El niño que jugaba a hacer películas brilla en París

Adrián Saba

Escribe: Tabata Fernández-Concha / Foto: AFP
El cineasta que ganó el premio a Mejor Director Joven del Festival Internacional de Cine de Palm Springs es peruano y apenas tiene veinticuatro años. Su ópera prima El Limpiador, explora la vida y la muerte, pero con una atmósfera donde las palabras casi siempre salen sobrando. Desde París y luego del estreno de su película en Lima, Adrián Saba mira su futuro con una sonrisa

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En medio de una epidemia misteriosa que está asolando Lima, uno de esos hombres que se encarga de limpiar los lugares donde ha muerto gente hace un descubrimiento contradictorio: encuentra un trozo de vida. Es un niño huérfano y sin familia al que termina acogiendo. Ambos –seres solitarios y parcos al hablar– inician una amistad entrañable: él nunca ha tenido un huésped; el pequeño solo pregunta acerca del significado de la muerte. Así se podría resumir la historia de El limpiador, la ópera prima de Adrián Saba, un joven de 24 años a quien no le parecen lejanos los días en que hacía «peliculitas» sobre sus juguetes o cuando se pasaba todo el día filmando a su familia y amigos con una cámara casera. Ese mismo chico que a los quince años ya sabía que sería director de cine ahora cosecha el reconocimiento de los ojos más exigentes del mundo: El Festival de San Sebastián, el más importante de habla hispana, le ha dado una mención honrosa en la categoría de jóvenes promesas del cine. Incluso, el Festival Internacional de Cine de Palm Springs lo proclamó ganador de la categoría Nuevas Voces/Nuevas Visiones. Todos los elogios tienen un único denominador: Adrián Saba ya no es una promesa del cine, sino una floreciente realidad.

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El limpiador se acaba de estrenar en Lima y Adrián sabe que ser un nativo digital le ha permito despegar en el mundo del cine que casi siempre es sinónimo de Hollywood. Es un joven que nunca levanta la voz en los rodajes y que ha encontrado un equilibrio entre producción y guión con su primer largometraje. Es una historia que requiere pocos actores y donde las palabras salen sobrando la mayoría de veces. Se filmó en apenas veintiún días, muy tranquilos pero con un trasfondo que atrapa al espectador por su autenticidad. No por nada los críticos han dicho que El Limpiador está –literalmente– limpia de lugares comunes propios del género. Mientras espera que su país aprecie su película en su real dimensión, Adrian está trabajando su próximo guión en la prestigiosa Residencia de la Cinefoundation del Festival de Cannes en París, una beca que cada año acoge a una docena de jóvenes directores de todo el mundo que están trabajando en un largometraje de ficción. El peruano estará allí durante más de cuatro meses, en un programa personalizado para la escritura de su guión. Adrián Saba admite sentirse como un niño en Disneylandia.

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A los quince años ya sabías que querías estudiar Cine; a los diecisiete estabas estudiando en la Hofstra University de Nueva York. ¿Alguna vez dudaste de tu decisión?
Sí. Por un tiempo me cuestioné mucho a mí mismo. A veces no sabía exactamente qué hacer con mi vida, pero todo se fue acomodando. De hecho, investigué sobre varias carreras hasta que me decidí por el Cine. Yo la veo como una perfecta unión de todas las artes. Una vez tomada la decisión deje de dudar y le di para adelante. Siempre he sido muy determinado.

¿Te imaginaste que todo sucedería tan rápido: los premios, los nuevos proyectos?
Jamás me imaginé que estaría donde estoy ahora, en todos los sentidos. Esto es con lo que todo aquel que estudia Cine sueña. Pero más allá de los premios o los festivales, siempre soñé con estar en la Residencia de la Cinefondation de Cannes, desde que me enteré que existía. Es más, dos cosas que amo y con las que siempre soñaba –escribir y vivir en París– ahora son realidad. Definitivamente es un sueño. Y definitivamente no puedo creerlo.

¿Qué significa para ti escribir en una ciudad como París?
Acá somos dos nada más: yo y el guion de mi próxima película. Cómplices. Disfruto mucho de todo, de la gente que conozco y de lo que aprendo ahora, de caminar por Paris en mis tiempos libres. Estoy estudiando francés y me encanta. Aún no logro acostumbrarme al cambio de horario, me acuesto súper tarde y me levanto cerca del mediodía, pero eso no me impide seguir adelante con todo lo que tengo que hacer acá, que es escribir.

¿Y sobre qué estás escribiendo ahora?
No hablo de mis proyectos cuando están en desarrollo. No sé si es cábala, pero siento que cuando hablo de ellos se me escapan. Creo que el proceso de la escritura es el único momento donde una película es absolutamente tuya y de nadie más. Luego la comienzas a compartir con un productor, los actores; de ahí con todo el equipo. Poco a poco la revelas a las demás personas.

¿Cómo es tu proceso de creación?
Es algo que no planifico. A veces junto todo lo que queda en mi subconsciente y que viene de experiencias cotidianas, como recordar algo mientras me ducho o detener la mirada en algo que me atrae en la calle.

¿En que te inspiraste para crear El Limpiador?
Un día vi un documental sobre un limpiador forense y me puse a pensar en cómo viven las personas que se dedican a este tipo de trabajo, pero sobre todo me puse a pensar en la relación de esta gente con la vida y la muerte. Lo uní con la trama de una epidemia. ¿Qué es lo más extraño que le puede pasar a este personaje solitario que está siempre en contacto con la muerte? Pues encontrar vida. El niño que aparece en la historia representa eso.

¿Cómo elegiste a tus actores?
Hace tiempo que quería trabajar con Víctor Prada, me lo imaginaba haciendo el papel de Eusebio y por suerte llegué a él, se lo propuse y aceptó. Luego conocí al resto de actores con los que realmente ha sido increíblemente positivo trabajar.

¿Le tienes miedo a la muerte? ¿Cómo tomas la vida?
No, porque la muerte viene cuando tiene que venir. Vivo como se debe, disfruto del día a día y aprovecho al máximo todas las oportunidades y enseñanzas que se
me presentan.