Los derechos humanos en el diván

Escribe: Manuel Erausquin / Fotos: Kami Velvet
La polémica que existe en relación con la Comisión de la Verdad y Reconciliación [CVR] continúa. El periodista Juan Carlos Tafur analiza las razones de este debate que enfrenta a la derecha y a la izquierda peruana, a propósito del recién desactivado subgrupo de derechos humanos de la Comisión de Justicia del Congreso, que iba a coordinar la fujimorista Martha Chávez, controvertida elección neutralizada por las enérgicas protestas de la opinión pública.
tafur

Psicólogo de formación académica, Juan Carlos Tafur se define en términos políticos como liberal y periodista que nunca ha tenido miedo de opinar a contracorriente. Se encargó de la dirección del diario Correo cuando se relanzó a fines del 2000 y lo convirtió en un importante referente periodístico. Ha dirigido también La Primera, Diario 16, la revista Velaverde, y ahora empezará una nueva aventura con un periódico y un semanario de actualidad. A cada uno de los proyectos periodísticos que ha emprendido siempre ha procurado darle un sello de pluralidad. Columnistas de diversas procedencias políticas han escrito sin ningún tipo de censura: apristas, izquierdistas o derechistas. Sin embargo, las opiniones de Tafur resultan singulares y osadas. El caso de Martha Chávez lo demuestra cuando explica que a esta no le preocupa, sino la derecha que se encuentra detrás de ella. Una derecha ultraconservadora que no se desembaraza del fujimorismo y que prefiere la amnesia sobre los años de la violencia política que azotaron el país. Pensamiento que comparten muchos y que explicaría gran parte del rechazo de este sector al informe de la CVR. Juan Carlos Tafur coloca en la balanza los argumentos de esta derecha y los de la izquierda. Cada una con errores que deben asumir si desean algún tipo de proyección con cierto protagonismo. Pero el diagnóstico final del periodista dispara directo al corazón: que paradójicamente esta derecha fujimorizada replica las maneras y formas políticas de una izquierda que murió hace mucho tiempo.

Suscitó polémica la elección de Martha Chávez como coordinadora de un subgrupo de derechos humanos de la Comisión de Justicia del Congreso, que al final fue desactivado. ¿Cómo define el discurso político de Chávez más allá de los detractores?

Es un discurso del pasado. Ella representa una posición ultraconservadora que ha hecho de los derechos humanos una bandera a arriar. Antes era diferente; en los ochenta, la bandera de los derechos humanos la izaba la derecha en contra de esos regímenes totalitarios comunistas defendidos por la izquierda, como Cuba y la Unión Soviética. Ella consideraba que en esos países se estaban afectando las libertades individuales; no sé en qué momento de la historia eso se trastocó. Ahora la derecha defiende una visión relativa de los derechos humanos. La izquierda, en tanto, la convirtió en una de sus principales banderas. Así, de esta forma, la derecha abdica de esta tradición histórica.

¿Por qué cree que la derecha renunció a estos principios?

La derecha renunció a esta visión libertaria, y expresó este punto absolutamente conservador y radical, por la preeminencia de dictaduras militares en América Latina. Martha Chávez es una genuina representante de ese discurso político. Pero sí debemos reconocer que, al margen de su postura, Chávez expresa claramente un punto de vista bastante importante en el Perú. Incluso me atrevería a decir que la mayoría comparte su criterio. Por ejemplo: creer que los derechos humanos no son universales y que existen atenuantes para su violación.

Un escenario político bastante complicado, ¿no cree?

En mi época universitaria había un movimiento de derecha integrado por liberales, gente del PPC y de Acción Popular. Pero también estaban los que nosotros denominábamos fachos, quienes tenían una forma graciosa de sustentar su discurso: «Yo sí creo en los derechos humanos, pero hay que distinguir quiénes son humanos y quiénes no». Con esto expresaban que había quienes no tenían derechos para defender. La derecha debió ser el baluarte del liberalismo en el Perú, pero es copada por lo que he denominado la derecha bruta y achorada, una especie de tea party criollo, que hace del conservadurismo moral, del autoritarismo político y del mercantilismo económico sus banderas y programa esencial en términos ideológicos. En ese sentido, a mí no me preocupa Martha Chávez, sino esa clase dizque dirigente que lamentablemente hace suyo ese discurso.

¿Ni siquiera en la llamada clase media emergente encuentra una visión liberal de la derecha en la sociedad?

