Maretazos a la vista

Piero Ghezzi

Escribe: Manuel Eráusquin / Fotos : César Campos
Los oleajes de las distintas crisis internacionales no han sido tan amenazantes para el barco de la economía peruana en los últimos años: los capitanes de turno han sorteado estos inconvenientes con absoluta tranquilidad. El economista Piero Ghezzi, coautor del libro QUÉ SE PUEDE HACER CON EL PERÚ. IDEAS PARA SOSTENER EL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN EL LARGO PLAZO, está de acuerdo con esta visión pero cree que es necesario fortalecer el liderazgo del Estado y las áreas como la educación y la salud. Lo contrario sería arriesgarse a un naufragio que ahogaría nuestro viaje hacia una prosperidad duradera.
entrevista1 (2)

Los amplios ventanales de su estudio permiten que la luz invada todo el espacio y no exista posibilidad para las penumbras. Piero Ghezzi habla con franqueza y lucidez. Bachiller de Economía de la Universidad del Pacífico, estudió también en la Universidad de California en Berkely, donde obtuvo una maestría. Trabajó como director de Barclay en Londres, la principal compañía en servicios financieros del mundo, y ha vivido más de veinte años fuera del país. Ahora, en el Perú, piensa que hay varios aspectos que el Estado tiene que modificarse rápido en la política económica. No hay otra salida para evitar sobresaltos a futuro, dice. Y realmente nadie los quiere.

En el libro que ha escrito con su colega José Gallardo, QUÉ SE PUEDE HACER CON EL PERÚ. IDEAS PARA SOSTENER EL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN EL LARGO PLAZO [Universidad del Pacífico/Fondo Editorial de la PUCP, 2013], la conclusión es tan clara como el agua: si el Estado no se preocupa por dar calidad a los servicios públicos, como la educación, la salud y el transporte, creer que mantendremos nuestro feliz viaje al desarrollo se puede detener de manera súbita a mediano o largo plazo. Ghezzi conoce las diversas razones por las cuales es importante que el Estado asuma un liderazgo en estos temas, pues ningún país del mundo ha alcanzado el éxito con un Estado débil. Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Todos ellos son fuertes desde sus gobiernos. De pronto, surge la pregunta: ¿Seremos capaces de entender eso a tiempo?

Ustedes advierten en el libro que si no empezamos a hacer ciertos cambios en el modelo económico, no habrá sostenibilidad.

Sí, es el riesgo de vivir una experiencia que hemos transitado muchas veces. Pero en el Perú existen posiciones un poco extremas frente a la realidad económica. Una que sostiene que todo está muy bien y que el modelo actual está funcionando. Que solo hay que darle tiempo para que vaya resolviendo los problemas residuales que existen en el país, como la educación y la inclusión social. Otra vertiente posee una visión negativa, y expresa que estamos experimentando otro boom de recursos naturales y que ha terminado con la caída de los precios de las materias primas, situación que nos haría regresar a épocas muy difíciles.

¿Y dónde se encontraría la verdad de nuestra realidad económica?

Me parece que se encuentra más al medio. Por un lado, el Perú ha llevado a cabo grandes transformaciones en su economía. Por ejemplo, las reformas económicas estructurales de los noventa han sido muy buenas para generar ciertas bases de crecimiento, pero después de veinte años existen algunas variables rezagadas, sobre todo en temas de productividad, empleo, distribución de ingresos y en acceso a oportunidades, como la educación. En esos indicadores estamos muy atrasados, especialmente en educación, ya que permanecemos en la cola de una región que está muy mal en el mundo. Lamentablemente, esas variables, que nos mantienen rezagados, son las que importan más a largo plazo.

«Cuando nos digan que no toquemos el modelo económico hay que tocarlo, hay que hacer ajustes moderados sin arriesgar lo ganado; pero no nos podemos quedar sin hacer nada. El modelo no está mejorando la educación»

Parece que hubiera una sensación de complacencia, nadie quiere tocar el modelo.

El sentimiento de complacencia, que ha sido predominante en la clase dirigente, es algo que no nos permitirá hacer los cambios o ajustes necesarios al modelo para evitar un eventual estancamiento. Se tiene que entender que no hay país en el mundo que se haya desarrollado con un Estado débil e ineficiente como el peruano. Existe la idea equivocada en el sector privado que mejor trabajan solos, cuando en realidad el Estado tiene que trabajar junto con ellos. El sector privado solo no va a llevará al país al desarrollo. El Estado tiene que liderar el camino.

¿Qué atributos debe tener este Estado fuerte dentro de la visión de ustedes?

