El valor de ser responsables

Por Manuel Eráusquin / Fotos de Santiago Barco
Muchas empresas han visto caer sus proyectos como castillos de naipes por una mala relación con la comunidad. Carolina Rouillon, gerente de la Asociación Sodexo por el Desarrollo Sostenible, propone emprendimientos corporativos que generen confianza, empleo y promuevan la buena nutrición en lugares de extrema necesidad donde muchas empresas, como las mineras, operan.
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Las nuevas oficinas de Sodexo, ubicadas en las torres del Centro Comercial La Rambla, en San Borja, lucen impecables y albergan no solo a empleados, sino también a profesionales dedicados a generar una mejor calidad de vida. Esta transnacional posee 380 mil colaboradores en 80 países, que implementan para sus clientes proyectos que contribuyen al desarrollo económico, social y medioambiental de las comunidades en las que trabajan, sobre todo las ubicadas en lugares de difícil acceso. Para Carolina Rouillon, gerente de la Asociación Sodexo por el Desarrollo Sostenible, el primer paso para lograrlo es conseguir la confianza de la comunidad y establecer un diálogo continuo, una lección que hace tiempo el Estado debió aprender. En el Perú se han conseguido resultados muy alentadores en comunidades donde la empresa minera trabaja con responsabilidad y transparencia. «Así han hecho y siguen haciendo negocios», explica Rouillon. Las comunidades han empezado a creer en las empresas responsables, también llamadas ‘buenos ciuda-danos corporativos’.

¿Qué es un buen ciudadano corporativo? ¿Por qué es importante serlo?

Desde que Sodexo fue creado en 1966, su fundador, Jean Pierre Bellon, tuvo la visión del buen ciudadano corporativo. Esta mirada está enfocada en la relación que tienen las empresas con el entorno, con los lugares en los que labora. Es decir, las comunidades locales. Se trabaja con ellas para fortalecer el desarrollo económico, social y ambiental. Esta visión integral se practica en los ochenta países donde tiene presencia, incluido el Perú. Además forma parte de nuestra hoja de ruta hacia el futuro que tiene por nombre The Better Tomorrow Plan, un enfoque de trabajo dedicado a las áreas de nutrición, salud y bienestar. También están presentes los temas de medio ambiente y el apoyo a las comunidades.

Mejorar la calidad de vida de las comunidades es uno de sus objetivos. ¿Hasta qué punto The Better Tomorrow Plan permite lograrlo?

Este plan se estableció en el 2009 con compromisos de acción y con prioridades muy claras para todos nosotros. Cada uno de nuestros miembros en el país tiene el rol de impulsar esta motivación para que las comunidades del entorno y los grupos de interés –nuestros clientes, consumidores y proveedores– vivan mejor. Para esto consideramos que tenemos un rol clave como empleadores, porque somos una de las empresas con mayor contratación de personas en el mundo. Nos preocupamos por la integridad de los negocios y la ética.

¿Cuáles son los proyectos más importantes en los que aplican todos estos criterios?

La Asociación Sodexo –que existe en el Perú desde el 2004– es el brazo derecho del desarrollo sostenible de Sodexo-Perú, que atiende a segmentos de lugares remotos con industria extractiva. En ese tipo de escenario, nosotros pusimos mucha atención al desarrollo de las comunidades locales, pues si la industria extractiva se halla principalmente en zonas rurales, nosotros buscamos que los ejes estratégicos estén orientados a solucionar problemas vinculados a la mal nutrición y a la pobreza.

Uno de sus objetivos sociales también es capacitar a personas que viven en zonas alejadas y convertirlas en mano de obra calificada. ¿Cómo orientan este proceso?

Uno de los objetivos más importantes que tenemos es lograr que se contraten a las personas que viven en la localidad donde se desarrollan los proyectos. Y esto es muy importante porque la realidad de nuestro país en las zonas rurales nos indica una ausencia de mano de obra calificada. En ese sentido, nuestro compromiso tanto con el cliente como con la sociedad es lograr que se contraten y que trabajen el mayor número de personas en nuestras operaciones. El recorrido de esta experiencia nos condujo a uno de nuestros principales proyectos dentro de nuestra perspectiva: el Centro de Formación Sodexo.

Estos centros de formación capacitan a los pobladores que desean un trabajo con mejores condiciones. ¿Cómo funcionan?