No, ni siquiera allí veo un bastión de esta visión liberal de la sociedad. Por el contrario, es una minoría. Pero en buena hora. Al liberalismo le hace bien pasar a ser minoría y recuperar los bríos que tuvo en los ochenta, en que apareció en la escena política y académica del Perú, cuando se enfrentó a los populismos y a las tradiciones autoritarias de la izquierda. Espero que esto se repita.

¿A partir de cuándo esta derecha se radicaliza?

Pienso que ellos sienten haber sido abusados ideológicamente por Velasco, e incluso por Alan García en su primer gobierno. Sienten que fueron abusados a nivel político y que no reaccionaron. En consecuencia, ahora no permitirán que esto ocurra. No encuentro otras razones. Estas leyendas de que Velasco les quitó todo y que nadie salió a las calles o que nadie los defendió determinan su actitud. Asumen que no deben permitir que algo así se repita. Están traumados. Ellos necesitan de una especie de psicoanálisis político y librarse de la influencia del fujimorismo.

tafur2

Pero varios justifican todavía al fujimorismo.

Si aún se quiere decir que ese fue el precio que se tenía que pagar, nunca más se debe pagar. Ya no es necesario; hoy el fujimorismo es un discurso sin sentido, no tiene ni validez ni vigencia. Esto al margen de que crea que no es prudente condenarlos a cadena perpetua en términos políticos.

¿Qué evaluación tiene de la CVR –que ha motivado la polémica nuevamente por los comentarios despectivos de Martha Chávez– y del informe que ha cumplido diez años de haberse presentado?

El informe de la CVR, en la parte documentaria, es correcto. Los que han interpelado el informe saben que en ese sentido no hay nada que hacer. Y si hubiese alguna objeción al manejo estadístico de las cifras de desaparecidos, lejos de ser un argumento a favor para la derecha que lo critica, debería ser en contra. Sucede que las mayores críticas a ese aspecto del informe provienen de sectores de izquierda, que señalan que se falsearon las cifras para favorecer a las Fuerzas Armadas y que distorsionaron lo que para ellos había antes del conteo: que la mayoría de desaparecidos habían sido responsabilidad de las Fuerzas Armadas. Entonces, para evitar el costo político, se dice que esto fue distorsionado.

Otro aspecto que se convirtió en argumento para interpelar a la CVR fue el origen de su conformación. ¿Qué percepción tienes de ello?

Su pecado de origen fueron las condiciones de su conformación; no debió ser a dedo y no debió significar ninguna reivindicación para la izquierda, que no la merecía; todo lo contrario. Ellos debieron estar en el banquillo de los acusados a la hora de juzgar a Sendero Luminoso, mucho más que la derecha. Pero salieron indemnes. Se convirtieron en jueces, en lugar de haber sido juzgados. Pero eso no descalifica el producto final, que –como suele ocurrir en estos trabajos colectivos– termina decantado por obra y gracia de la realidad. La realidad no puede ser distorsionada al extremo de generar una mentira, y, en ese sentido, sí creo que el informe de la CVR recoge lo que ocurrió. Se tendría que ser muy desavisado o ignorante para decir que el informe favorece a Sendero Luminoso.

Pero justo es ese uno de los argumentos más utilizados por sus detractores.

Ellos creen en la política de la amnesia, creen que eso al Perú le conviene. Y –te digo– estoy seguro de que son genuinos. No creo que sean sinvergüenzas extremos que lo único que quieren es usar este ataque para desbaratar a la izquierda, cuando la izquierda hoy no existe. Es una ficción, y no hay enemigo a quien destruir. Por eso no creo que ese sea el cálculo que está detrás de los enemigos de la CVR, sino la creencia genuina de que un conflicto de esa naturaleza debe conducirse a un estado de amnesia por el bien del país.

Con esto se puede evidenciar un miedo a querer verse, a querer aceptar que el Estado estuvo ausente por mucho tiempo.

Y, lo que es terrible, los dos únicos intentos por tratar de hacer una pesquisa histórica de esa magnitud fueron Uchuraccay y el informe de la CVR. Sin embargo, ambos fueron blancos de estrategias de demolición: en un caso de la izquierda y en otro de la derecha. El informe de Uchuraccay fue demolido por la izquierda mediática y académica de entonces. No solo porque odiaban a Mario Vargas Llosa, sino también porque había una realidad que no querían que se viese y porque no calzaba con sus prejuicios ideológicos. Hoy le toca a la derecha ocupar ese papel, y hasta en eso la derecha, lamentablemente, replica las formas políticas de una izquierda que está muerta. Creo que esto es un anticipo de lo que le sucederá a esta derecha. Ojalá sea así.