno ya no tiene escapatoria a la tecnología. La parte buena es que pasar de una máquina de escribir a una computadora fue un cambio fantástico. Yo recién tuve mi primera computadora a los veinticuatro años. Ya había publicado tres novelas.