La otra cara de la moneda

El aporte de Patricia Teullet

Escribe: Elena Vallejo / Foto: Sergio Zúñiga
La ex viceministra de economía, Patricia Teullet, se graduó como economista de la Universidad del Pacífico como la número dos en su promoción. Su juventud y capacidad para los números hizo que, a los veintiún años, aquella muchacha delgada y de gran sonrisa pudiese escoger el trabajo que ella quisiese. Y optó por el sector público. Ahora trata de combatir la crisis educativa desde otro frente.
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Desde el departamento de Patricia Teullet, la vista hacia el mar de Miraflores impresiona hasta a la misma dueña. «Este es mi lugar preferido para leer», explica la economista, señalando un mueble marrón que mira hacia el ventanal. Al costado, Christopher Hitchens sobrevive en el hogar de Teullet con su obra Arguably Essays. «Hitchens nunca tuvo miedo a ver examinar lo negativo», explica Teullet. «Él pudo ver el potencial entre todo lo que andaba mal». Algo parecido sucede con la economista: una mujer que vio en las deficiencias del Perú, una oportunidad para mejorar la calidad de vida de muchas personas.

Actualmente trabaja en Aporta. ¿Nos podría contar un poco acerca de esta institución?
Aporta es una ONG creado por el grupo empresarial Eureka que trabaja temas de responsabilidad social. El enfoque está en trabajar en todos los temas de responsabilidad social, eso involucra temas de salud y nutrición, educación y cultura, y desarrollo sostenible. Cada empresa tiene su fortaleza, identifica su público de interés. La forma de hacer negocios en el Perú ha cambiado: las empresas saben que para valer más no es suficiente ganar mucho ni ganar dinero en el corto plazo. Si una empresa quiere permanecer en el tiempo, tiene que tener una buena relación con la comunidad donde opera, una buena relación con sus clientes, con sus proveedores. Si le sumas a eso que una empresa vale más en un entorno amigable, con un país que está creciendo, uno entiende fácilmente el beneficio que pueda traerle a las empresas en general el tener un país sin conflictos sociales, sin violencia, seguro y con personas educadas.

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¿Cuáles son los proyectos en los que trabaja con Aporta actualmente?
En este momento, esta ONG, que comenzó en 2011 y en la que trabajo desde mediados del 2012, está trabajando en temas de educación en la zona de Puno. Lo que hemos encontrado es que los niños no entienden nada de lo que están leyendo. Están muy por debajo del promedio nacional, el cual ya es bajo. Una de mis hipótesis era que es muy probable que quienes estuvieran en sexto grado no podrían completar las pruebas de los de segundo grado. Nos dijimos: para ver exactamente en dónde están por qué no comenzamos a ver si saben los de segundo grado. Entonces, con unos cuadernillos que hemos trabajado con León Trahtemberg, Roberto Lerner y Hugo Díaz, hicimos pruebas para que no solo trabajen en la escuela, sino en casa también. Nosotros no creemos en los castigos, solamente en los premios. Cuando el niño termina un determinado número de cuadernillos, le damos una pulserita primero. Cuando ha recibido cierto número de pulseras, se lo canjeamos por un premio más grande. Todos los niños aprenden pero a distinto ritmo y hay que ir a la velocidad en la que el niño puede aprender. Eso significa que si dos niños reciben el mismo cuadernillo, y uno lo termina en una semana y el otro lo termina en un mes, ambos reciben su pulsera. Lo único que hacemos es postergar el premio para el momento en que cumpla su meta.

¿Recuerda la primera vez que trabajó en un proyecto social?
Yo trabajé en 1993 con el Programa desayunos escolares de FONCODES. Fue el primer programa a nivel nacional de nutrición infantil. Hasta entonces, todos los proyectos habían sido en Lima. Aún había rezagos de terrorismo y el temor de ir al interior del país. Este proyecto fue el primero en ingresar a zonas alejadas y la metodología que se usó fue muy sencilla, el director del instituto de investigación nutricional, que fue el creador, me dijo: «mira, si llegan los cigarrillos y las cervezas, los alimentos llegan también. Averigua cómo llegan esas cosas y nosotros hacemos lo mismo» ¿Cómo llegaban? La misma empresa privada los llevaba, entregaba y cobraba. Repetimos el mecanismo: la empresa privada llevaba los alimentos, se los entregaba a la población y ellos firmaban un papel que decía «he recibido tal cosa, autorizo a que se pague a la empresa tal la siguiente cantidad». Así pudimos alimentar, en esa época, hasta 600 mil niños diariamente.

Usted trabajó en el sector privado, pero siempre regresó al sector público.
Sí. Estuve en el Ministerio de la Presidencia, en COFIDE donde trabajé tres veces, ministerio de economía y luego entré a COMEX Perú viendo la problemática del tema desde el punto de vista empresarial. Me tocó entrar a COFIDE, el área financiera internacional, tuve que negociar contratos por fax y no entendía lo que pasaba. Además, me tocó participar en la renegociación de la deuda externa del Perú, en 1983. Uno de los primeros temas era averiguar exactamente cuánto y a quién le debía el Perú. Tocaba crecer rápido y afrontar.

¿Y por qué siempre regresa al sector público?
Porque trabajando en el sector público haces la diferencia, es difícil de explicar: te pagan mal, trabajas más de ocho horas, te peleas con todo el mundo, especialmente con congresistas. Pero sientes que puedes hacer el cambio. Sabes que cuando haces bien algo, el impacto será mucho mayor. Es motivador.

¿Cómo ve hoy la economía en el país?
Cuando veo que la deuda del Perú está en niveles bajísimos en comparación a mis épocas, me doy cuenta de lo mucho que ha avanzado el Perú. En el 2003 vino un organismo internacional para advertirnos por la deuda. Hoy nos damos el lujo de haber reducido la cifra y estar en grado de inversión. Afortunadamente, la pobreza en el Perú está cayendo así que hay que enfocarse en la gente joven que le tocará competir con gente muy preparada en todo el mundo.

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¿Cómo decidió dedicarse a los números, siendo una persona que disfruta tanto las letras?
A mí me encantaba estudiar economía. De pequeña pensaba en cualquier cosa y no sentía inclinación por las cosas que hoy me gustan. Me gustaban los números y leer mucho. Y economía requiere ambas cosas. Hay un libro de Milán Kundera que es imprescindible para mí, se llama Inmortalidad. Tiene historia o frases que te golpean, es una suerte de novela con reflexiones. Te simula un diálogo entre Hemingway o Goethe o te saca cosas como «el matrimonio que se realiza frente al altar y el altar significa sacrificio». Ese descifrar, es lo mismo que se hace en la economía: descifrar, filosofar, solo que en mi carrera yo tengo la oportunidad también de solucionar.

Ahora trabaja en el sector privado. ¿Cómo le ha ido hasta ahora?
Antes, los proyectos sociales eran escasos en el sector privado, entonces, el sector público era la única opción para hacer la diferencia. Ahora lo puedo hacer desde el sector privado, y me encanta. Especialmente en este proyecto; tenemos libertad para tomar decisiones como pintar algunas calles de Urubamba para mejorarla visualmente, y atraer turistas de esta manera. Nos apoyan las ONGs, las autoridades locales y regionales y la empresa privada que pertenecen a Eureka. Quien más se beneficia con esto son las propias empresas, si ellos están pintando la ciudad, la gente va a recordar que lo hizo y que su pintura es buena y lo van a comprar.

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