Lo que tendría que hacer el Estado es liderar al sector privado y también ingresar a la batalla de las ideas. Demostrar que se requiere una burocracia más calificada que pueda producir políticas sustantivas. Pero en el país ha sucedido todo lo contrario: en los últimos siete años el Estado se ha debilitado. Incluso en el sector de economía, en el que ha estado mejor en los últimos tiempos.
Eso significa que la capacidad de hacer políticas públicas ha disminuido y uno o dos ministros no pueden hacer la diferencia. A eso hay que sumarle uno de los errores más importantes del segundo gobierno de Alan García, que redujo sustancialmente los salarios en el sector público, lo que ocasionó que se fuera perdiendo paulatinamente al personal calificado.

El solo hecho de insinuar un cambio en el modelo económico genera pánico, situación que no ayuda a ver la dimensión real de las cosas.

Lo importante es tener en claro que es fundamental mantener ciertos principios económicos, como solidez macroeconómica, un sistema de incentivos que favorezca la dinámica del sector privado y el respeto a las instituciones. Cualquier país que haya alcanzado el desarrollo económico a largo plazo ha respetado estos principios. Sin embargo, cada país debe ajustar su modelo según su realidad y conforme a los cambios que se puedan presentar. Y cuando alguien diga que no toquemos el modelo hay que tocarlo, hay que hacer ajustes moderados sin arriesgar lo ganado; pero no nos podemos quedar sin hacer nada. Después de veinte años sabemos qué nos dio el modelo y qué no. El modelo no está mejorando la educación ni está fortaleciendo la institucionalidad. Eso se tiene que asumir.

La educación es la gran deuda pendiente en el Perú.

El caso de la educación es muy emblemático; se destrabó y miren adónde nos ha llevado esta política de libre mercado absoluto, que nos ha conducido a un montón de problemas que no se pueden solucionar. No es posible y no existe un caso en el mundo donde solo el sector privado dé un vuelco al problema de la educación. Nosotros pedimos que se fortalezca la burocracia en los ministerios como el de Educación, para empezar a generar un diagnóstico que nos indique dónde estamos parados en cuanto a nuestra política educativa y hacia dónde dirigirla. Hoy, lamentablemente, no tenemos ni el diagnóstico.

entrevista2 (2)

¿Cómo piensan los gobiernos que no asumen estos cambios que garantizan la sostenibilidad?

No creo que los gobiernos en el Perú hayan escuchado lo suficiente; me parece que los sectores más influyentes, con mayores accesos, tienden a pensar que los riesgos de hacer ajustes al modelo son muy grandes y que lo mejor es mantener el status quo. El problema está en que los gobiernos tienen miedo o que no hay el total entendimiento de las restricciones y los problemas que enfrentaríamos a largo plazo. Tal vez haya decisiones más tácticas y menos estratégicas. O, tal vez, no piensan a mediano y largo plazo. Recuerden que la historia del Perú está llena de esfuerzos fallidos.

Los servicios públicos es otro de los aspectos débiles de nuestro modelo. ¿Qué visión tienen ustedes de su importancia?

El no tener acceso a servicios públicos de calidad, como salud, educación o infraestructura, nos da todavía la mala sensación de bienestar. Eso ocurre en el Perú. Por ejemplo, si alguien gana seiscientos soles y le aumentan a ochocientos, pero se encuentra con una mala educación para sus hijos, pésima atención en los hospitales que se lucen con inmensas colas, o sufren con un transporte público nefasto, la gente no se va a sentir tan bien. El bienestar de una persona es mucha más que la parte monetaria, es algo más multidimensional.

¿Cómo evalúas las gestiones de Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García y del presidente Ollanta Humala en cuanto a sus visiones económicas?

El gobierno de Fujimori hizo las reformas estructurales económicas más importantes, en un contexto en el que el país había quedado destruido. Sin embargo, el mayor error estuvo en los temas de corrupción y la destrucción de la institucionalidad. Con Toledo se fortaleció la burocracia en algunas áreas, pero no hubo una visión de liderazgo por parte del Estado. Lo más positivo de García en su segundo gobierno fue el fomento de la inversión, y lo negativo pasó por haber tenido una lectura muy sesgada de la realidad nacional: a diferencia de muchos, que fue un gobierno mediocre en el sentido de desperdiciar cinco años y no sentar las bases para una mayor proyección del Perú. Con Humala lo positivo se expresa en haber llevado más al centro la política económica y relanzar la política social, pero estos aspectos distan mucho de lo que se necesita para conducir al país al desarrollo. Se tienen que sentar las bases para los próximos veinticinco años y el gobierno no tiene una visión alternativa. Todavía tiene tiempo para ofrecerla.