Los centros de Formación Sodexo son escuelas para personas de las comunidades que no han tenido la posibilidad de poseer un oficio. Muchas de estas personas, la mayoría de zonas rurales, no han culminado sus estudios escolares, es decir, solo saben leer y escribir, únicos requisitos para nosotros junto con las ganas de querer tener un empleo digno. En estos centros de formación, los ingresantes tienen dos opciones para aprender un oficio: auxiliares de cocina o auxiliares de hotelería. Creo que en este tipo de proyectos se encuentra nuestro mayor aporte en responsabilidad social: la formación de capital humano.

¿Cómo han evolucionado estas escuelas de formación?

Hemos tenido doce escuelas a lo largo del tiempo. Hay escuelas permanentes y también itinerantes. Todo esto depende de las alianzas estratégicas que tengamos con nuestros clientes. Por ejemplo, con Pluspetrol tenemos una escuela que funciona en el lote 8 y en el lote 1 AB, en Villa de Trompeteros, Loreto. La escuela está instalada en un colegio de la comunidad nativa y nuestros docentes, capacitados en cocina y administración hotelera, buscan preparar a estas personas en estos oficios. Estos especialistas ya tienen varios años trabajando con nosotros y van rotando en las diferentes escuelas que tenemos. Además, ellos también trabajan en los pequeños emprendimientos de la zona. Existen pequeños hoteles y restaurantes que requieren mejorar seguridad alimentaria o atención al cliente. Entonces ese mismo equipo técnico trabaja luego de clases en estos emprendimientos para ayudar a levantar el servicio turístico del lugar.

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Son socios estratégicos de mineras. ¿Por qué es importante para ellas trabajar con ustedes?

A estas empresas les interesa desarrollar una relación de confianza con las comunidades del entorno. A las mineras no les interesa cumplir el rol del Estado, sino que el Estado, la empresa y la comunidad trabajen juntos. Nuestro rol tiene una participación de aliados estratégicos e identificamos las necesidades que tienen que cubrirse. Por eso brindamos asistencia técnica en lo que sabemos hacer. Trabajamos también otro eje estratégico que para nosotros es crucial: promover la buena alimentación. Nos enfocamos en la nutrición y la gastronomía, además de escuelas saludables a través de biohuertos.

El ámbito de la comunidad es esencial. Nada se puede hacer sin él.

La empresa minera se dedica a la minería, pero tiene sus áreas de desarrollo sostenible porque necesita relacionarse con la comunidad, y usualmente busca a un socio estratégico experto en algún ámbito y que comparta una misma visión de desarrollo sostenible en el tiempo. Por eso dar un oficio a alguien es algo absolutamente sostenible, y trabajar en la nutrición y en la salud de los niños es hacer sostenible su futura educación, pues ellos podrán captar y asimilar toda la información que necesitan porque están bien nutridos. Además, de esta manera, luchamos contra la malnutrición, uno de los propósitos que tenemos a nivel mundial.

¿Cómo es que se debe trabajar con las comunidades para establecer buenos vínculos?

Si las empresas se acercan, no buscando nada pero sí ofreciendo información y capacitación, generarán una buena impresión, una buena vibración de parte de la comunidad. Y se va a entender que quien trabaja contigo se preocupa por ti, y esa es la esencia del tema, que exista una real preocupación por el entorno y por lograr transferir conocimientos para poder contratar a personas calificadas que obtengan un empleo digno. Y esto para nosotros es una inversión que persigue mejorar la calidad de vida.

Otro aspecto importante es el fortalecimiento de los productores locales.

Si nos ubicamos en las zonas rurales altas, donde la industria extractiva se encuentra habitualmente, dentro de la producción local se pueden hallar papas o algunas yerbas aromáticas, y no hay más. Y si nosotros somos la empresa que presta servicios de alimentación a la industria, orientamos a que se compre localmente, entonces formamos a estas comunidades para que luego se conviertan en vendedores nuestros. No solo nos dedicamos a formar personal con el objetivo de contratar, sino también para brindar la asistencia técnica y generar productos del lugar para que las compren nuestras operaciones o que se articule al mercado local.

La relación de las comunidades y las empresas mineras en el país es muy conflictiva. ¿Cómo ha sido su experiencia para enfrentar la desconfianza de las comunidades?

La nueva minería posee estándares distintos, cuyos equipos de relaciones comunitarias y desarrollo sostenible trabajan mucho en las estrategias de comunicación con los pobladores. Ese es uno de los pilares para establecer una relación exitosa. La comunicación debe ser abierta. Como línea de entrada realizamos un muestreo y un trabajo participativo previo. Así la comunidad selecciona qué se va a trabajar. La llave del éxito está en considerar el respeto, la transparencia, la confianza y el diálogo. Si estos cuatro conceptos están presentes, el trabajo empieza con muy buen pie.